Obituario

Raúl Puerta, In Memoriam

No son buenos tiempos. Tampoco para la lírica, lo sé. Y no sé si me estoy haciendo viejo, o que el cansancio me empieza a invadir, o si en verdad las fuerzas del progreso y de la transformación social se baten a la defensiva y se contentan con no dar sensación de pánico en su repliegue hacia posiciones más cómodas, mientras, eufórica, la reacción, travestida de posmoderno neoliberalismo, disimula como malamente puede su desbordante alegría por una victoria que intuye inminente.

No son buenos tiempos, lo sé. Y el triunfo de la razón y la humanidad esté quizá muy lejano. Es tiempo y va a ser tiempo, pues, de recordar y honrar a Raúl Puerta. Y en él a todos los que siguieron y siguen luchando.

El viernes 27 de enero de 2017, un grupo de familiares, amigos, compañeros y camaradas despedíamos a Raúl Puerta con unas palabras, unos poemas, el Himno de Riego, la Internacional y no pocas lágrimas.

Se iba un luchador incansable, un tenaz y terco luchador que durante décadas se mantuvo en las filas que su razón y su corazón le decían que eran las correctas.

No son éstos buenos tiempos, pero tampoco lo fueron los que le tocaron a Raúl Puerta. La vida parece hacer con trucos y marcas su reparto de naipes en cada mano, en cada existencia humana. A él, junto a las cartas ganadoras, que eran triunfos en el juego de la vida, de su familia (Jaime, Josechu y, claro, su inseparable compañera Ino) le entraron otras más difíciles de jugar. Pero había que hacerlo. Y las jugó. Desde la sombra, desde el trabajo, la determinación, la convicción.

Cuando algún día alguien quiera escribir, con la distancia y la seriedad necesarias, sobre la historia de las izquierdas en nuestra pobre Región de Murcia, tendrá que tener recuerdo y análisis para Raúl y otros no muchos que desempeñaron un papel clave para que los murcianos termináramos de salir de la terrible y cuartelera prórroga del siglo XIX que fue el franquismo, para, con apenas algunos retazos de siglo XX y democracia en los bolsillos, enfilar con decisión y desconcierto hacia este XXI. A Raúl le tocó preparar a su PCE, que tanto quiso, para los nuevos tiempos y participar en la articulación y expansión de las CCOO de la Región. No era poca la faena y la hizo.

El detalle del relato de esa contribución de Raúl deberá quedar para quienes la vivieron mucho más de cerca. Pero su herencia y su ejemplo nos pertenecen a todos porque, aunque el triunfo de la justicia esté lejano quizá, tal vez no esté perdido. Por eso quiero centrar mis palabras con Raúl en lo que mejor conocí de él, su dimensión personal y su inquietud intelectual y artística.

Conocí a Raúl hará más de dos décadas y por no recuerdo qué asunto de nuestra común militancia en las CCOO. Inmediatamente simpaticé con aquel hombre, en el que reconocí a un viejo luchador de la izquierda. Esto, que era verdad y era suficiente para tener todo mi respeto y mi afecto, se quedaba corto. En Raúl, junto al activista político y social, junto al compañero y amigo, cabían, con anchura y hondura y sin estorbarse, el poeta, el lector, el pintor, el estudiante, el actor. Raúl supo llenar sus años, que no fueron pocos, de una actividad intelectual difícil de encontrar en otros más jóvenes y con mejores cartas en la mano. Y lo hizo con el entusiasmo, la generosidad y la tozudez que puso en todas las cosas importantes de la vida. Y esta parte de su legado no es menos importante que la otra, la política y social. Tengo algo más que la sospecha de que no se puede entender la una sin la otra ni hubiéramos tenido la otra sin la una. Los que compartieron con él experiencias en las aulas para mayores de la Universidad de Murcia o en las actividades culturales de las CCOO también lo saben. Yo tuve el privilegio de compartir con él la poesía.

En 2007, cuando Raúl e Ino celebraban sus bodas de oro, sus hijos Jaime y Josechu dieron a la imprenta los poemas de su padre, en un volumen titulado “Venero”. El libro fue una sorpresa, creo, para el propio Raúl, y también para algunos que no habíamos leído sus versos. Allí encontré versos como éstos, los finales del poema “A ti, mujer” dedicado a su compañera:

Del más allá te llegarán mis besos
en aluvión constante, de tal suerte
que siempre me hallaré justo a tu lado
y en la brisa a Quevedo releerte:
“polvo seré, mas polvo enamorado”.

Años después, en 2009, la ejecutiva de la Unión Regional de las CCOO me encargó hacerme cargo de presentar el acto cultural e institucional que iba a preceder a la celebración de su Noveno Congreso. Me sugirieron que diera un breve recital poético y yo pedí incluir a otros poetas y editar un cuaderno no venal para los delegados e invitados. Además de algún poema propio, incluimos en aquella publicación un par de poemas de la guerra de Salvatore Quasimodo, y un doble homenaje: por un lado, algunos poemas de Miguel Hernández, adelantándonos así un año a su centenario; y, por otro lado, algunos de Raúl Puerta, con lo que pretendíamos hacer un reconocimiento en él a todos los que habían dado toda una vida de militancia por un futuro mejor para todos. Dejo aquí unos versos, los finales, de su poema “República”

Hijos de aquellos hijos, te aseguro,
te traerán nuevamente y un Futuro
para todos mejor será el dominio
de tu Balanza Fiel y Permanente.

De pocas cosas me siento tan íntimamente satisfecho como de aquella publicación y del orgullo y la emoción de Raúl de compartir esas pocas páginas con el nobel italiano y el imborrable Miguel.

Dicen que la muerte es, desde un punto de vista científico, quizá inevitable y probablemente necesaria. Pero es terriblemente injusta, porque de “un hachazo invisible y homicida” nos priva de las personas que queremos. Pero cuando alguien, como sin duda Raúl, no se ha limitado a querer y ser querido —lo que es la base de una vida decente— sino que ha entregado generosamente lo mejor, entonces queda en muchos y para mucho en la memoria. Los amigos y compañeros como Raúl dejan herencia y legado. Y la memoria, esa vieja amiga, está para algo. Éstos no son buenos tiempos, ya lo sabemos. Y a los familiares, amigos, compañeros y camaradas de Raúl nos será consuelo y nos va a hacer falta recordarlo, mucha falta. Por eso se lo dimos al fuego, pero no al olvido.

Querido Raúl, mi siempre joven viejo amigo, poeta, compañero y ahora y siempre mi “camarada”: que la tierra te sea leve, tu gente te recuerde y la República te honre.

Cartagena, 29 de enero de 2017.

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