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La desinformación y la vigilancia

En estos últimos 25 años el mundo ha visto la mayor revolución tecnológica en materia de comunicación desde la invención de la escritura hace cinco mil años.

Hace treinta años la revolución digital se veía como un fenómeno emancipador porque iba a permitir la democratización de la información.

Hoy, ya no estamos desarmados frente a las grandes corporaciones mediáticas… Otra cosa es saber si estamos haciendo un uso óptimo del superpoder comunicacional del que disponemos.

La revolución digital permitió, técnicamente, la democratización de la comunicación pero ha provocado una proliferación incontrolada de las comunicaciones y ese ruido ensordecedor, creado sobre todo por las redes sociales, es precisamente lo que constituye el nuevo problema.

La objetividad de la información (si alguna vez existió) ha desaparecido, las manipulaciones se han multiplicado, las intoxicaciones se extienden como una pandemia, la desinformación domina.

Internet ya no es ese espacio de libertad descentralizado que permitía escapar a la dependencia de los grandes medios de comunicación dominantes. Se ha centralizado en torno a cuatro empresas gigantes, las GAFA (Google, Apple, Facebook y Amazon), que lo monopolizan. Y en los próximos años, con la inteligencia artificial y los avances de la tecnología 5G, los algoritmos van a determinar más que nuestra propia voluntad el curso de nuestras vidas.

Ya no es únicamente el Estado quien nos vigila. Son también esas empresas. Con frecuencia aliados para elaborar exhaustivos ficheros de nuestros datos personales y de nuestros contactos, extraídos de nuestras actividades en las redes sociales mediante los soportes electrónicos. Estamos siendo, cada vez más, observados, espiados, vigilados, controlados y fichados. En la vigilancia clandestina masiva todos podemos ser sospechosos para reprimir antes de que se cometa el supuesto delito.

Banqueros, empresarios y políticos son los propietarios de los principales medios de comunicación dominantes (tanto privados como públicos) con los que consolidan su influencia sobre las mentes y los corazones de los ciudadanos, reforzando así la domesticación de la sociedad (*).

(*) En la edición en papel de este mes de noviembre, el suplemento de cultura y comunicación de Mundo Obrero estará dedicado a la necesidad de democratizar los medios de comunicación para garantizar la participación política en una auténtica democracia.

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