Tuve el privilegio de conocer a Andrés Salom (*) en esa época gris de grises en que el PCE vivió una ilegalidad atenuada y luego una legalidad a desgana consentida. Yo era un joven con inquietudes críticas y él un maduro luchador contra la dictadura. Ambas, al parecer, especies en peligro. Andrés repartía con tesón
No son buenos tiempos. Tampoco para la lírica, lo sé. Y no sé si me estoy haciendo viejo, o que el cansancio me empieza a invadir, o si en verdad las fuerzas del progreso y de la transformación social se baten a la defensiva y se contentan con no dar sensación de pánico en su