El dictador se fue del mismo modo que vino: derramando sangre inocente. En septiembre de 1975 eran ejecutadas las que serían las últimas víctimas de la dictadura franquista. La bestia moría dos meses después. A partir de ahí se vinieron sucediendo los asesinatos indiscriminados cometidos tanto por la policía como por grupúsculos de extrema derecha que no se resignaban al cambio político que suponía la muerte del dictador. Vitoria, Atocha…
Solo en los seis primeros años tras la muerte del dictador, esa violencia se cobró la vida de 150 personas. La que hoy nos ocupa ocurrió en Zaragoza el 5 de febrero de 1977. El militante comunista Miguel Vicente Basanta López, albañil en paro de 32 años, estaba haciendo una pìntada en una pared, TRABAJO SÍ, POLICÍA NO, y como firma una hoz y un martillo entrelazados. Un policía que no estaba de servicio y paseaba con su familia lo sorprendió e intentó detenerlo. En la huida sacó su arma reglamentaria y a corta distancia y por la espalda le disparó tres veces. Dos de esas balas impactaron en la nuca de Vicente a modo de ejecución, lo que no deja duda de las asesinas intenciones del número de la Policía Armada Francisco Tovar Tovar.
En octubre de 1989, la familia presenta una querella criminal por asesinato contra Francisco Tovar, el policía autor de los disparos que ocasionaron la muerte de Vicente. Ocho meses después, en Junio de 1990, el juzgado nº 2 de Zaragoza ordena el archivo de la causa por “cosa juzgada por la jurisdicción militar”, la primera de las muchas mentiras para exculpar al asesino.
– El recurso a la Audiencia Provincial de Zaragoza, DESESTIMADO.
– El escrito al Justicia de Aragón, DESESTIMADO.
– El recurso ante el Tribunal Constitucional, DESESTIMADO. En base al Código de Justicia Militar entonces vigente.
Estamentos policiales y militares, determinados políticos de la época y algunos medios de comunicación trataron de justificar la acción del policía inculpando a la víctima. La familia de Vicente quedó privada del constitucional derecho a un juicio justo pero sí se admitieron en cambio pruebas falsas e informes inventados que inculpaban a la víctima y exculpaban al victimario, incluso hubo intentos de registrar la vivienda de Vicente en busca de armas o de cualquier otra cosa para relacionarlo con las organizaciones terroristas ETA o GRAPO.
Finalmente la verdad salió a la luz y la Comisión Ciudadana Vicente Basanta consiguió limpiar su imagen. Hoy una calle en Zaragoza, cercana al lugar donde fue asesinado, lleva su nombre.






