El patrimonio construido por el pueblo acaba en manos de grandes tenedores de propiedades que no lo protegen

Abandono y destrucción del patrimonio histórico en Extremadura

Los ricos lo tienen y no lo cuidan, las administraciones miran para otro lado, algunos se aprovechan y la mayor parte de la población no se beneficia de un recurso que es de todos
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Hablar del patrimonio en Extremadura es hacerlo de cantidad pero también de calidad. De dólmenes prehistóricos, edificios tartésicos, castros celtas, ciudades romanas, ermitas visigodas, castillos y fortalezas medievales o arquitectura popular e industrial. Pero hablar de patrimonio en Extremadura también es hacerlo de indiferencia, desidia, abandono y destrucción.

Hace unos días saltaba la indignación en Extremadura por la destrucción de la ermita de Santa María de Brovales, ubicada en una finca de Jerez de los Caballeros (Badajoz), propiedad de la sociedad agroganadera Las Veranas, cuyo administrador ostenta los títulos de vigésimo marqués de Bacares y vigésimo tercer conde de la Puebla del Maestre. La sociedad administrada por el aristócrata había decidido demoler la ermita furtivamente pese a estar protegida por la Ley de Patrimonio de Extremadura.

La historia de la destrucción no sorprende en la región. Es una de tantas sobre el patrimonio. Y uno, que se dedica a esto, ya no se sorprende, lo que no sabe es si entristecerse, enfurecerse o resignarse. Yo me indigno.

Pero uno ya no sabe si se indigna porque la mayor parte de las iglesias y ermitas – en realidad todas – fueron construidas a costa de y por el pueblo o porque en nuestra magnífica y plena democracia no confesional la gran mayoría de ellas siguen perteneciendo a uno de los grandes tenedores de inmuebles del planeta: la iglesia católica. O se indigna porque otra gran parte se encuentra en manos de nobles aristócratas. Devotos creyentes que piden mayores subvenciones para la Iglesia o para sus escuelas privadas después de decir que pagamos muchos impuestos. No dudan además en convertir ermitas rurales en establos, pocilgas o almacenes porque si hay alguien que manda más que Dios es el dinero.

Al mismo tiempo, unos y otros no se cortan en pedir subvenciones para mantener el patrimonio que está en sus manos. Y digo yo, si no son capaces de mantenerlo que se lo den al Estado. No hay más que visitar los países vecinos para ver de quién es la propiedad de la gran parte de esos inmuebles.

Destrucción del patrimonio con premeditación y alevosía

Creo que no es fácil comprender, al menos yo no lo hago, cómo el patrimonio construido por el pueblo acaba en manos de grandes tenedores de propiedades que no lo protegen y los poderes públicos chitón. Además, en los tiempos que corren, con Extremadura a punto de ser horadada en mil sitios para buscar recursos que generen un futuro, estamos desperdiciando una fuente de riqueza limpia, sostenible, no finita y de futuro.

El caso de la ermita de Brovales es una de tantas historias solo en el suroeste extremeño. Sin ir más lejos, a escasos diez kilómetros se encuentra Santa María del Valle. Una de las pocas iglesias catalogada como mozárabe en la comarca. Su uso: un establo. Su propiedad: privada.

Si hablamos de la destrucción del patrimonio con premeditación y alevosía contamos con muchos ejemplos. Centrándonos solo en el suroeste, la empresa GRABASA destruyó en los años 90 y principios de los 2000 algunos valiosos sitios. Da igual que su administrador, tras dejar tirados a sus trabajadores, se convirtiera en un historiador aficionado amante del patrimonio. El yacimiento de Batalla del Pedruégano, en Fregenal de la Sierra, fue literalmente volado a pesar de que se conocía su existencia. Y aunque se denunció, aquí no pasó nada. En Burguillos del Cerro, uno de los pocos yacimientos prehistóricos conocidos también fue destruido. Ahora que se reabre la empresa me pregunto si van, aunque sea, a excavar lo que queda de ellos antes de hacerlos explotar de nuevo.

Pero no solo son las empresas extractivas las que destruyen el patrimonio. La construcción del gaseoducto hacia Jerez supuso la destrucción de varios yacimientos, aunque contaba con seguimiento arqueológico. En las cercanías de Brovales se encuentra el sitio de El Cañuelo, cuyas murallas protohistóricas fueron destruidas por la construcción de dicha infraestructura. Hace aún menos años, en la finca de El Carbajo, en Fregenal de la Sierra, se arrasaron varias tumbas prehistóricas con un tractor. Aunque se sabía que estaba saliendo algo, no se paró la labor. Podría seguir con varios ejemplos más y eso que no hemos incluido la acción de los furtivos y expoliadores profesionales que han dañado, a veces irreversiblemente, los yacimientos de San Pedro de Valencia del Ventoso y Castillejo de Oliva de la Frontera.

Los ricos tienen y no cuidan lo que es de todos

No hemos de pensar que la destrucción del patrimonio es cosa solo de legos en este mundo. Aprovechando que estamos en el suroeste, no puedo dejar de mostrar mi indignación por dos hechos sucedidos en los últimos años en Burguillos.

El primero tiene que ver con el abandono de los huesos exhumados en la excavación de San Juan. Después de pasar años en bolsas y amontonados, lo que supuso que se mezclaran, se aplastaran y se rompieran, acabaron en una fosa común del cementerio municipal. Aún espero que alguien se haga responsable del descontrol que hubo. ¿Cómo es posible que una intervención subvencionada con más de dos millones de euros acabe con decenas de personas exhumadas de sus tumbas y amontonadas como basura? Sin contar con la pérdida de información histórica y arqueológica. Si se realiza una intervención de esa envergadura y se saca a los muertos de sus lugares, que sea por algo, no para engordar los bolsillos de algunos.

El segundo tiene que ver con la muralla del castillo. Para quien no lo conozca, dicho castillo, emblema del pueblo, cuenta con dos murallas. Hace casi una década, tras un invierno de fuertes lluvias, la exterior se cayó parcialmente. Entonces, como ahora, la prensa se indignó. Se prometieron actuaciones, pues el castillo no iba quedarse así. ¿Queréis que os diga cómo está o lo podéis imaginar? Por cierto, durante años se han pasado la pelota diferentes administraciones para ver a quién corresponde la titularidad del castillo. Si nadie lo quiere, ya sabemos quién se lo va a inmatricular, ¿verdad?

En fin, este es el estado del patrimonio en Extremadura. Los ricos lo tienen y no lo cuidan, las administraciones miran para otro lado, algunos se aprovechan y la mayor parte de la población no se beneficia de un recurso que es de todos.

Para proteger hay que conocer. Conocer el patrimonio para que la gente entienda lo que significa. Saber lo que hay. Y las administraciones vuelven a mirar para otro lado. Tras la destrucción alevosa de la ermita de Santa María de Brovales, Jerez de los Caballeros va a revisar su patrimonio. Esperemos que sea así. Pero echo de menos que todos y cada uno de los municipios actualice su listado de bienes patrimoniales y arqueológicos y no esperen a que sea tarde para decir que lo harán.

Arqueólogo

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