“Entre mi ovillo y mi moño / soy mujer, / palabra postergada, / rima que no se dice, / que no es otoño, / sino mujer. / Besos sin labios, / labios que nunca dicen / porque han de dar a luz / al porvenir y al mundo”.
(Andrea Salaberri, poema publicado en la revista ‘Parábola’)
De sorpresiva y emocionante se podría calificar la repercusión nacional e internacional que ha supuesto el logro de Izquierda Unida de sacar adelante en el Congreso por unanimidad su iniciativa para “reparar el injusto olvido” histórico de las mujeres de la Generación del 27. De muchos y muy variados ámbitos han llegado las felicitaciones y los agradecimientos. Merecidos, sin duda.
Ascensión de las Heras, diputada de IU y portavoz en la Comisión de Cultura, en su intervención defendiendo la propuesta destacó la “importancia de estas mujeres que por su obra, acciones y su valentía son fundamentales para entender la cultura y la historia de un país que nunca las reivindicó”. Citemos algunos nombres: María Teresa León, Rosa Chacel, Maruja Mallo, Concha Méndez, María Zambrano, Ernestina de Champourcín, Josefina de la Torre, Marga Gil Roësset…
Esta iniciativa, presentada en forma de proposición no de ley, insta también al Gobierno a “proponer en el seno de la Conferencia Sectorial de Educación la elaboración de un informe para evaluar la presencia en los libros de texto de las mujeres de la Generación del 27”. Además se apremia a “impulsar, en colaboración con las Comunidades Autónomas, el conocimiento a través de los centros educativos de las mujeres de la Generación del 27, así como de otras mujeres relevantes en el mundo de la literatura, de las artes y de las ciencias”.
Acertó la diputada madrileña al admitir durante la argumentación, que esta es una iniciativa cuyo origen se encuentra en el documental firmado por l@s cineastas Tania Balló, Serrana Torres y Manuel Jiménez, ‘Las Sinsombrero’, estrenado recientemente en el programa ‘Imprescindibles’, serie de documentales emitidos en La 2 de TVE sobre los personajes más destacados de la cultura española del siglo XX. Precisamente, del espíritu de la iniciativa prende la voluntad de hacer justicia a través del reconocimiento.
Como señala Felipe Alcaraz en el marco de su aportación a ‘Las Sinsombrero’: «A veces los silencios son más peligrosos que las balas del enemigo». Y es, atendiendo a la constatación igualmente de esa circunstancia, por lo que la proponente reclamó una memoria no arbitraria y una reparación adecuada: “Poco estudiadas, poco recordadas y nada reconocidas, estas mujeres irrumpieron sin complejos en un mundo donde solo contaban los hombres. Eran mujeres de gran talento, que compartieron entre ellas amistad, reflexiones y vivencias y que influyeron de forma decisiva en el arte y el pensamiento español y en algunos casos, debido por desgracia a su producción en el exilio, también en los estilos y géneros de artistas reconocidos a nivel internacional. Fueron a todos los efectos artistas de la Generación del 27, pero lejos de formar parte de la memoria colectiva de España, se las relegó doblemente al olvido: en primera instancia, por sus implicaciones con la democracia y la república y, en segunda, por el mero hecho de ser mujeres. Hoy, casi un siglo después, creemos que es de justicia poner en valor el papel de estas mujeres”.
En el caso de los hombres, debieron pasar cuarenta largos años para que la constelación de autores del 27 fuera reconocida como una de las más importantes de la historia de la literatura española, “pero en el caso de las autoras es necesario además levantar una pesada losa histórica de olvido y prejuicios construida con una profunda desigualdad entre hombres y mujeres”, denunció la ponente.
Si buscamos el hilo conductor de esta historia habrá que recordar que, en el último lustro de los años veinte el sombrero todavía era todo un símbolo de distinción de clase y de decoro. La pintora Maruja Mallo cuenta que un pequeño grupo de mujeres, entre las que también se contaban Margarita Manso y la poeta Concha Méndez, decidieron pasearse a cabeza descubierta por la Puerta del Sol como un acto de trasgresión. Estas tres mujeres, secundadas por dos inseparables compañeros de correrías y radicalismos artísticos, Federico García Lorca y Salvador Dalí, convirtieron aquel gesto en una performance de la que salieron a pedradas e improperios. Como se ve, aquel lejano episodio de carácter vanguardista, habría de radiar su completo significado muchos años después, precisamente a través de ‘Las Sinsombrero’.








