La segunda edición del Foro de Mundo Obrero tuvo lugar el pasado 24 de noviembre en Madrid, en la sede del PCM. Presentado por Ginés Fernández, director de esta publicación, contó con las intervenciones de Jesús García de la Plataforma por la Absolución del Centro Social 13 Rosas, Xavier García, Secretario General de la UJCE y Begoña Marugán, activista feminista y profesora de la Universidad Carlos III.
El acto comenzó con una breve valoración por parte de Ginés Fernández sobre la buena aceptación del foro entre la militancia, con más de 700 visualizaciones obtenidas durante la primera emisión online y el interés generado por “La Revolución de Octubre, una perspectiva histórica” así como su réplica en la edición impresa de Mundo Obrero.
Fernández expresó que para esta ocasión “hemos creído importante tratar el tema de la posición de la juventud en torno a la situación política actual y los problemas que suscita que los jóvenes puedan tener un futuro digno”. El segundo foro de Mundo Obrero, bajo el título “La juventud por la ruptura con el régimen”, tiene lugar en fechas representativas puesto que se sitúa entre el 41º aniversario de la muerte del dictador Francisco Franco y el 38º aniversario de la aprobación de la Constitución.
Para Ginés Fernández hay un dato fundamental “quien hoy tiene dieciocho años son las personas nacidas en torno a 1998. El único sistema que han conocido es el bipartidismo, una extensión del sistema capitalista que ha estado ahogando las esperanzas de los jóvenes y de la sociedad en general”. Según el director de Mundo Obrero “la juventud está optando en buena medida por emigrar y son quienes sufren las peores condiciones de precariedad y bajos salarios” explicando así el sentido de las intervenciones posteriores.
Jesús García es miembro de la Plataforma por la Absolución del Centro Social 13 Rosas y ha sido entrevistado en el pasado por Mundo Obrero (http://mundoobrero.es/pl.php?id=5340), a raíz del asalto policial ocurrido en el centro social de Alcalá de Henares, en diciembre de 2015.
Desde el inicio, García presenta su intervención en torno a la represión como una manifestación del régimen, y considera al mismo tiempo que el auge y extensión de la misma son una expresión de la crisis de dicho régimen. El contexto, marcado por la crisis económica, paro, emigración masiva, desahucios… va acompañado –o es una de las causas- de la crisis de legitimidad de las instituciones del Estado, a las que asigna un papel de transmisión permitiendo que el propio sistema se reproduzca o perpetúe; sin embargo, aunque en el pasado disfrutaban de un respaldo y apoyo social enormes en la actualidad han dejado de tenerlo, siendo esto percibido por el régimen y desencadenando su reacción fundamentalmente, a través de dos maneras: por un lado se encuentra un pata represiva, y por otro, un pata más política e ideológica. Con el auge de los movimientos sociales, el sistema se ha encontrado cuestionado en sus pilares fundamentales, a través de ejemplos como la PAH, el barrio de Gamonal o las marchas de los mineros a Madrid, en esta confrontación es donde se observa, paralelamente, un auge de la represión.
García expone que la represión combina lo puramente represivo, de carácter más físico, con cualidades ideológicas y cualidades políticas. Lo que se crea entonces es un marco de “prevención general” esto es, la represión a través del miedo, donde el ponente identifica tres instrumentos principales. En primer lugar el instrumento de la deuda, que se podría ejemplificar como “el miedo a que te pongan una multa”, con una consecuencia puramente represiva como es el perjuicio económico generado, aunque también se aprecia una consecuencia más política que consiste en “excluir a los sectores más precarios de la movilización” aquellos para los que una sanción económica no supone sólo un perjuicio sino que quizás sea la diferencia entre comer o pagar la hipoteca. Otro elemento represor serían las conocidas “cabezas de turco” en relación a casos como el de Alfon; donde el elemento puramente represor sería el encarcelamiento de Alfon y el elemento más político o ideológico sería el mensaje de “esto te podría pasar a ti si participas en una huelga o manifestación”. En último lugar, García sitúa a la práctica conocida como “caza de brujas” como uno de los principales instrumentos represivos, en referencia a las detenciones colectivas que se realizan con posterioridad a la manifestación o acción, siendo las detenciones pasados unos días, produciéndose en el trabajo o entorno más íntimo de la persona, generando de este modo la desarticulación de colectivos, así como provocar miedo y parálisis en familiares, en el entorno laboral y en otros activistas.
Estos instrumentos presentan para García determinados objetivos a corto y largo plazo. En primer lugar, buscarían provocar la desmovilización a corto plazo mientras persiguen la deslegitimación de la protesta social a largo plazo, como ocurrió en la primera marcha a Madrid del 22M donde la policía comenzó a cargar violentamente contra los manifestantes en la Puerta del Sol, pero que ha continuado en el tiempo a través de un buen número de procesos judiciales abiertos y multas, a los que se han visto sometidos numerosos activistas, como ha sido el caso de Raquel Tenías.
Sin embargo existen aspectos positivos para el joven activista, para quien extender la represión equivale a extender el conflicto, “cada día aumentan las posibilidades de que sea tu vecina que miembro de la Plataforma Antidesahucios (PAH) la que tenga un problema” o un compañero de estudios en huelga o alguien del trabajo que defiende sus derechos laborales, acercándose de esta manera a más capas de la sociedad. Jesús García precisa que lo que hace es “introducir nexos de unión entre sectores que son absolutamente distintos” y continúa afirmando que “las personas represaliadas, como cada vez somos más, tenemos que ser capaces de establecer redes de solidaridad”, en referencia a que este tipo de redes son capaces de amortiguar el miedo e incluso disiparlo, generando seguridad en las personas dispuestas a luchar al encontrar un respaldo en caso de ser víctimas de represalias. Las cajas de resistencia son igualmente beneficiosas y útiles en este sentido, sobremanera en el caso de las personas con menos recursos económicos.
Por su parte Xavier García, Secretario General de la UJCE, en relación al título del foro “qué es lo que entendemos por el régimen”, lo define como “la superestructura que sale del bloque dominante, que se cristaliza en la constitución de 1978, donde prepondera el capital financiero que sale del franquismo”. Será este régimen, caracterizado por una cierta paz social, la alternancia del bipartidismo y una nueva serie de restauración borbónica, el que impere durante la llegada a España de la modernización, la entrada en la Comunidad Económica Europea y la entrada en la OTAN, apareciendo a consecuencia de esto conflictividad social y obrera, pero en ningún momento se llega a cuestionar este régimen.
Alrededor de 2007, prosigue, España entra en la crisis económica que hará saltar por los aires este consenso social. Para entonces la UJCE llevaba tiempo rechazando la constitución del 78, aunque era por aquel entonces una posición minoritaria. A partir del 2010, las diferentes huelgas y movilizaciones como el 15M o las Mareas harán tambalear el régimen. La monarquía se encuentra cuestionada llegando a la abdicación del entonces rey, el bipartidismo comienza a resquebrajarse aunque se mantiene y encontramos que la ruptura de este consenso también tiene que ver con la burbuja inmobiliaria, con el acceso al crédito y el relativo acceso a la universidad de las capas populares, que habían universalizado el relato de que cualquier persona si estudiaba y se esforzaba podría llevar una vida digna. Mayoritariamente, la gente se reconocía en la llamada “clase media”.
Con el estallido de la crisis y de las movilizaciones, todos estos paradigmas se rompen y aparece una conciencia de clase que, aunque sea muy primigenia, establece un cuestionamiento. Sin embargo, el sistema aún está lejos de encontrarse en peligro aunque el bloque dominante, con sus partidos, no ha conseguido todavía la estabilidad necesaria para hacer un nuevo Pacto de Estado, que constitucionalice y consolide los recortes así como las medidas antisociales. El último capítulo de la crisis de régimen sería la crisis de gobernabilidad que nos ha mantenido un año sin gobierno y que se ha tenido que cerrar con una especie de golpe de estado en el seno del PSOE.
“La juventud, la clase obrera, las capas populares tenemos que ser conscientes de que el régimen no va a caer solo”. Para García es fundamental que esa caída se realice a través de la “movilización social y del fortalecimiento del poder popular” y encuentra igualmente necesario se entienda este papel, al igual que nuestra capacidad de victoria. “Estamos ante una situación más o menos nueva, con un modelo productivo precario, donde la mitad de los jóvenes se encuentra en paro, donde vamos hacia el esclavismo y los sueldos de miseria, donde es muy importante que la izquierda, los sindicatos y las capas populares se adapten a esta nueva realidad”, explica.
Para finalizar, el Secretario General de la UJCE ha querido hacer un llamamiento, especialmente dirigido a la juventud, para participar en la movilización prevista con motivo del aniversario de la constitución del 78, así como en las movilizaciones venideras, mientras paralelamente se organiza y fortalece un poder popular capaz de llegar a un proceso constituyente que supere este régimen.
En tercer lugar, intervino Begoña Marugán, quien comenzó con unas palabras de elogio para los jóvenes ponentes que la precedieron. Marugán, quien posee un doctorado en Sociología, comenzó su ponencia afirmando que “no son los jóvenes, por el hecho de ser jóvenes, los que son vanguardia”, hay unas generaciones que han sido muy reivindicativas mientras otras no lo han sido tanto, citando como ejemplo al mayo del 68 francés, esos jóvenes que hoy son abuelos continúan siendo personas reivindicativas, rojas y revolucionarias, continúan siendo vanguardia ya que “el elemento de vanguardia está en cualquier espíritu que lucha” declaró. En referencia al movimiento feminista, destacó a modo de ejemplo la dura crítica al texto constitucional realizada en su día, al no recoger la existencia de las mujeres.
En cuanto a la ruptura del régimen, Begoña Marugán afirma que “me gustaría que la hubiera pero, en este momento, si bien creo que es cierto que estamos ante una crisis sistémica importante esto no significa que acabe en ruptura, puede acabar justamente en todo lo contrario y en función de cómo trabajemos tomará unas derivas o tomará otras”. Mostrando su acuerdo con las problemáticas destacas por los ponentes anteriores, Marugán quiso sumar al paro, la elevada emigración y la precariedad laboral un aspecto que a su juicio, está también asolando a la juventud, como es la violencia contra las mujeres entre las parejas más jóvenes “el modelo que se está imponiendo es absolutamente machista y lo peor del modelo dominante”, asevera.
Para la activista y profesora universitaria, los altos picos de violencia ejercida contra la mujer en las parejas más jóvenes están íntimamente relacionados con los micromachismos, expresión que describe como pequeñas acciones y comportamientos, así como usos del lenguaje que por sí mismos no parecen muy llamativos o graves, adquieren una gran relevancia en relación a la violencia de género debido a su presencia constante y múltiple, aumentando la discriminación. Por ejemplo, a juicio de Marugán, a las jóvenes se las invisibiliza. Para explicarlo Begoña relata cómo por lo general separamos a los colectivos vulnerables en jóvenes, mujeres, emigrantes… invisibilizando así a las mujeres jóvenes, que tienen la condición de jóvenes y mujeres al mismo tiempo “¿es qué las mujeres no son jóvenes? ¿o los jóvenes son todos varones?” pregunta.
Continuando con su intervención, Marugán afirmó que “el concepto de juventud es como el chicle, que se estira” en relación a la consideración en otras épocas de que la juventud llegaba hasta los 20 años, viendo incrementada esta cifra en los años posteriores hasta alcanzar la estimación actual de 35 años como frontera entre la etapa juvenil y la adulta; para la socióloga “es una etiqueta que viene muy bien políticamente” para mantener a las personas en una situación que difícilmente se asume, pero que establece que siendo joven hay que conformarse con la precariedad porque una vez superada esa etapa, en la vida adulta se podrá acceder a un trabajo en buenas condiciones. De igual modo, en función de a qué colectivo se pertenece la noción de precariedad será diferente llegando incluso a ser un recorrido biográfico asumido, en muchas ocasiones, como algo inevitable; la explotación se vive con resignación en diversos colectivos, que entienden o aprenden que es un destino inevitable abandonando cualquier asomo de rebeldía. Marugán subraya que estas cuestiones son fundamentales a la hora de mover la conciencia de clase.
De lleno en la precariedad, Begoña Marugán establece tres factores principales para la misma, la primera es la flexibilidad horaria entendida como que “no dispones de tu tiempo de vida sino que vas a trabajar cuando te llaman”; en segundo lugar se encuentran las relaciones jerárquicas donde hay que “asumir que tienes un jefe y eres un subordinado o una subordinada, es decir, yo hago lo que me mandan”; y por último la percepción económica con “un salario que te imposibilita tener un proyecto de vida”.
Para finalizar su intervención, Begoña Margugán realiza un último apunte sobre la ideología de la domesticación, que “en términos llanos y absolutos” significa que “quieren que las mujeres nos volvamos a meter en casa” en torno a actividades relacionadas con los cuidados que, debido a los recortes, implican que la mujer asuma estas tareas, despejando también el terreno laboral, puesto que conforman un grupo de población para el que no hay que conseguir trabajo ya que se encargan del cuidado de dependientes, de la infancia y de los mayores. “Qué podemos hacer ante esto”, se preguntó, y aunque Marugán expresó su deseo de discutir esta cuestión en el debate posterior, quiso antes señalar que era necesario “seguir trabajando la conciencia de clase, y para ello es necesario escuchar a la gente y estar con ella, intentar lanzar discursos diversos en función de necesidades específicas, siendo fundamental transversalizar los conflictos”.
Nos estamos enfrentando a un nuevo modelo de sociedad, del que “no sabemos cómo va a salir, intentemos la ruptura con el régimen, pero vayamos preparándonos porque esta lucha es muy difícil y de momento, estamos perdiendo”, concluyó.
Al término se inició un animado debate sobre los temas expuestos.
El Foro de Mundo Obrero tiene lugar el último jueves de cada mes, se emite en directo desde su página en Facebook https://www.facebook.com/MundoObreroPCE y también está disponible en Youtube https://www.youtube.com/user/elpce/videos






