Prevención, investigación, organización y solidaridad

Cuba: el amor en tiempos de pandemia

La rica Europa pide ayuda a la medicina e investigación cubana. Las brigadas médicas cubanas se encuentran brindando sus servicios en más de cincuenta países.
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No es la primera vez que Cuba da un ejemplo de solidaridad al mundo. Lleva haciéndolo desde el triunfo de la Revolución. Tampoco es la primera vez que los médicos y el personal sanitario cubanos dan un paso al frente y acuden a prestar sus servicios a los lugares más recónditos del planeta. Pero, esta vez, los grandes medios de comunicación no pueden ocultarlo porque es la rica Europa, el mundo desarrollado, quien pide ayuda a la medicina cubana, al Gobierno Revolucionario, a los apestados comunistas. Cuba es una potencia mundial en medicina y en investigación científica. Hace treinta años se puso en marcha la industria biotecnológica impulsada por Fidel Castro. Cuba fue el segundo país del mundo, después de Finlandia, en producir el interferon leucocitario. Más tarde llegaría el interferón recombinante, el ALFA2 B, que los médicos chinos han utilizado para paliar los efectos de la enfermedad y que 70 países han solicitado a las autoridades cubanas. Actualmente se mantienen 16 líneas de investigación y ya se están realizando ensayos clínicos de una vacuna que, aunque no es específica para el CORONAVIRUS, estimula el sistema inmunoinnato que es el encargado de reconocer y defender al organismo contra este tipo de patógenos. Otro medicamento cubano, la Biomodulina T, se está aplicando con éxito para tratar a pacientes que se encuentran en estado crítico a consecuencia de esta enfermedad.

Sin embargo, hasta ahora, este esfuerzo tremendo de un país pequeño y bloqueado durante sesenta años por la primera potencia mundial, ha sido ignorado y ocultado por las multinacionales de falsimedia. Durante décadas, el ejercito de batas blancas de Cuba ha acudido a brindar sus conocimientos, su Humanidad y su amor, a los pobres de la tierra. Pero eso no trascendía, no era importante. Ahora ya no se puede tapar el sol con un dedo: médicos cubanos en Italia y Andorra; Cuba salva a los cruceristas del barco británico al que sus principales aliados habían condenado a una muerte segura. Con un dispositivo de seguridad impecable fueron evacuadas más de 600 personas. Ni uno sólo de los miembros del personal que participó en la operación resultó contagiado. En medio de la pandemia, cuando las autoridades cubanas ya habían prohibido el arribo de transporte aéreo de pasajeros, se permite a un avión alemán repostar combustible en uno de sus aeropuertos después de que varios países del entorno le denegaran el permiso. Y las brigadas médicas cubanas se encuentran brindando sus servicios en más de cincuenta países.

Esta vez, todas estas acciones humanitarias han trascendido internacionalmente. Por eso, el esperpéntico presidente de los EE.UU, Donald Trump, ha intentado denostar la colaboración cubana, señal inequívoca de que le escuece la repercusión mundial que está teniendo. Cuba y su Revolución, este pequeño país de recursos limitados, de inmensas dificultades y carencias por causa del bloqueo de EE.UU, sigue siendo la esperanza de la Humanidad, un ejemplo para el mundo.

Cuba produce ALFA2 B, que los médicos chinos han utilizado para paliar los efectos de la enfermedad y que 70 países han solicitado a las autoridades cubanas.

Y todo esto lo hace sin descuidar la protección de la población, tomando todas las medidas para controlar la epidemia dentro del país.

A un mes del inicio de la propagación del CORONAVIRUS en Cuba, con fecha 17 de abril, se han confirmado 986 casos positivos de los que 32 han muerto. El índice de letalidad de la enfermedad es de un 3’2 por ciento, muy por debajo de la media mundial e, incluso, del continente americano. De los pacientes confirmados, dos fueron evacuados a sus países de origen, uno a EE.UU y otro a Canadá. 10 enfermos se encuentran en estado crítico y 5 graves. 227 ya han sido dados de alta y 710 se encuentran estables. Si comparamos con la fecha del 25 marzo, cuando había 57 casos confirmados, todos importados, es fácil comprender la voracidad expansiva de este virus. Pero lo que diferencia a la medicina cubana de otros sistemas sanitarios es la prevención. Por eso en Cuba no se espera a que los enfermos acudan al sistema de salud, sino que es éste quien busca a los enfermos, antes incluso de que tengan síntomas. Fundamental en esta enfermedad donde un alto porcentaje de infectados permanece asintomático mientras puede seguir propagando el virus. Es lo que aquí se denomina PESQUISAJE ACTIVO. Un ejército de personal sanitario y estudiantes universitarios va diariamente, casa por casa, buscando personas vulnerables, posibles casos sospechosos por haber mantenido algún contacto con viajeros o con síntomas de la enfermedad. Los casos considerados sospechosos son ingresados en centros habilitados para el aislamiento, donde se les realizan las pruebas pertinentes. Cuba cuenta con dos tipos de test para detectar el virus: uno rápido, que en tan sólo media hora detecta la presencia del patógeno. Y otro más lento pero mucho más fiable. Hasta el 17 de abril se han realizado más de veinte mil test, una media diaria de 1800. A las personas sospechosas, antes incluso de confirmarse la enfermedad, se les trata con medicamentos antivirales que potencian el sistema autoinmune y que son producidos en el país. De esta forma, la medicina cubana se adelanta una media de tres días a las terapias para combatir la enfermedad. Además, a todas las personas vulnerables, como los mayores de sesenta años, o enfermos con otras patologías de riesgo, se nos ha proporcionado un medicamento homeopático para potenciar las defensas del organismo. Por supuesto que toda esta atención es absolutamente gratuita. A la hora de escribir este reporte, hay 1900 casos sospechosos y otras 7000 personas con factores de riesgo se encuentran en vigilancia epidemiológica. La previsión de las autoridades sanitarias es que el pico de la enfermedad se produzca a mediados de mayo. Teniendo en cuenta que la cifra de nuevos casos diarios confirmados ronda una media de 50, es probable que, para esa fecha, nos movamos en torno a un total de dos mil a tres mil casos.

El día 24 de marzo entraron en vigor una serie de medidas: Se cancelaron todas las entradas de turistas al país, permitiéndose sólo la llegada de los cubanos que se encontraban en el exterior y los extranjeros que residen en Cuba. Todos eran trasladados directamente, desde el aeropuerto, a centros de aislamiento para guardar una cuarentena de 14 días. Más tarde se cancelarían todos los vuelos salvo los comerciales o de ayuda humanitaria. Los viajeros que entramos antes de esa fecha, si no presentábamos síntomas, guardábamos cuarentena en casa y también fuimos seguidos por los consultorios médicos correspondientes Se decretó que los turistas que todavía permanecían en Cuba no podían salir de los hoteles. Igual medida para los que se encuentran en casas particulares de alquiler. En este caso y en algunas zonas, fueron trasladados, de forma paulatina, a diversos hoteles manteniéndoles el mismo precio que pagaban en las casas de alquiler. Se suspendió todo el transporte aéreo, marítimo, ferroviario y por carretera entre provincias, salvo por causas humanitarias. Se cerraron todas las piscinas, incluidas las de las instalaciones hoteleras. También discotecas, salas de fiesta, teatros, museos, cines, gimnasios, áreas recreativas… En un principio se mantuvieron abiertos los restaurantes, limitando el número de mesas para establecer la distancia mínima de seguridad. Pero a medida que fue aumentando el número de infectados, se cerraron todos los bares y los restaurantes sólo pueden vender comida para llevar, pero no para consumir dentro del establecimiento. Todos los comercios, mercados bancos y cualquier dependencia pública, deben tener a la entrada una solución desinfectante a disposición del público que está obligado a utilizarla antes de entrar en el establecimiento. Para ello se ha incrementado la producción de lejía, con la que se prepara la solución, y se ha incrementado el número de puntos de venta. Se suspendieron las clases de todos los niveles y se puso en marcha, a través de la TV, una programación especial para que los estudiantes puedan seguir con la rutina curricular. Sólo permanecen abiertos los círculos infantiles, dejando a voluntad de los padres la asistencia de sus hijos. Se suspenden todos los trabajos que no sean prioritarios.

Personal sanitario y estudiante van a las casas buscando personas vulnarables y sospechosas de poder desarrollar el visus. Los casos sospechosos son ingresados y tratados con antivirales producidos en el país para potenciar el sistema autoinmone.

La mayor dificultad estaba en el transporte urbano, sobre todo en la capital, históricamente masificado. En un principio, se eliminó la circulación de los autobuses articulados o “camellos”. Se dio instrucciones a los choferes para que llevaran mascarilla y para que, después de cada recorrido, desinfectaran el vehículo. Se hizo un llamamiento a la población para que no saliera de sus casas salvo por extrema necesidad, pero finalmente se ha suspendido todo tipo de transporte intra e interurbano; guaguas, taxis, boteros (choferes particulares)… A partir de este momento, todos los medios de transporte se han puesto a disposición del personal sanitario, de los trabajadores que tienen que seguir acudiendo a su centro de trabajo, de los pacientes que deben ser trasladados a hospitales o a centros de aislamiento, de los que reciben el alta médica y son llevados hasta sus casas. A todos los trabajadores que puedan realizar sus funciones desde casa se les mantiene el cien por cien del salario y a los autónomos que vean reducidos sus ingresos o que tengan que cesar en su actividad, no se les cobrarán los impuestos.

Otro problema importante es el de las clásicas colas para adquirir los productos de primera necesidad que escasean a consecuencia del recrudecimiento del bloqueo de EE.UU. Por eso se pide constantemente a la población que no se amontone y que guarde la distancia de seguridad, además de utilizar mascarillas. Incluso suele haber policías ordenando las colas de forma que haya más de un metro de distancia entre las personas. También se están estudiando otras medidas para acercar los productos al ciudadano. Aunque en honor a la verdad, es un problema de difícil solución porque hay que salir prácticamente a diario para ver si hay suerte y encontramos lo que necesitamos. En cualquier caso, estudiantes, Federación de Mujeres Cubanas, Comités de Defensa de la Revolución y Central de Trabajadores, se han organizado para llevar la canasta básica a los ancianos y personas vulnerables para que no tengan que salir de sus casas. En muchos casos se les lleva la comida ya elaborada, tres veces al día.

La fabricación de mascarillas o “nasobucos”, como les llaman aquí, se está llevando a cabo por el Estado pero también por talleres de costura y de artesanos y por particulares que con cualquier pedazo de tela y una máquina de coser, los fabrican y distribuyen entre familiares, amigos y vecinos. Una iniciativa solidaria que demuestra el nivel de este pueblo. A menos de 15 días del inicio de la epidemia, todo el mundo tenía su mascarilla. Es verdad que algunos aún se resisten y, aunque la llevan, no lo hacen de forma correcta, la bajan para tomar aire, hablar por teléfono o fumar. En este sentido, las autoridades se lamentan de que todavía hay una minoría de la población que no tiene la suficiente percepción de riesgo, por lo que se ofrece una constante información en los medios de comunicación con llamamientos a la responsabilidad. Pero también se están empezando a aplicar medidas disciplinarias con multas sustanciosas a los que pongan en riesgo la salud de la población.

En cualquier caso, este pueblo y su Revolución están curtidos en mil batallas y tienen una amplia experiencia organizativa para enfrentar catástrofes y situaciones de emergencia. Como dice el presidente Miguel Díaz Canel: viviremos y venceremos.

(La Habana)

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