Pagó con su vida la osadía de enfrentar al imperialismo por un futuro de libertad y justicia social para Nicaragua

Los asesinos de Sandino siguen conspirando contra Nicaragua

87 años después del asesinato del general Augusto C. Sandino, la oligarquía nicaragüense persiste en la traición a su pueblo
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El 21 de febrero de 1934, hace ya 87 años, se consumó uno de los actos más trágicos y vergonzosos de la historia reciente de Nicaragua. El «General de Hombres y Mujeres Libres», Augusto C. Sandino, a la sazón líder de la heroica resistencia patriótica contra la ocupación estadounidense del país, era asesinado cobarde y traicioneramente en un complot urdido por la oligarquía local y la embajada de Estados Unidos.

Sandino se había ganado su amargo odio a fuerza de hacerles morder el polvo de la derrota política y militar. No había sido pequeña la hazaña. Con apenas veintinueve hombres y cuarenta rifles se levantó en armas en 1927 contra el imperialismo yanqui que desde hacía quince años dominaba la política nacional gracias a su influencia sobre unos gobiernos proclives a sus intereses y la presencia de sus militares. Lo que comenzó como una pequeña partida de rebeldes se convirtió en el victorioso Ejército Defensor de la Soberanía Nacional (EDSN) que en 1933 consiguió infringir una vergonzante derrota a las hasta entonces invencibles Fuerzas Armadas de los Estados Unidos.

Sandino fue asesinado de forma traicionera tras ser convocado por el presidente Juan Bautista Sacasa para firmar la paz. Pagó con su vida la osadía de enfrentar al imperialismo por un futuro de libertad y justicia social para Nicaragua. Cuentan que la noche en que se consumó su vil muerte en los clubs de las principales ciudades, donde la oligarquía acostumbraba a reunirse, se celebraron banquetes y descorcharon botellas de champán en celebración de la eliminación física de quien era el máximo obstáculo a la consecución de sus intereses. La burguesía, por fin, respiraba tranquila. Era el momento de agasajar al vendepatria que había ejecutado la felonía, el militar Anastasio Somoza, Jefe Director de la recientemente constituida Guardia Nacional.

El «General de Hombres y Mujeres Libres», que había encabezado una quijotesca lucha de liberación nacional, murió a manos de la oligarquía de su país. En el ADN de ésta se encuentra la traición a su patria y, por tanto, a sus más bravos defensores. Desde la propia independencia de Nicaragua, liberales y conservadores, o lo que es lo mismo, los representantes de los terratenientes y grandes propietarios industriales, no dudaron en implorar la injerencia extranjera para dirimir sus disputas internas. Sandino se alzó al grito de «Patria y Libertad». Sus enemigos le mataron con la consigna «Traición y Sumisión».

No podemos decir que la oligarquía nicaragüense de hoy sea heredera de aquella que en 1934 tiñó de sangre el «corazón de Centroamérica». ¡Para ello hubiera sido necesaria una transición! En su ideología persisten los mismos mantras, la misma obsesión: dominar Nicaragua para saquearla y vender sus despojos. Ayer hicieron la guerra a Sandino y el EDSN, hoy la hacen a Daniel Ortega y el FSLN. Es una triste continuidad en la historia de esta tierra de héroes y traidores.

Los Sacasa, Somoza o Chamorro de ayer son los dirigentes opositores de hoy. En 2018 lanzaron una ofensiva contra Nicaragua, es decir, contra su pueblo. Quisieron obtener por la vía de la violencia lo que por las elecciones no conseguían. ¡Piensan que el pueblo no aprende de su historia! Craso error, fueron derrotados. Se alzaron en «defensa de la democracia» con la velada promesa de destruirla. Recibieron el sonrojante respaldo de una comunidad internacional que es cómplice del daño causado al país. También ella fue derrotada.

Mientras la triste oposición se debate entre participar o no en unas elecciones que exigieron anticipadas hace tres años, el sandinismo se prepara para una nueva batalla de la que apuesto que saldrá una vez más victorioso. Si en el ADN de la oligarquía está la traición de los intereses nacionales y la venta del país a agentes extranjeros, también ocupa un lugar preeminente sus constantes luchas intestinas de egos y ambiciones más grandes que sus fuerzas reales. Se dan golpes en el pecho por una patria que no sienten. Hablan, y mucho, en castellano pero piensan en inglés y actúan al más puro estilo ‘americano’. Serán derrotados.

Historiador

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