“A menudo, las geografías étnicas lo son a la vez de clase”

Diversos y migrantes

Coinciden los desprecios sobre estos migrantes en distintos países europeos, con «la realidad” -según la directora adjunta de la OIM- de que “Europa necesita atraer a más migrantes con diversos niveles de competencias».

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“Firma esta petición para que los británicos que quieren permanecer y contribuir al desarrollo de España puedan disponer de la doble nacionalidad.

Seríamos unos 25,000 británicos nacidos en España o con más de diez años de residencia laboral con derecho de acogernos a la oferta. Queremos ser españoles, europeos y británicos”.

(Petición publicitada en Change.org)

Estos últimos años de inmigración hacen de los actuales pobladores humanos de Celtiberia un conjunto más diverso. Los celtíberos empezamos a comprender que a alguien que vive a nuestro lado desde hace muchos años no se le puede seguir llamando inmigrante. Mucho menos a sus descendientes. La inmigración no es un atributo hereditario.

El asunto nos lleva al tema de la «integración» de los inmigrados y sus primeros descendientes y a los problemas y desafíos que implica en estos tiempos que corren, sin perder der vista la dimensión psicosociológica de la cuestión.

Los trabajadores inmigrados han sufrido y sufren su condición de proletarios por excelencia. Como las distinciones sociales (de clase) y las desigualdades suelen conllevar prejuicios muy extendidos, se produce «la desconfianza y el desprecio instintivos» hacia quienes son percibidos como «los otros». Como dice el Prof. Cohen (Universidad de Granada): “A menudo, las geografías étnicas lo son a la vez de clase”.

Son importantes los contextos en los que un discurso contra una determinada inmigración obtiene mayor audiencia. Y también sus medios de impacto.

De manera que en Celtiberia nos encontramos con 25.000 británicos que quieren tener doble nacionalidad, a suramericanos que consiguen sobrevivir a los seculares lazos (al cuello) que nos unen y a miles de asiáticos y africanos saltando vallas y nadando a mares que ni siquiera alcanzan un estatuto de refugiado. Y para completar el cuadro, tenemos a nuestros propios emigrantes: la salida al extranjero se ha incorporado como algo común a las expectativas de miles de jóvenes estudiantes y titulados sin perspectivas de futuro en nuestro país.

Claro que no parecen migrantes. Hemos visto a una Ministra de Empleo calificar la emigración como «movilidad exterior».

Coinciden los desprecios sobre estos migrantes en distintos países europeos, con «la realidad” -según la directora adjunta de la OIM- de que “Europa necesita atraer a más migrantes con diversos niveles de competencias».

¿Qué «Europa»?, ¿para qué?, ¿en qué condiciones? La funcionaria de la OIM ha hablado de nuevas «herramientas» que aseguren una «mejor correspondencia entre los empleadores de la UE y los trabajadores inmigrantes, a fin de contribuir a una mayor productividad, a una contratación justa y ética de trabajadores migrantes y para evitar la descualificación y la pérdida de cerebros».

Ya estamos con la de siempre: si hay exámenes y númerus clausus, los 25.000 británicos van a tener ventaja (ya hablan inglés).

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