Escribo estas líneas cuando cumplimos la segunda semana de huelga indefinida de docentes del País Valencià, que ha convocado a cerca de 80.000 trabajadoras de la educación pública valenciana. En las últimas décadas, han sido realmente pocas las huelas indefinidas de tal envergadura, más aún si se han concentrado en un solo territorio. Ante una movilización tan importante, es necesario preguntar: ¿cuál está siendo el papel del Partido Comunista?
Pero, antes de responder qué estamos haciendo, debemos responder una cuestión aún más importante: ¿qué objetivos tenemos los y las comunistas? ¿Para qué estamos interviniendo en esta huelga? Puede parecer una pregunta bastante innecesaria y habrá quien crea que intervenimos (solo) para que la huelga sea un éxito, para que se consiga una mejora en las condiciones de trabajo y para que se logre también mejorar la calidad de la educación pública. Y es evidente que luchamos para lograr todo eso, pero también buscamos algo más.
Pues ya señaló Lenin que los capitalistas pueden conceder una reforma con una mano y arrebatarla con la otra, y sabemos de sobra que las conquistas son siempre efímeras en el capitalismo si no las defendemos. ¿Qué buscamos, entonces, con esta huelga? No buscamos otra cosa que lo que buscamos en todo lo que hacemos: acercar el momento de la Revolución Socialista.
¡Qué obviedad!, pensarán algunos. Pero hay veces que es necesario recordar las obviedades, pues, de lo contrario, podemos terminar por renunciar a ellas. Hay veces que debemos recordarnos que nuestros fines van más allá de la conquista de reformas, pues esa visión de conjunto y a largo plazo es, como señalaba Marx, lo que distingue a las y los comunistas del resto del movimiento obrero. Pero esto no basta: la obviedad debe ser recordada, pero también llevada a la práctica. Y ahora sí podemos responder: ¿qué estamos haciendo desde el Partido Comunista en esta huelga?
Estamos haciendo, fundamentalmente, dos cosas: elevar el nivel de conciencia del profesorado y crear y fortalecer los espacios de organización popular. Para evitar que estos enunciados sean meras abstracciones, vamos a poner varios ejemplos concretos de cómo estamos cumpliendo estos objetivos.
Cuando organizamos piquetes o nos enfrentamos a quienes están rompiendo la huelga, estamos comprendiendo que una huelga no es una decisión individual, personal, sino que es una decisión colectiva. Que una huelga no es otra cosa, de hecho, que un sacrificio individual para lograr un beneficio colectivo, un acto de confianza en los demás, una expresión de nuestra capacidad de ir más allá de nuestros intereses particulares. En definitiva, estamos comprendiendo que una huelga, el mero hecho de que pueda existir, es la demostración de que el individualismo liberal es una farsa.
Cuando nos enfrentamos a las pérdidas salariales; cuando lidiamos con los dilemas acerca del impacto de la huelga en nuestro alumnado, con quien llevamos todo un curso trabajando y cuyo porvenir nos importa; cuando sufrimos los reproches de algunas familias cegadas por el corto plazo; en todos esos momentos, estamos aprendiendo que la lucha supone sacrificios. Estamos entendiendo que quien no está dispuesto a sacrificarse por sus derechos, los acabará perdiendo. Pero también que la lucha perjudica a otros, que, como decía Bertolt Brecht, también la ira contra la injusticia desfigura la cara, y que eso es algo que debemos asumir por un bien mayor. Perjudicamos a nuestro alumnado durante unas semanas (algo ridículo comparado con el daño que le ocasionan décadas de degradación de la educación pública), pero lo hacemos para mejorar las condiciones de estudio de las miles de personas que ocuparán nuestras aulas en el futuro.
Cuando las instituciones nos imponen unos servicios mínimos completamente abusivos y entendemos que solo los piquetes garantizan el derecho a huelga; cuando envían una carta a todas las familias utilizando medios oficiales y revelando su papel de parte en este conflicto; cuando intentan desprestigiarnos, cuando mienten acerca del seguimiento de la huelga… Cuando hacen todo esto, nos damos cuenta de que el estado de derecho y la legalidad son una farsa, que nuestros derechos solo se respetan si nos organizamos para defendernos. Que, en definitiva, bajo el capitalismo, y con independencia de quién gobierne, las instituciones, lejos de ser neutrales, están al servicio del capital.
Aprendemos, por tanto, a rechazar el individualismo, a asumir y causar sacrificios, a desvelar el carácter de clase de las instituciones. Pero, además, aprendemos a organizarnos.
Pues, durante esta huelga, se han organizado centenares de asambleas docentes en colegios e institutos, así como coordinadoras de asambleas comarcales y una Coordinadora de Asambleas Docentes del País Valencià. Estas asambleas, que funcionan como espacios permanentes de coordinación del profesorado, son el elemento más dinámico de la huelga y tienen una gran capacidad de movilización, pues están pegadas a la base (son la propia base) y al terreno, y están siendo capaces de condicionar a las organizaciones sindicales y determinar el curso de la lucha. Son, además, el producto más valioso de esta huelga, nuestra mayor victoria, con independencia de las mejoras que se acaben conquistando.
No hemos sido simples espectadoras en todo este proceso, sino que estas asambleas han sido obra de comunistas, de dentro y fuera del PCPV. Como Partido, desde nuestros núcleos sectoriales de educación, hemos tenido un papel clave en la creación y dirección de las asambleas de nuestros centros, así como en la creación de coordinadoras comarcales, y tenemos presencia en el máximo órgano de la Coordinadora de Asambleas del País Valencià.
Y esa presencia no se limita a fortalecerlas, sino que nuestra participación busca lograr varios objetivos: evitar que las asambleas caigan en posiciones izquierdistas, que acaben alejándolas de los sindicatos mayoritarios y las aíslen del movimiento o, peor aún, acaben dividiéndolo; dotar a las asambleas de una estructura organizativa sólida, que permita la participación y el debate, pero también la toma ágil de decisiones; y, por último, dar a las asambleas una visión a largo plazo, logrando que perduren más allá de este conflicto y que puedan enfocarse en conflictos locales o a nivel de centro. Es decir, asegurar el futuro de estas asambleas como expresión del poder popular.
En definitiva, la militancia del PCPV está desarrollando un papel en esta huelga que nadie más puede desarrollar, en el que nadie nos puede sustituir. Pues no nos limitamos a participar en la lucha y en las demandas sindicales. No solo somos las primeras en las movilizaciones, sino que, en todo momento, tenemos presente nuestro propósito: traer el futuro al presente, lograr que esta lucha nos acerque, siquiera unos pasos, al socialismo.







