Hay que estar, pues, muy voluntariamente ciego para seguir empecinado en apoyar las antiguas creencias

Somos poca cosa, con perdón

Parece que no basta la gran herida que ha hecho a nuestro orgullo la recién demostrada debilidad que tenemos ante un ser minúsculo, invisible a nuestros ojos, como el coronavirus. Los astrónomos acaban de descubrir un supercúmulo de galaxias con más de 1.700 billones de soles. Así como suena, lo más grande que hemos conocido nunca.

Hace menos de dos siglos, la Inquisición española todavía mataba a quien creía que la tierra no era el centro del universo. Y por menos aún mataban los franquistas.

Todas las ideologías, entonces fundadas en ideas religiosas, opinaban que el universo entero había sido creado para nosotros. Hoy ya no podemos decir ni que somos como hormigas sino algo casi infinitamente más pequeño, poca cosa, en suma, en esos -prácticamente al menos- infinitos gigantescos universos.

Hay que estar, pues, muy voluntariamente ciego para seguir empecinado en apoyar las antiguas creencias, cuyas lógicas consecuencias sólo siguen practicando sectores cada día más reducidos. Grupos que, por eso mismo, son cada vez más social y mentalmente cerrados, lo que con frecuencia les hace ser muy agresivos, faltos de argumentos razonables para apoyar sus ideas y creyendo ser el “pueblo escogido” sobre los demás, como su versión más moderna, los sangrientos nacionalismos.

ETIQUETAS:

Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.