La economía de las APP

En muchos casos los negocios basados en aplicaciones informáticas privan de derechos laborales a sus trabajadores enmascarándolos como falsos autónomos.

Como explicó Marx, el capital se divide en “capital fijo”, invertido en medios de producción, y “capital variable”, invertido en salarios. Y a través de la Revolución Industrial fue aumentando la proporción del “capital fijo” (la llamada “composición orgánica del capital”). Pero se ha producido una inversión radical de esa tendencia en los nuevos negocios basados en aplicaciones informáticas (App) a través de Internet (para transporte en coche, alojamiento, reparto a domicilio…). Aparte de que en muchos casos privan de derechos laborales a sus trabajadores enmascarándolos como falsos autónomos, al no invertir en medios de producción pueden alcanzar una elevada tasa de beneficios. No es extraño que tales negocios hayan sido muy exitosos.

Pero eso mismo facilita su socialización: para ella no hace falta expropiar a sus capitalistas la propiedad de los medios de producción, basta con utilizar aplicaciones informáticas gestionadas por cooperativas de trabajadores o, mejor aún, por poderes públicos, proporcionando así verdaderos servicios públicos gratuitos, aunque naturalmente todas las transacciones comerciales tendrían que pagar impuestos (acabando, claro, con las “SOCIMI” inmobiliarias que no los pagan), pero su gravamen sería muy inferior a la exacción de plusvalía en empresas capitalistas. Y, si de acabar con monopolios se trata, habrá que rechazar también todo monopolio sobre aplicaciones informáticas apoyado en la llamada “propiedad intelectual”.

Naturalmente, servicios privados “tradicionales”, como el taxi, podrían utilizar también esos servicios públicos para su localización por Internet (en su caso, como una extensión del “Radio-Taxi”). Y harían falta medidas complementarias. En particular, habría que distinguir entre la oferta de una habitación en el propio domicilio y el alquiler de una vivienda: mientras haya déficit de viviendas para personas necesitadas habría que ofrecer necesariamente en alquiler a precios asequibles las viviendas desocupadas, acabando así con la “gentrificación” provocada por los “pisos turísticos” a precios elevados.

Con estas medidas se beneficiaría a la gran mayoría. Únicamente perderían los capitalistas que explotan a sus trabajadores y quienes cobran precios abusivos por sus servicios.

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