Alegato por la modernización de la economía cubana (3 final)

Los inversionistas no tendrán derecho a interferir en la potestad del Estado a definir, según sus intereses y conveniencia, la ruta a seguir.
Tareas agrícolas. Caña de azúcar (Cuba) | Fuente: Otmaro Rodríguez / Cubadebate
Fuente: Otmaro Rodríguez / Cubadebate

Es necesario aclarar que la transformación económica cubana no es exactamente un cambio hacia el modelo típico capitalista de libre mercado como lo está acuñando la propaganda imperialista, aunque principios del mercado adquieran un protagonismo inédito en una sociedad humanista en la que la persona y su dignidad sigue siendo lo primero.

Esto no ha desaparecido, solamente que ya no tiene un respaldo material en la producción de bienes y el financiamiento de servicios que lo hacen posible, porque el bloqueo lo impide. Pero se lucha por recuperarlo y mejorar lo que ya se había logrado antes de hacer total la guerra económica de aniquilación.

Pero el sistema que se proyecta no es ajeno a ningún régimen social, capitalista, progresista o socialista, como deseen llamarlo, sino que tiene que ajustarse a ciertas reglas del mercado, en tato y cuanto el concepto de mercancía, que durante años fue muy relativo en Cuba, ya no lo es y adquiere su connotación académica tradicional.

La mercancía, tal como la describió Carlos Marx en El Capital y ha variado tan poco en su esencia desde entonces, es en la Cuba de hoy la máxima rectora de la actividad productiva y comercial, como lo sigue siendo en China, Rusia, Vietnam, Estados Unidos, París o Londres.

La Habana lo que está haciendo es reacomodando su modelo a algunas de las ventajas que ofrecen los denominados mercados libres, sin los cuales es muy difícil modernizar y ajustar su economía a las necesidades internas de desarrollo y rompimiento del bloqueo.

Cuando se produzcan las primeras entradas de capitales a la Isla bajo esas nuevas premisas, veremos sus efectos, no solamente en la economía, sino en la política también, ambas, lamentablemente, relacionadas con la reacción del gobierno de Estados Unidos, según el cristal con las que lo mire la Casa Blanca.

Hay un problema adicional que ya es una cabeza de caballo para el gobierno revolucionario, y es que en 67 años de Revolución es la primera vez que son tan tangibles los síntomas de una división en clases de la sociedad que está rompiendo de forma acelerada el igualitarismo que nos distinguió del resto del mundo.

También, la herencia negativa de esa división, como son todos los vicios del capitalismo cuando las masas se sienten alejadas de la élite y las oportunidades de bienestar merman a tales extremos que la gente pierde el sentido de su propia existencia.

Es a lo que más teme el cubano, y ve sin dar crédito a lo que el bloqueo está empujando a un sector de la juventud que se está dejando ganar por la desesperación y las escaseces. Le teme a la manifestación actual de la pobreza, a sus consecuencias sociales y a la división de la sociedad en clases en Cuba, pero también en Estados Unidos donde desata monstruos supremacistas como el ICE.

Hay que poner cada cosa en su lugar y cada lugar con sus cosas a fin de asimilar aquellas advertencias de Raymond Aron cuando critica «a esta civilización hedonística, tan miope que se dedica solamente a las satisfacciones materiales del día, y se condena a muerte cuando deja de estar interesada en el futuro, y pierde así el sentido sustentador de su historia».

Ese no es el perfil del pueblo cubano, pero sí el adoptado por la diáspora radicada en el norte revuelto y brutal, y por eso vemos con peculiar temor el que ya se vean manifestaciones de ese tipo inducidas y provocadas por el crimen social de Trump contra la isla.

Por eso le decimos a quienes estiman que el proyecto es un caballo sin riendas, que no se preocupen. Cuba ama mucho a su juventud y a su niñez, y hará el mayor esfuerzo posible por impedir desviaciones hedonísticas, o como se le quiera llamar.

Los programadores y vigilantes del proyecto seguramente ya han tenido en consideración la obligatoriedad de crear un marco regulatorio potable para operar un modelo mixto que preserve las conquistas del socialismo y la propiedad estatal sobre los medios fundamentales de producción, en un entorno muy cercano a la economía de mercado.

Por lo tanto, aunque sea muy controversial, Cuba no renunciará a adoptar políticas sectoriales para identificar las áreas de inversión que necesita el país, aunque se interprete por los nuevos inversionistas como un vestigio de la planificación centralizada socialista.

De igual manera, cortar la tendencia negativa de una parte de la juventud abrazada al lumpenismo inducido, y recuperar el ocio recreativo, la enseñanza en el aula y las condiciones materiales para la atención y vigilancia familiar perdidas por el bloqueo.

Podrán decir que no responde al dinamismo de una economía de mercado, donde constantemente surgen nuevas oportunidades que no pudieron ser previstas por quienes elaboran dichas políticas. Es casi seguro que lo harán, pero entonces se darán cuenta de que el cambio propuesto se hace sobre la base de principios inalienables y no en los de ese modelo de producción.

¿Qué significa esto en la práctica? Que los inversores multinacionales tienen su derecho a colocar capital donde vean la oportunidad de ofrecer sus productos o servicios de forma rentable y de expandir sus capacidades mediante la adquisición de empresas existentes para acceder a nuevas tecnologías o conocimientos locales.

Pero no tendrán derecho a interferir en la potestad del Estado a definir, según sus intereses y conveniencia, la ruta a seguir.

En palabras más sencillas: el papel de los inversionistas no traspasará el límite de la oportunidad y la propuesta oficial, ni las políticas sectoriales del gobierno. No es un toma y daca, sino decisión económica pura: si te conviene, invierte, es tu responsabilidad.

Pero tendrán la seguridad de que siempre habrá un margen razonable para la negociación y facilidades y garantías para la inversión, tanto para la pasiva como para la activa.

Finalmente es importante dejar claro que lo propuesto por el gobierno no son medidas aisladas, sino parte de un plan integral para una transformación muy amplia, cuya dirección estará marcada por el modelo económico e institucional que su mismo desarrollo irá trazando, y no por la voluntad de agentes ajenos a Cuba.

El asunto ideológico del proyecto

Quiero terminar esta serie haciendo referencia al asunto que no hemos tratado en ella pues, como se observa, lo basamos exclusivamente en la perspectiva económica, y no se aborda en absoluto su arista ideológica, que es fundamental.

Cito, por su importancia, unas pocas ideas de las muchas expresadas recientemente por Enrique Ubieta Gómez, editor de Cuba Socialista, la revista teórica del Partido Comunista de Cuba, quien analiza las medidas desde el ángulo estrictamente ideológico.

En ellas explica nuestra advertencia de la vigilancia que se debe de tener para que el proyecto prospere dentro de nuestra visión socialista. Él lo titula Cuba en la encrucijada del nuevo orden trumpista/fascista, y lo publicó por primera vez el 28 de julio de 2026 en el sitio web https://www.cubaperiodistas.cu/ y mi recomendación es que lo lean.

Ubieta Gómez plantea, entre montones de observaciones, que en ese camino de la transformación confluyen tres elementos infalibles: la desesperación e impotencia de la población ante los efectos del bloqueo intensificado; el bombardeo mediático de fuerzas contrarrevolucionarias y reformistas/autonomistas; y la propuesta que emana de la propia dirección de la Revolución.

  —Los reformistas (término que en la historia de Cuba se asocia con una proyección no revolucionaria, y no con la adopción de reformas) afirman que este paquete de medidas debería haberse implementado hace 30 años, y argumentan que no se hizo debido al dogmatismo y la esquematización de algunos líderes y funcionarios.

—¿Era Fidel dogmático? Es real que en ciertos momentos aceptó cambios inevitables, pero no sin resistencia, y bajo la premisa de que se trataba de una retirada. Si entendemos bien sus palabras, en las condiciones del Período Especial debíamos dedicarnos a preservar los logros del socialismo. Esto no significaba renunciar a la construcción del socialismo en cuanto fuera posible. La adversidad nunca lo detuvo.

Una primera advertencia: 

—El concepto de «conquistas de la Revolución» se ha flexibilizado, y la privatización comienza a extenderse a sectores como la salud y la educación. La justificación más útil para cada medida es que lo que se acepta ya existía ilegalmente, y que simplemente se trata de legalizarlo. Pero nosotros, los revolucionarios, no administramos consensos ni realidades preestablecidas; derribamos lo establecido en la práctica y en las mentes para construir nuestros propios consensos y realidades.

Una necesidad:

—Comprender qué entendemos por socialismo es vital para mantener la soberanía nacional.

En un sentido más profundo y complejo: ¿seremos capaces de sostener la mayor de las conquistas de la Revolución?

Una recomendación:

—Necesitamos un debate real, y si las opiniones de los revolucionarios que piensan diferente se consideran «malentendidos», el debate se reduce a «deben entender».

Un recordatorio:

—La nación cubana surgió de una Revolución que comenzó a gestarse a finales del siglo XVIII y  principios del XIX entre una capa privilegiada de su población, estallando en 1868 para abarcar, con el paso de los años, a todos los estratos sociales en sucesivas batallas contra la esclavitud, el colonialismo y el imperialismo, vinculadas a un concepto de justicia social cada vez más amplio y radical.

Una pregunta:

—¿Seremos capaces de mantener y realzar el papel central del pueblo y del Partido en la nueva estructura social y de clases, tanto la existente como la que está por venir?

Ver sinopsis de mis libros, entre ellos Cuba. Contractura y bloqueo

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