Inmersos en una crisis sanitaria, que ha derivado desde sus inicios en una crisis económica con una desconocida extensión y con un futuro incierto en su recorrido y en sus consecuencias. Todo esto y, nada más y nada menos, debido a una pandemia global. Esa es nuestra actual situación ante la existencia e impacto de un virus, el COVID-19. Una reciente realidad que se suma a nuestra coyuntura económica, social y política para acelerar una crisis sistémica en la que nuestro mundo y la concepción del mismo ya estaba en juego.
Un sistema en crisis con su sacrosanto modelo económico, el neoliberalismo como versión contemporánea del capitalismo, que, ante tal coyuntura y pérdida del control del mismo por parte de sus agentes globales, está experimentado una respuesta de carácter violento, repitiendo parámetros del pasado reciente de nuestra historia, el proceso de fascistización definido por Nicolas Poulantzas. Un importante surgimiento y crecimiento de los movimientos reaccionarios y neofascistas, acompañado del aumento del apoyo electoral de las organizaciones políticas de la extrema derecha, tanto en el continente europeo como americano (Francia, Alemania, Ucrania, Hungría, Italia, Bolivia, EEUU Brasil, etc.), provoca el diagnóstico del tal proceso. Estamos inmersos en un proceso de fascistización, ya que este no se fundamenta ni puede ser entendido solo en el crecimiento de una fuerza fascista como tal, sino en el proceso de expansión y extensión del proyecto ideológico del fascismo y en su asimilación por parte de las fuerzas y sectores liberales, conservadores y derechistas y, por ende, su penetración, impregnación e influencia en la sociedad.

Ilustración Juan Kalvellido
En estas últimas semanas se están realizando diversos actos por parte de los movimientos reaccionarios que están enmarcados dentro de este proceso . El ejemplo de EEUU. La decisión del presidente Trump de que la pandemia deje miles de vidas en un país que no tiene una estructura sanitaria mínima para su población, con una campaña contra la intervención sanitaria y económica (humanitaria) y donde hombres armados y manifestantes se congregan en ciertos estados ante la aplicación de medidas sanitarias y económicas para combatir la pandemia. También tenemos las congregaciones «antimedidas» que se producen en Brasil dirigidas por el presidente Bolsonaro, donde más allá de la crisis sanitaria y económica que está sufriendo la población, día sí y día también se suceden desde guerras internas dentro de su propio movimiento político reaccionario hasta comentarios de autogolpes de estado por parte de militares. Otro ejemplo más de forma reciente es el caso alemán, donde tales acciones están siendo lideradas por grupos parafascistas y abiertamente neonazis.
Tras las últimas elecciones generales en nuestro país se conformó un histórico gobierno de coalición (PSOE- Unidas Podemos). Un Gobierno que surge, en gran parte, para frenar tal proceso y ser dique con sus políticas económicas y sociales ante el modelo neoliberal en crisis y el peligro reaccionario surgido del mismo, que ya tienen en su poder diferentes gobiernos autonómicos y municipales. Tal proceso de fascistización global cuenta en el caso español con un alumno aventajado: la derecha política, que tiene su génesis organizativa e ideológica en su origen franquista y en el negacionismo del golpismo y el genocidio franquista y ha sido en muchos momentos recientes adalid de las ideas fascistizantes. Esa misma derecha intentó mediante una campaña mediática y judicial impedir la consecución de un gobierno de izquierdas, con una ofensiva basada en la criminalización y los discursos del miedo y del odio. Se convocaron concentraciones por parte de Vox, el PP negaba la legitimidad del posible Gobierno, los grandes medios de la derecha no podían permitir que la izquierda real pudiese legislar, alertaban de la ruptura de la unidad de España y de pactos ocultos con los independentistas e incluso con desconocidos terroristas, etcétera. Esta era la posición y el argumentario de la derecha reaccionaria ante la conformación del Gobierno, con el elemento central de un discurso del odio que es, a su vez, elemento fundamental para la caracterización del fascismo.
La pandemia global está provocando una crisis sanitaria sin precedentes recientes en España, que conlleva la terrible pérdida de numerosas vidas humanas, acompañada de una crisis económica del capitalismo, que está evidenciando la incapacidad del proyecto económico y social del gran capital, de los poderes económicos y de sus actores, la derecha política entre ellos. Se muestran incapaces, tanto en sus estructuras internacionales y globales como en su modo de producción, de salvar a la población y sus intereses reales. Este desmoronamiento de su concepción, modelo y acción solo ha venido a provocar un reforzamiento de una predeterminada posición de la derecha. Pretender que la derecha española modificase su lógica de la ofensiva solo podía ser una quimera. La respuesta provocada ante el evidente desmoronamiento de su lógica no ha sido solo la continuidad de la defensa del mismo, sino la aceleración: aumentar su posición ofensiva, avanzar en el actual proceso de fascistización.
Existen varios aspectos que están provocando el desmoronamiento del proyecto de la derecha reaccionaria:
– Alianzas internacionales y geopolítica. Un virus y una crisis sanitaria para ver el fracaso que supone la UE. Un instrumento de los poderes económicos y financieros, inexistente y desaparecido, que es incapaz de tomar una decisión para salvar la vida de la población y evitar un desastre para las economías de los estados. Sus políticas del austericidio han sido derribadas tras ver superado su dogma económico, que se muestra irreal. Las declaraciones del primer ministro de Portugal, Antonio Costa, calificando como “repugnante” la actitud de los países del norte (Alemania como referente) hacia los pueblos del sur de Europa, muestran la actual situación.
Una UE que se comporta como una colonia de los intereses estadounidenses y de sus intereses geopolíticos. Junto a unos EEUU sin un sistema sanitario público y universal, que va camino de convertirse en un agujero negro con la pérdida de miles de vidas, con un poder económico en declive y sin capacidad productiva propia, y un presidente como Trump que continúa las injerencias criminales y bélicas por el mundo. Todo esto mientras China se convierte en una referencia global en la lucha contra la pandemia. Al papel de EEUU se suma su organización militar, la OTAN, cuya única aportación ante esta situación ha sido la suspensión del principal ejercicio militar de este año, «Defender-Europe 20», que iba a contar con 37.000 efectivos de 17 países europeos y aliados, todo ello liderado por EEUU. Frente a esta política internacional han surgido, a pesar de las criminales campañas militares, de desprestigios, bloqueos y sanciones desarrolladas por estos mismos, otros estados que, siendo contrarios y estando alejados de las alianzas atlantistas y estadounidense y del modelo económico neoliberal, desde la heterodoxia neoliberal hasta posiciones socialistas, están contribuyendo a luchar contra la pandemia en España e Italia. Podemos mencionar la ayuda de China a través de material sanitario, fundamental para combatir la pandemia; de Cuba, con 52 médicos cubanos en Italia y teniendo actualmente brigadas de médicos en 60 países del mundo; y Rusia, con su ejército desplegado en Italia y colaborando con el Gobierno italiano, una imagen que podría ser calificada hace unos días de imposible y que muestra cuál es la situación geopolítica actual.
– Modelo productivo y economía. Deslocalizaciones, desindustrialización y privatizaciones. El proceso de deslocalización y de desindustrialización iniciado en los años 80, siguiendo el dictado de las políticas neoliberales que dirige la UE, ha provocado que España no cuente a día de hoy con un modelo productivo real y, por tanto, de carácter industrial. Tenemos una economía basada en el turismo, la construcción y la especulación financiera. No tenemos productos básicos para la vida de nuestro pueblo, ni tenemos capacidad de producirlos. Esto ha quedado de manifiesto en esta crisis sanitaria, ante la falta de los productos sanitarios y farmacéuticos más básicos como mascarillas o guantes. A su vez, los procesos privatizadores desarrollados a partir de los años 80 lastran la posibilidad de tener una economía sustentada bajo los parámetros del interés general. Las privatizaciones pusieron sectores económicos y estratégicos al servicio de los intereses privados, especulativos y minoritarios. Llamativas son las diversas declaraciones públicas de diferentes responsables gubernamentales de EEUU, Francia y Alemania, contrarios a las posiciones socialistas, advirtiendo de la posibilidad de realizar diferentes nacionalizaciones. Una crisis que muestra la incapacidad productiva de la economía irreal del capitalismo frente a las posiciones socialistas.
– Medidas del Gobierno. Este Gobierno situó el llamado Escudo Social como centro de la acción política. Las decisiones como los ERTE firmados por las organizaciones sindicales y la patronal, el ingreso mínimo vital, la prohibición de cortes de luz y agua, la paralización de los desahucios, prestaciones para los autónomos y para los trabajadores y desempleados, la intervención de precios vinculados a material sanitario, líneas de crédito ICO, la pretensión de generar impuestos para las grandes fortunas de nuestro país… forman parte de un conjunto de medidas que suponen toda un ruptura en relación a la crisis del 2008. En en este caso el Estado está interviniendo, como siempre ha hecho, pese al dogma neoliberal de la no intervención, pero lo está haciendo a favor de la mayoría social trabajadora, de nuestra sociedad, y no a favor de los intereses minoritarios y elitistas de oligarcas, transacionales y fondos de inversión. Esto para la derecha es un auténtico peligro. Estas medidas pueden establecer las bases hacia una salida redistributiva e igualitaria de la crisis económica en nuestro país, lo que puede suponer la construcción de un país justo, democrático y antioligárquico. Todo un riesgo para los poderes económicos, el gran capital y sus privilegios, y por lo tanto, para la derecha reaccionaria, el actor político y social responsable de la defensa de tal orden.
– Clase trabajadora. Esta crisis sanitaria y económica ha servido para demostrar y destapar, a pesar de la simplificación construida por el sistema capitalista, que es la clase trabajadora la que constituye la esencia y el fundamento de nuestras sociedades modernas. La clase trabajadora está poniendo de manifiesto su papel histórico y situándose como eje vertebrador del funcionamiento y de la organización de la sociedad, desde la producción, pasando por los cuidados, para finalizar con el avance científico y tecnológico. Jornaleros/as y trabajadores/as del campo, cajeros/as, reponedores/as, tenderos/as, enfermeros/as, médicos/as, sanitarios/as, transportistas, obreros/as fabriles e industriales, limpiadores/as, barrenderos/as, etcétera. Todo nuestro mundo está en las manos de los trabajadores y trabajadoras mientras sufren las consecuencias del capitalismo: pobreza, precarización y explotación laboral, bajos salarios, emigración, vivienda inaccesible, el debilitamiento de los servicios públicos esenciales como la sanidad y la educación, fiscalidad injusta… Y es aquí donde tal realidad choca con el modelo individualista y competitivo del neoliberalismo. Son la cooperación, el comunitarismo y lo colectivo lo que en momentos de crisis garantiza la supervivencia de nuestra comunidad y esto, en sí mismo, supone toda una fractura con la pretensión reaccionaria de una sociedad elitista, desigual y subordinada.
El virus supone un auténtico tsunami para el dogma neoliberal y su proyecto inmerso, a su vez, en un proceso de fascistización. Continuando tal movimiento global de los reaccionarios se ha situado la derecha reaccionaria española. Una derecha que desde el principio había visto la pandemia y su crisis como una gran oportunidad y un riesgo. Una oportunidad de aprovechar la crisis sanitaria y económica para derribar al gobierno de coalición, continuando y acelerando la postura que adoptó al inicio de la propia conformación del gobierno de nuestro país. La campaña mediática, criminalizando y responsabilizando al gobierno de la propia existencia de la pandemia global en el país, ha llegado incluso en algunos momentos a acusar al gobierno de las muertes provocadas por la misma, y ha generado dudas y oposición a las duras y necesarias decisiones vinculadas al estado de alarma y a la paralización de las actividades económicas y al confinamiento. Todo esto junto a la organizada campaña de mentiras, bulos y falsedades -nada nuevo, como ejemplo la guerra de Irak o los atentados terroristas del 11-M- conforma el escenario para crear un estallido social, el caos. La estrategia discursiva de la derecha reaccionaria situaba al Gobierno como el villano, la pandemia como el aliado del villano, y a la derecha reaccionaria, con PP y Vox en una carrera sin cuartel, como héroe salvador, con el pueblo español como aliado del héroe. Y un riesgo, porque esta crisis ha evidenciado que su proyecto es incompatible con la propia vida, con las necesidades básicas y que existe la necesidad real de romper con el mismo. Es ahí donde se abre la posibilidad superadora del capitalismo para abrir la vía socialista, un modelo económico y social a imagen y semejanza de la mayoría social, de la clase trabajadora. Una alternativa que supone un riesgo para oligarcas y poderes económicos y que la derecha reaccionaria no puede permitir y necesitan frenar y desactivar, sea como sea.
La primaria y continuadora «revuelta» de los adinerados, ricos y franquistas -bandera patria en mano, o cuchara de plata o palo de golf-, del Distrito de Salamanca de Madrid, contrarios al estado de alarma y al Gobierno, y la extensión de las mismas por el resto del país con diferentes convocatorias, no pueden ser entendidas como algo casual ni temporal. Están enmarcadas y responden al actual proceso de fascistización. Las pretensiones de las mismas son evitar las bases de una salida antioligárquica y redistributiva de la crisis económica, provocar un estallido social con la caída de las actuales medidas gubernamentales y el aumento de los contagios. Un escenario «perfecto» de caos económico, social y sanitario para derribar al Gobierno y justificar la toma del poder. Un virus como acelerador del proceso de fascistización con un objetivo final: que el movimiento reaccionario establezca su proyecto de sociedad oprimida, amenazada y violenta donde los oligarcas y poderes económicos tengan el control absoluto del país y de su economía. La necesidad de la izquierda organizada debe ser entender tal proceso, analizarlo y actuar en consecuencia. Nuestro pueblo nos obliga.







