Su sola presencia dignificó una cita que se ha venido retrasando en el tiempo. Pero, por fin, Madrid cuenta con un espacio público –unos jardincillos frente a las que fueran instalaciones militares de artillería, hoy adscritas al complejo de la Universidad Rey Juan Carlos, en el distrito de Vicálvaro- dedicados a las Brigadas Internacionales, ejemplo de solidaridad internacional en defensa de los valores democráticos en nuestra última guerra.
Aunque nacido en Marsella, Almudéver era hijo de migrados españoles; su condición de ciudadano francés le permitió enrolarse en las Brigadas Internacionales en 1938, pero su historia no es tan simple. Ya llevaba año y medio combatiendo en España como militante de las JSU cuando se unió a los internacionalistas ¿Cómo…? Pues por su condición de español… Es una historia digna de un buen guión cinematográfico para que sea sabida y compartida por la inmensa mayoría de las y los españoles actuales que se asombran de las hazañas extranjeras sin conocer las de los y las valientes patriotas. Joseph, casi centenario y con ya dos ediciones de sus memorias, va explicando a quien le quiere escuchar, los contenidos de esta historia: la traición de la república francesa a su hermana menor española, la incompetencia del gobierno en los primeros días tras la sublevación militar y la de los demás líderes republicanos, y no se inmuta al afirmar que para no incomodar a Londres, Francia se adhiere a la no intervención…ochenta años después, sigue sin perdonárselo. Escrito queda. Edouard Daladier [jefe del gobierno francés de la época] fue un criminal al igual que Léon Blum, que encima se decía socialista. Queda dicho.
Precisamente, sus memorias se llaman así, El Pacto de no Intervención. Pobre República, para dejar claro desde el principio de los ejes por donde rueda su discurso.
Al proclamarse la II República, la familia de Joseph vuelve a España, a Alcasser concretamente. Su madre era socialista y su padre, albañil de profesión, le acostumbraron a leer prensa obrera. Él, con tan sólo 12 años, retrata la España que se encontró aquél marzo de 1931: la mitad analfabetos –como francés, tenía garantizada la educación básica en aquel país- y como no van a ir a la Universidad, ¿para qué educarlos..? Y llegó aquél hermoso 14 de abril: cuando la República se proclamó, fue una verdadera fiesta, pero que no había nada para comer, salvo naranjas. Y prosigue con su relato…era la negra España, hija de los cuarteles y de la Inquisición, nostálgica de su grandeza perdida que estaba totalmente sometida a una iglesia y un ejército de otro siglo; estos eran los que detentaban el poder. Los conservadores, los grandes terratenientes, los banqueros, los industriales, los fundamentalistas, los monárquicos carlistas y los falangistas, inspirados por el fascismo, odiaban al hombre nuevo que proyectaba la República. Eran un movimiento violento.
Pero con todo, se unió al esfuerzo de transformación copiando lo mejor de su experiencia francesa, incorporándose a la JSU una vez constituida ésta en 1936, con 17 años, e integrarse en la columna de milicias Pablo Iglesias una vez iniciada la contienda; así lo recuerda …es la primera vez que tenía una pistola, estaba en Valencia y ya pensábamos ir a tomar Teruel cuando ni siquiera teníamos municiones. Herido en 1938, pasa a formar parte de la BBII para participar en la Batalla del Ebro –en la 129 Brigada, Batería Italiana Carlos Roselli- hasta la retirada de los voluntarios meses después. Devuelto a Marsella, logra viajar otra vez Valencia para participar en la resistencia.
Paramos el recorrido para recuperar otra vivencia de Joseph que ya escribiera para MO Carlos de Urabá hace un par de años (http://goo.gl/fXLDmY), homenajeándole nada más hacer públicas sus memorias: “Es entonces cuando el régimen franquista para sembrar la zozobra y el terror le envía una carta a su familia anunciándole que: “Josep Almudéver ha sido fusilado en Castellón a las 5 de la mañana del día 18 de enero de 1938 por el atroz delito de traición a la patria”. El día que, por sorpresa, regresó a Alcásser los vecinos y familiares cayeron presa de un ataque de pánico pues creyeron que se trataba de un ánima en pena.
Precisamente el día primero de abril de 1939 cae detenido y pasa a engrosar la nómina de presos de los campos de Los Almendros y de Albatera, del presidio de Portacelli, de la cárcel modelo valenciana… hasta que recobra la libertad en 1942 en Aranjuez para pasar a formar parte de la Agrupación Guerrillera de Levante (AGLA) durante un tiempo. El día 3 de junio de 1939 -recuerda de su estancia en Albatera-, fusilaron a los tres primeros, uno gritó ¡Viva la República!, otro ¡Viva el Socialismo! y el otro ¡Viva el Comunismo!, a los tres le dieron un tiro de gracia. Luego, a la semana, fueron cuatro los siguientes; lo mismo, uno gritó ¡Viva la República!, el otro ¡Viva el Socialismo!, otro ¡Viva el Comunismo! y el cuarto gritó ¡tirar hijos de puta!, a este le dieron cuatro tiros de gracia porque se intentaba levantar. Impresiona el testimonio pero impresiona más ver la cara de espanto que aún se le marca cuando lo recuerda.
Desde luego que la publicación no deja respiro al lector y la capacidad de diálogo y de relato que aún conserva, tampoco. Lo hemos visto en Madrid en distintas ocasiones, pero también en Torija, centro del Estado Mayor militar durante la batalla de Guadalajara, poniendo voz y rostro a tantos compañeros suyos, españoles y voluntarios extranjeros, que pararon la embestida fascista contra la capital y, lo que es muy importante y fundamental, en cada colegio e IES donde le llaman para compartir con los alumnos su historia, que no es otra que la de los luchadores por la democracia en España. Que no es poco.
Todo el mundo quería combatir, sigue exponiendo en sus conferencias, aunque pocos lo quieran reconocer, comenzaba en España la II Guerra Mundial… y nos señala su pierna aún con metralla incrustada… que no le molesta pero que pita en el control cuando debe tomar un avión. Es una medalla para él, la de la vida, la de la resistencia, la de la razón. Ahora también la Generalitat de Valencia le ha dado su más alta distinción, aunque no presuma de ésta como de la otra. La República no murió, la asesinaron, es otra de sus sentencias más oídas y repetidas en sus discursos.
Fue un bonito día el del 29 de octubre cuando por fin Madrid comenzaba a contar con un espacio dedicado a las BBII; luminoso y clarísimo, de gala para homenajear a estos combatientes imprescindibles en nuestra historia, en la Historia de España y de la democracia mundial. Y volver a escuchar a Almudéver toda una satisfacción y un orgullo por ser de los nuestros: Nosotros, los republicanos españoles, todavía estamos esperando la democracia.







