El resultado de la primera vuelta de las elecciones presidenciales argentinas es evidentemente satisfactorio para la derecha neoliberal y sus adláteres. La posibilidad de que Mauricio Macri, amigo ideológico de Aznar, pueda triunfar en la segunda vuelta del próximo 22 de noviembre ante el candidato light del kirchnerismo, les despierta “entusiasmo juvenil” confiesa en El País un tal Vargas Llosa (ver El País, edición digital del 01/11/2015).
Más allá de las consecuencias internas y regionales que genere el resultado de la segunda vuelta, es interesante ver algunos elementos que coadyuvan a dibujar este escenario en Argentina.
La situación de hundimiento social, económico y político existente en 2003 era evidente, con cifras de pobreza superiores al 50%, un país desarticulado, con paupérrimas prestaciones jubilatorias, con la sanidad y educación públicas agonizantes y con un índice de paro estructural del 40%. Luego de 12 años de gobiernos Kirchner, aún coexistiendo numerosos problemas, se presenta un país con un tejido industrial en recuperación, un fuerte apoyo a la educación pública, gratuita y de calidad a todos los niveles, recuperación de empresas emblemáticas y estratégicas como la petrolera YPF o Aerolíneas Argentinas.
Sin embargo, parte de esa población que salió de la miseria gracias a políticas de inclusión activa, así como las altas capas medias que se han beneficiado del nivel de consumo del mercado interno, ahora votan por un candidato, Mauricio Macri que, “disfrazado de un festivo ropaje publicitario y apoyado y protegido por los grandes medios de comunicación, representa el fin de un ciclo de reformas de recuperación de derechos populares, de democratización y de unidad latinoamericana que hemos vivido en estos años, y por sobre todo, un retorno agravado a lo que soportamos en los años 90, con endeudamiento, desindustrialización y consiguiente desempleo, hambre, miseria, caos y represión”, señala Patricio Etchegaray, Secretario General del PC Argentino.
En el haber del balance hay numerosos ítems tales como la universalización de las jubilaciones, aumento considerable del empleo, reconocimiento de derechos para minorías, rescate de sectores económicos estratégicos, aumento sin precedentes de redistribución de riqueza.
Sin embargo en el “debe” del balance preelectoral encontramos el germen del resultado de la primera vuelta, en el que Scioli obtuvo un escaso 37%, cuando Cristina Fernández había ganado las anteriores con más del 54% de los votos:
• Scioli no es candidato que genere entusiasmo en las bases kirchneristas. Había otros mucho mejores, pero cediendo a las presiones de la interna peronista, se produjo la decantación por este dirigente que es poco de fiar por sus antecedentes demasiado condescendientes a las observaciones de la Embajada norteamericana y a los poderes fácticos y mafiosos de la Policía Bonaerense, que Scioli no ha desmontado en sus años de gobernador de la provincia más poderosa de Argentina.
• Oposición Judicial. No se ha podido, querido o sabido quitar del estamento judicial a quienes actúan como un partido político frenando leyes progresistas, retardando juicios por delitos de lesa humanidad, protegiendo a referentes político-sociales del neoliberalismo. Lo sucedido con la Ley de Medios es un claro ejemplo. Aprobada hace ya más de un lustro, su aplicación no ha sido posible en su totalidad por la permanente presión del Grupo Clarín, y la obsecuente actuación de sectores de la justicia que dictan medidas de amparo y actúan en la práctica como derogadores legislativos.
• Medidas tomadas para contentar a grupos de presión, como por ejemplo la despenalización y consecuente inmunidad periodística. Los grandes medios de comunicación pueden afirmar cualquier cosa sobre cualquier tema, llegando al insulto, sin que se le pueda recriminar nada. Esto, en manos de los grupos mediáticos poderosos como Clarín, ha sido y es un arma tremenda, ya que ante las afirmaciones de los medios, prevalece la máxima goebbeliana de “una mentira repetida mil veces termina siendo verdad”. Otro ejemplo es la aprobación de la Ley Antiterrorista, redactada con el visto bueno del Departamento de Estado de los EEUU, y que permite la ilegalización de organizaciones sociales, sindicales o políticas con la sola sospecha de tenencia de armas.
• Las presiones mediáticas y los lobbys mafiosos-sindicales en connivencia con la oligarquía y las multinacionales han impedido el avance en medidas de derechos humanos, por ejemplo la investigación a fondo de la actuación de la Alianza Anticomunista Argentina y similares, responsables de centenares de asesinatos en los años ’70, grupos a los que estarían ligados dirigentes sindicales peronistas que actualmente son oposición feroz al kirchnerismo.
Pero siendo importantes los puntos indicados, el más perjudicial para el pueblo argentino y el proceso latinoamericano ha sido la no concreción orgánica de la unidad popular, pese a varios intentos que se vieron frustrados en parte por el sectarismo de componentes kirchneristas avalados en su soberbia por los resultados electorales de Cristina, y por la presión de lobbys de la derecha peronista.
Siendo que en esta segunda vuelta el voto en blanco es un apoyo implícito al candidato neoliberal, los comunistas argentinos dicen en un comunicado que no resulta indiferente uno u otro resultado, y por tanto para el 22 de noviembre próximo llaman a votar la fórmula del Frente por la Victoria, Scioli y Zannini. Y apuntan a lo fundamental señalando que “desde el 23 (de noviembre) en adelante y como siempre, militamos por la unidad, la construcción de poder popular y la movilización para la liberación nacional y social”.
La disyuntiva es clara. El qué hacer, también.







