“Si deseamos pensar bien, hemos de procurar conocer la verdad, es decir la realidad de las cosas. ¿De qué sirve discurrir con sutileza, o con profundidad aparente, si el pensamiento no está conforme con la realidad?”
Jaime Balmes. “El Criterio”
Seguramente el Partido Popular ha sido en nuestro país el partido que ha realizado más renovaciones de su dirección, pese a su corta vida. Todos los partidos tradicionales –PSOE, PCE (1), PNV, ERC-, en su ya larga historia, han atravesado procesos de crisis y renovación en sus programas y en sus dirigentes. El caso del PP tiene ciertas singularidades que revisten interés político: ha gobernado durante una cantidad de años considerable; es, todavía hoy, el principal partido de la oposición; y ha tenido que cambiar a su directiva con mucha frecuencia.
Con carácter general, el análisis de los partidos políticos es necesario para la sociedad porque, como nos recordaba Manuel García-Pelayo, estamos ante el Estado de los Partidos. Son los pilares fundamentales del Estado actual. En ellos se centran los politólogos para predecir o explicar comportamientos políticos que tienen consecuencias en los procesos electorales y en la vida política cotidiana. Las intervenciones públicas de sus representantes, los cambios de dirigentes, sus reuniones y congresos, así como sus crisis, son analizadas continuamente en los medios de comunicación de masas. La proposición de leyes, los Presupuestos Generales del Estado, su discusión, aprobación y ejecución depende de ellos. Yeso afecta a la vida diaria de toda la ciudadanía.
En este caso nos vamos a limitar al PP, por las singularidades señaladas anteriormente y porque ha vivido, está viviendo y, posiblemente, va a vivir a corto plazo procedimientos judiciales que afectan al partido y a sus más destacados dirigentes.
SERVIDORES PÚBLICOS “APODERADOS”
Los poderes económicos, militares, eclesiásticos y de la nobleza española han utilizado a lo largo de nuestra historia diferentes partidos políticos para defender sus intereses en cada momento. Los viejos poderes económicos, “obligados” por un modelo parlamentario de representación, que se acaba imponiendo, a su pesar, conciertan con “apoderados” que les sirvan desde las tribunas públicas y privadas, ante los medios de comunicación y en la redacción de las leyes que favorezcan sus intereses. Entre sus representantes han abundado siempre los licenciados en Derecho y los altos funcionarios. Pocas veces los verdaderos representados: grandes propietarios de tierras, de bancos, de industrias, etc. En la “democracia orgánica” franquista sí había una cierta representación directa de los verdaderos poderes. En la actual, éstos delegan en servidores públicos, cuyos sueldos pagamos todos.
Cuando los servidores públicos seleccionados no les sirven o están ya más quemados que el palo un churrero, los despiden con una indemnización negociada, inmediata o “en diferido”, y a otra cosa. Algunos se resisten, dados los placeres del puesto, pero siempre quedan las puertas giratorias en buenos consejos de administración, consejos consultivos, consultoras y despachos importantes, empresas públicas o diputaciones que, gracias al quid pro quo, son salidas vergonzosas pero cómodas y bien pagadas. Siempre es mejor que hacer cola en el Servicio Público de Empleo.
AP, UCD, PP…
Esta concepción del partido político condiciona su discurrir histórico. Los poderes fácticos de nuestro país en esta etapa de democracia parlamentaria optaron, en principio, por la AP de Fraga, la UCD de Suárez y algunos proyectos que no obtuvieron demasiados frutos. Había que ganar y terminaron apostando coyunturalmente por la UCD. El horno no estaba para bollos y, a la salida de una dictadura, era mejor disimular. Ya se irían recomponiendo después para pasar a la ofensiva. Y aquí pagó Suárez. Eso de legalizar a los comunistas no pasó inadvertido a los poderes reales. El servidor se volvía contestatario. El PSOE de un Felipe González anticomunista les vino bien para reordenar fuerzas y presentarse como salvadores frente a la izquierda. Les dejaron el trabajo sucio de la dura reconversión industrial y las privatizaciones y, después de diversos intentos fallidos, con Jorge Verstrynge de 1979 a 1986 y después Hernández Mancha, regresó Fraga, el partido se refundó y cambió su nombre a PP en 1989-1990 y se designó a José María Aznar “sin tutelas ni tutías”.
Si estudiamos todo lo que rodeó el sistema caciquil y su función en nuestro país entre los siglos XIX y XX, tendremos la representación actual de las funciones del PP. Algunos vestigios descarados como Fabra o Baltar son los más conocidos, pero ni mucho menos los únicos. Las comisiones de las grandes empresas a los políticos por la concesión de contratos no es un fenómeno que afecte en exclusiva al PP, pero sí es el partido más afectado y con más altos dirigentes implicados. El que no lo vea, que se compre un perro y un bastón y se pase por la ONCE.
PODERES RESISTENTES AL CAMBIO
Desde un punto de vista objetivo, los problemas de la derecha en nuestro país están fuertemente anclados en unos reaccionarios poderes fácticos, que no están dispuestos a cambiar. Es cierto que un cambio implicaría pérdidas históricas e irreparables para ellos. Se niegan a aprender a nadar y a ser salvados. Mientras tanto, dan manotazos para no ahogarse.
Los poderes fácticos queman a sus servidores cada dos por tres, haciéndoles mentir, renegar de sus dirigentes, machacar a sus votantes y, como el Emérito, siguen engañándonos descaradamente. No afrontan su realidad y huyen para no perder el botín.
Según va pasando el tiempo, el PP se va encontrando en un dilema más acuciante. Retrasar la decisión, como hizo Rajoy y el partido en 2013, resultó en el nacimiento y crecimiento a su izquierda y a su derecha de opciones que resisten y se acomodan en antiguos espacios que controlaban. Cada vez dejan más chatarra a sus espaldas, cada vez tienen menos capacidad para superar sus patologías. Y los carroñeros, a izquierda y derecha, esperan pacientemente su debilitamiento, proceso tras proceso, juicio tras juicio, condena tras condena. Mientras, comen de sus antiguos comederos, que ahora se ven obligados a compartir: Madrid, Castilla y León, Andalucía… Otros los han perdido completamente.
Refundar o Refundir, that is the question.
NOTA:
1. Este año se cumple el centenario de la fundación del Partido Comunista de España, un partido que ha desempeñado un papel protagonista en la acción política durante etapas ciertamente difíciles de nuestra historia. La lucha por los derechos de la clase obrera, durante la Dictadura de Primo de Rivera, durante la II República, en los 40 años de franquismo y ahora en la democracia, ha supuesto grandes sacrificios para sus militantes. El anticomunismo visceral y la consciencia de que se trataba de su principal enemigo, ha llevado a los sectores más poderosos de las jerarquías militares y de la iglesia, y a los grandes poderes económicos a tratar de eliminarlo por todos los medios a su alcance.







