La pandemia, al obligar a más de la mitad de la humanidad a detenerse, también nos ha empujado a pensar, a soñar con un mundo más justo. Sueños que no cuentan con el cinismo que sigue prevaleciendo en el mundo de los negocios.
Por supuesto, las grandes marcas no dudaron en aprovechar la pandemia para operaciones publicitarias de solidaridad. Pero muchas de ellas planean pagar miles de millones en dividendos después de beneficiarse de las ayudas del Estado.
Los crecientes dividendos están alimentando a los más ricos. En Estados Unidos las fortunas de Jeff Bezos y Mark Zuckerberg, creadores y directores generales de Amazon y Facebook, respectivamente, aumentaron en conjunto en casi 60.000 millones de dólares. No es una coincidencia, ya que las empresas digitales multinacionales son las que más se han beneficiado de la pandemia, dado que no requieren de interacción física con el público. También son las campeonas en la evasión de impuestos.
Los GAFA (Google, Apple, Facebook y Amazon) no son los únicos que no pagan impuestos proporcionales a sus beneficios pero al estar desmaterializados pueden explotar más fácilmente las lagunas del sistema tributario internacional. Al manipular las transacciones entre sus filiales, están reportando ganancias récord en paraísos fiscales y apenas nada en los países con impuestos corporativos más altos aunque en realidad es donde concentran la mayoría de sus actividades. Por ejemplo, Amazon, después de duplicar sus beneficios en Estados Unidos en 2018, no ha pagado ni un dólar de impuestos por segundo año consecutivo.
Por ello, y en un momento en que la administración estadounidense acaba de anunciar que ya no quiere participar en las negociaciones para revisar la fiscalidad de las multinacionales, es urgente que los gobiernos introduzcan, regional o unilateralmente, impuestos al menos temporales sobre los gigantes digitales. Es una de las recomendaciones de la Comisión Independiente para la Reforma de la Tributación Corporativa Internacional (ICRICT), de la que formo parte con economistas como Joseph Stiglitz, Thomas Piketty y Gabriel Zucman, para que los Estados puedan hacer frente a la explosión de gastos provocada por la crisis sanitaria.
No es la fiscalidad lo que garantiza las inversiones
Los gobiernos también deben aplicar un impuesto de sociedades más elevado a las empresas que se encuentran en situación de monopolio u oligopolio, especialmente las que se benefician de la crisis como el sector farmacéutico.
No debemos sucumbir a los recortes de impuestos por los que las grandes empresas ya están haciendo campaña, alegando que son “necesarios para la reconstrucción”. Sabemos que no es la fiscalidad lo que impulsa a una empresa a invertir en un país sino la calidad de la infraestructura, la mano de obra, el acceso al mercado o la estabilidad política. Es aún más claro en la situación actual. Con proyectos de expansión limitados por la incertidumbre y el exceso de capacidad de las empresas, no son los recortes fiscales los que estimularán la inversión privada. Por el contrario, privarían a los gobiernos de valiosos recursos.
Y para proteger y aumentar estos recursos debemos hacer un gran esfuerzo de transparencia para descubrir las cantidades escondidas en los paraísos fiscales. Se trata de las grandes fortunas que deberían contribuir para financiar la recuperación de esta crisis y sobre todo las multinacionales. Estas últimas deben comprometerse a declarar dónde y cuánto ganan en cada país, lo que permitiría gravarlas con un mínimo que en el ICRICT proponemos que sea del 25%.
Fuente: nodal.am







