En construcción

No se trata de situarnos en el tablero para “ganar”, sino, en todo caso, de subvertir el tablero, de cambiarlo.

La Unidad Popular está en construcción. No es solo ni fundamentalmente una alianza electoral. Mucho menos otro partido más. Es otra cosa. Lo cual reclama nuevas mentalidades, nuevos talantes, nuevas personas.

El sentido de lo que ahora está en construcción requiere una cultura política distinta a la utilizada hasta ahora. En lugar de ver las cosas desde las atalayas de los aparatos, hay que verlas desde el punto de vista del sujeto histórico; es decir, esas condiciones de todo tipo que nos deben convertir a los marxistas en activistas de la coordinación y aceleración de un bloque social crítico y alternativo, cruzado por la clase, por los de abajo, por los explotados, por ciudadanos y trabajadores. Un bloque crítico en proceso constituyente con respecto al cual no hay que desarrollar ansias representativas (y/o electorales). Es el bloque, el sujeto histórico, el que nos contiene y representa.

Y se trata, ese sujeto, de algo cambiante, atravesado por una lógica de autocreación en función de condiciones subjetivas y objetivas. No hablamos, para nada, de una foto fija. No hablamos de algo que está ahí, que ha estado siempre, como una especie de terreno virgen a conquistar… o a recalificar: la consabida teoría sociológica de los espacios electorales, esa especie de urbanismo neopositivista que produce votos. Hablamos más propiamente, utilizando términos que es preciso refrescar, de coyuntura, de condiciones subjetivas, de movimiento general, de hegemonía… de sujeto histórico, de sujeto revolucionario. Y aquí tocamos fondo: no se trata de situarnos en el tablero para “ganar”, sino, en todo caso, de subvertir el tablero, de cambiarlo. En un momento determinado, las condiciones históricas concretas, construidas sobre los datos objetivos y el trabajo de los “aceleradores” sociales y políticos, puede condensarse en condiciones determinadas de cambio. Y en ese momento, sin duda, habrá llegado el momento de la audacia. Audacia o dejar pasar el tren.

El día D+1 (el 21 de diciembre, para entendernos) quizás estamos convocados a una reflexión fundacional. El camino no está expedito porque las antiguas inercias pueden enrarecer, y hasta encallar, el debate. Y ese debate no es otro que el de la necesaria construcción de un proceso estratégico de unidad popular, sin prisas ni intereses tácticos basados en la lógica electoral.

De los apagones, si es que se producen, se sale. Se puede salir, a condición de ir a las dolorosas causas y de no intentar salir manteniendo los errores que nos metieron en el problema. Los comunistas, una vez reorganizada y hasta transformada nuestra caja de herramientas, deberemos conquistar la oportunidad de impulsar desde nuestra existencia autónoma la construcción de la unidad popular. Pienso que es un trabajo necesario, indelegable. Para ello deberemos abandonar definitivamente nuestra segunda clandestinidad.

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