La realización de un acto o de un proceso productivo peligroso incluye una elección humana que lleva consigo un cierto nivel de riesgo para los operadores. El riesgo ya no tiene nada de fatal, es, más o menos, deliberada o implícitamente elegido. No existiría verdaderamente fatalidad. (Sami Dassa / Sociologie du Travail /1976).
Como en otros campos de la actividad humana, los conocimientos científicos y técnicos y las aplicaciones tecnológicas nos permitirían eliminar o reducir la mayoría de los riesgos laborales. Esto es evidente en actividades que pueden provocar efectos catastróficos o de gran alarma social como, por ejemplo, el transporte aéreo o el de mercancías peligrosas por carretera.
En esos casos, las medidas de prevención son prioritarias y necesitan una inversión elevada que se traslada sin timidez al coste del bien. Los consumidores -afectados por el riesgo o sensibles al mismo- pagan sin objeción. Los accidentes, en estos casos, tienen efectos graves y una gran repercusión mediática pero su frecuencia es baja comparada con otras actividades.
¿Por qué no se hace lo mismo en todos los casos? Posiblemente porque es más fácil y tiene menos coste ‘sustituir’ al trabajador que al cliente. Se elige una opción entre varias posibles: la que maximiza el beneficio económico para el empresario y no la que minimiza el riesgo para el trabajador. Esto último incluye desechar actividades económicas de riesgo grave que comporten dificultades con un grado elevado de incertidumbres para su control. Un ejemplo conocido es el de la polémica sobre las centrales nucleares y los riesgos que implican. El caso de Japón después de Fukushima. Se aplica aquí el principio de precaución.
Por tanto, es evidente la decisiva influencia de factores sociales y no meramente técnicos en la prevención y generación de accidentes. Viene al caso incorporar una larga cita de una publicación de especialistas en el estudio de riesgos catastróficos: “En nuestro tiempo, sabiendo ya que la divinidad no se entretiene en desbordar ríos ni en rajar montañas, un poco decepcionados porque los progresos científicos no nos den el control de las fuerzas de la naturaleza y contrariados porque las cotas de desarrollo alcanzadas no nos hayan reportado mayor seguridad frente a las catástrofes sino que, al contrario, nos han hecho más vulnerables a las mismas, empezamos a sospechar que hay otro factor en las catástrofes naturales quizás más determinante que los propios eventos geológicos o atmosféricos: la actividad y el comportamiento humanos” .
Dos sistemas han servido y sirven para justificar la explotación laboral y sus consecuencias: las religiones y las ciencias.
La ley del más débil
El largo debate en Estados Unidos sobre el análisis coste/beneficio en riesgos laborales es una experiencia a tener en cuenta para la confirmación de estas consideraciones. Una corriente doctrinal pretendía asentar el principio de que la obligación empresarial de inversión en prevención tenía su límite máximo en el punto en que se sobrepasaran los costes económicos del accidente. El debate llegó al Tribunal Supremo de los Estados Unidos en la época de Reagan.
Esa concepción puramente contable del accidente y la prevención es coherente con la tradición meramente indemnizatoria y reparadora, fruto de la tradición civilista anglosajona. Se aboga, en este sentido, por la sustitución pecuniaria de la pena y la monetarización de la salud laboral.
A pesar de las mejores intenciones y de declaraciones públicas de buena voluntad, en la prevención de riesgos laborales prevalecerán, en la mayoría de las ocasiones, las poderosas fuerzas que subyacen en los modos y en las relaciones de producción .
Pero ello no impide la existencia de una variedad de situaciones y posibilidades en el espacio acotado por esos factores. No son factores ajenos a las decisiones sociales ni estáticos en el tiempo.
El Estado Social y Democrático de Derecho, definido en nuestra Constitución, permite una lectura avanzada y transformadora de los derechos sociales fundamentales, superando la asimetría procedente del Estado liberal, más volcado hacia la defensa de los derechos políticos y civiles individuales. Lo que Ferrajoli denomina la ley del más débil.
Es la sociedad, a través de la participación democrática real, y los trabajadores como sujetos activos, los que deben decidir el nivel de riesgo aceptable y, desde luego, nadie tiene derecho a decidir el nivel de riesgo que debe soportar el otro.
El 28 de abril se conmemora el Día Mundial de la Seguridad y Salud en el Trabajo, promovido por la OIT y surgido de las luchas de los trabajadores en todo el mundo en defensa de su vida y de su salud,
Anualmente mueren en el mundo más trabajadores y trabajadoras por accidentes del trabajo y enfermedades profesionales que por la pandemia.
NOTAS:
1. Las catástrofes naturales y su cobertura aseguradora. Un estudio comparativo. Consorcio de Compensación de Seguros. 1999
2. Prevención de riesgos laborales / ¿Gasto, inversión o simplemente un impuesto? Emili Castejón Vilella. Seguridad y Salud en el Trabajo. nº 38. 2006







