Durante los días 8 y 9 de julio se celebró en Varsovia la 28º cumbre de la OTAN con delegaciones de 28 países miembros, 26 estados socios y representantes de la Unión Europea, las Naciones Unidas y el Banco Mundial. Como continuación de la sesión de la cumbre anterior celebrada en Cardiff en 2014, en ésta se acabó de planificar el despliegue completo en los países europeos fronterizos con Rusia en una escalada de tensión sin precedentes. Si en Cardiff la OTAN dio una vuelta de tuerca para aumentar la tensión con la Federación Rusa, al aprobar el denominado “Readiness Action Plan” (Plan de Acción para la Preparación), que prevé una mayor presencia en los Países del Este con ejercicios militares, equipamiento logístico y la protección del espacio aéreo de los Países del Báltico, en la de Varsovia (el mismo emplazamiento del lugar de la reunión fue un mensaje dirigido a Rusia), se completó el cerco en la frontera Oeste con Rusia creando una tensión no conocida desde la época de la “guerra fría”. En este sentido, el expresidente Mijail Gorbachov, que siendo presidente de la URSS recibió garantías de la Administración de EEUU que la OTAN no se desplegaría nunca en los antiguos Países del Este (exmiembros del Pacto de Varsovia), declaró que con las decisiones de la OTAN en Varsovia “se pasa de la guerra fría a la caliente”.
Se decidió así, desplegar cuatro batallones multinacionales en los países bálticos (Estonia, Letonia y Lituania) y Polonia, además de incluir en la disuasión nuclear un sistema de defensa antimisiles que entra al nivel inicial de disponibilidad operacional.
La OTAN proporcionará más apoyo a Georgia y Moldavia junto a un paquete integral de asistencia para reformas en Ucrania que incluye fondos para la defensa cibernética, la logística y ayuda para militares heridos.
El 6 de julio, el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, anticipó que esperaba que la Alianza aprobara en Varsovia «aumentar su gasto militar este año en 8.000 millones de dólares», lo que equivale a un incremento del 3% y supone el mayor refuerzo de su defensa desde la guerra fría.
Hace más de 75 años, el 22 de junio, las tropas nazis comenzaban la “operación Barbarroja”, la invasión de la URSS, que pretendía someter en dos meses al pueblo soviético. Esa terrible y sanguinaria efeméride no puede pasar desapercibida cuando, sin aprender de la historia, se vuelve desde una parte de Europa, a rearmarse frente a Rusia, parte de Eurasia.
Sostiene el profesor Augusto Zamora en su último libro “Política y Geopolítica para rebeldes, irreverentes y escépticos” (Editorial Akal) que la gran derrotada en la nueva recomposición del mundo ha sido la Unión Europea, única región del mundo donde los EEUU ha podido alcanzar plenamente sus objetivos, excepción hecha de Ucrania y Georgia. De eso se trataba y se trata de que los EEUU, como potencia imperial, no consientan que Eurasia adquiera un papel de liderazgo y hegemonía mundial. Este factor geoestratégico que separa a Europa de los EEUU, es uno de los motivos de la descomposición del proyecto regional de la Unión Europea, que desde su creación, no entendió el papel relevante en la creación de una zona euroasiática con relaciones estrechas regionales con Rusia y China.
El empeño de las élites de la UE en servir de punta de lanza a los intereses de los EEUU, incrementando la tensión con Rusia será tarde o temprano otro de los motivos del declive acusado de la UE como posible actor en la lucha por el desarme y la paz mundial.
La militarización creciente de las fronteras del Este de la UE con Rusia se convierten en un acicate para la militarización de Rusia, que entiende el mensaje que le lanza EEUU a través de “sus funcionarios” de la UE, y acrecienta sus vínculos cada vez más estrechos con la República Popular China, militar y económicamente hablando.
El presidente de China, Xi Jinping, en la ceremonia de la conmemoración del 95 aniversario del Partido Comunista, declaró que Rusia y China pueden crear una Alianza ante la cual la OTAN sea débil.
Xi pronosticó la debacle de la Unión Europea, junto con la economía de EE.UU., hechos que según él “terminarán con un nuevo reordenamiento del mundo”. “El mundo está al borde de un cambio radical (…) en los próximos diez años, podemos esperar un nuevo orden mundial en el que el factor clave será la alianza ruso-china”.
Ese debacle será responsabilidad de la derecha y la socialdemocracia europeas porque siguen sosteniendo un proyecto que beneficia exclusivamente a las élites, a las oligarquías de EEUU y de la UE, que lleva al borde de la quiebra social a muchos estados miembros y que se reencuentra en su peor historia con el avance de partidos fascistas, con la gestión de la inmigración y petición de asilo o en la militarización creciente de la seguridad.
La Izquierda Europea no alineada con la UE debería tener muy en cuenta a la hora de construir otro proyecto regional, que sus cimientos se asienten con la voluntad de levantar un proyecto en el marco de la colaboración euroasiática.







