El Partido Comunista de Chile fue el principal aliado del socialista Salvador Allende en el largo camino hasta la presidencia de la República en 1970. Su apoyo desde 1952, cuando respaldó la primera de sus cuatro candidaturas presidenciales, la apuesta compartida por la construcción de un amplio movimiento popular y la hegemonía comunista en la clase obrera permitieron la conquista del gobierno y el comienzo de un singular proceso revolucionario que avanzó durante mil días y solo pudo ser derrotado, a sangre y fuego, por la Santa Alianza Santa de la burguesía, las Fuerzas Armadas y el imperialismo.
El 4 de junio de 1912, el obrero tipógrafo Luis Emilio Recabarren fundó en Iquique, en la pampa salitrera, el Partido Obrero Socialista (POS) que diez años después, el 2 de enero de 1922, en el Congreso de Rancagua, aceptó las 21 condiciones para integrarse en la III Internacional y asumió el nombre de Partido Comunista de Chile. Tras padecer el sectarismo que también debilitó al resto de partidos comunistas desde la segunda mitad de los años 20, en su Conferencia de 1933 planteó por primera vez una estrategia de alianzas amplias, dos años antes del VII Congreso de la Komintern.
En 1936, la izquierda chilena creó su Frente Popular que el 25 de octubre de 1938 llevó a La Moneda al radical Pedro Aguirre Cerda, con el diputado Salvador Allende como jefe de su campaña en Valparaíso (y ministro de Salubridad entre 1939 y 1942) y Pablo Neruda (aún no militante comunista formalmente porque era funcionario del servicio consular) como líder de los intelectuales antifascistas. En 1942 y 1946, el PCCh volvió a respaldar a los candidatos del Partido Radical -ambos vencedores-, Juan Antonio Ríos y Gabriel González Videla, quien por primera vez integró a tres de sus militantes en el gabinete de ministros. Pero a partir de 1947, en el marco ya de la Guerra Fría, decretó la proscripción legal y la persecución de los comunistas que fueron encarcelados en campos de concentración como el de Pisagua, cuyo jefe en las primeras semanas de 1948 fue el capitán Augusto Pinochet [1]. Neruda denunció con furia la traición de González Videla en varios poemas que incorporó al Canto general, cuya primera edición chilena elaboró el PCCh desde la clandestinidad, un proyecto dirigido por Américo Zorrilla en el que también participó Luis Corvalán.
En 1952, aún en la ilegalidad, el Partido Comunista apoyó la candidatura presidencial del senador Allende, en el marco de la alianza del Frente del Pueblo, mientras que un amplio sector del entonces dividido socialismo optó por la opción populista, y victoriosa, del exdictador Carlos Ibáñez del Campo. En febrero de 1953 empezó a fortalecerse la unidad de la izquierda con la creación de la Central Única de Trabajadores (CUT) y en abril de 1956 el X Congreso del Partido Comunista oficializó la línea política del Frente de Liberación Nacional que sostenía la posibilidad de avanzar hacia el socialismo a través de la vía “no armada” y a partir de la conquista del gobierno por el movimiento popular.
Aquel mismo año, la reunificación del Partido Socialista (de ideología marxista, distante de la Unión Soviética y ajeno entonces a la Internacional Socialista) abrió las puertas a la creación del Frente de Acción Popular (FRAP) y consolidó la unidad comunista-socialista como la viga maestra de la construcción de un poderoso movimiento político, social y cultural que ya en 1958 estuvo a punto de llevar a Allende a La Moneda, pues perdió las elecciones por solo 30.000 votos. Desde entonces el PCCh se convirtió en el primer partido de la izquierda y en el tercero en un Congreso Nacional bicameral compuesto en 1970 por 150 diputados y 50 senadores: en las elecciones legislativas de 1961 logró el 11,8% de los votos, en las de 1965 el 12,7% y en las de 1969 el 15,9%.
Allende, Neruda y el PCCh
En 1964, debido al apoyo electoral de la derecha y de Washington al democratacristiano Eduardo Frei (con una financiación multimillonaria y la intervención masiva de la CIA), Allende conoció su tercera derrota. A pesar de que alcanzó el 38,9% de los votos, aquella decepción abrió un tiempo de agrias polémicas en el seno de la izquierda, con la aparición de una fuerza, el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), que impugnó la estrategia política de la “izquierda tradicional” y -aunque fue testimonial hasta 1971- propagó un discurso insurreccional.
En el seno del FRAP, las críticas más duras hacia la campaña de Allende procedieron de su propio partido. En diciembre de 1964, el pleno del Comité Central del Partido Socialista, del que no formaba parte desde 1955, señaló [2]: “Esos resultados, camaradas, nos indican que de nada sirven las indefiniciones, las vacilaciones, las duplicidades, las conciliaciones, que más que un paso atrás y dos adelante, significan un retroceso en muchos pasos y reiniciar una ruta que deviene en confusión, desarme ideológico y desaliento para las grandes masas asalariadas. (…) Quizás nosotros mismos pavimentamos el camino de nuestra derrota al no realizar una campaña auténticamente revolucionaria, bajo la inspiración fiel de nuestra línea de Frente de Trabajadores” [3]. En cambio, el 17 de octubre de 1965, en su informe político al XIII Congreso del Partido Comunista, su secretario general, Luis Corvalán, aseguró: “El 40% de la ciudadanía se pronunció por una solución revolucionaria. El programa y la orientación definidamente antiimperialista y antioligárquica de la candidatura de Salvador Allende influyeron en las filas del propio campo adversario (…) El combate continúa ahora en un plano superior, sobre un terreno más abonado para los cambios” [4].
Allende ya no era el candidato indiscutible de la izquierda para las elecciones de 1970 y, después de la radicalización del discurso de su partido tras el Congreso de Chillán de 1967, era visto por una parte de sus propios compañeros como la personalización de una línea política “socialdemócrata” que contradecía la caracterización clasista del Frente de Trabajadores. Sin embargo, cuando en el invierno austral de 1969 los dirigentes socialistas recorrieron el país para pulsar las preferencias de la militancia respecto a una hipotética candidatura del Secretario General, el senador Aniceto Rodríguez, o de Allende, la inmensa mayoría de las bases se decantaron por él. En consecuencia, el 26 de agosto de aquel año el Comité Central del PS le designó su precandidato presidencial pero con más abstenciones, catorce, que votos a favor, trece [5]. No fue elegido candidato de la izquierda (agrupada desde octubre de 1969 en la Unidad Popular [6]) hasta el 22 de enero de 1970, cuando, después de unas negociaciones que se prolongaron durante varios meses, Luis Corvalán anunció en un acto de masas: “Trabajadores de Santiago, pueblo de la capital, queridos camaradas: salió humo blanco. Ya hay candidato: es Salvador Allende” [7]. Y, como relató en Confieso que he vivido, Pablo Neruda tomó la palabra para renunciar a su candidatura (levantada por el PC en septiembre de 1969) y apoyar, por cuarta vez, la de su “porfiadísimo compañero”.
Luis Corvalán encabezó el PCCh hasta 1989
El 4 de septiembre de 1970, por primera vez un pueblo eligió en las urnas el camino del socialismo. Allende venció con el 36,3% de los votos y dos meses más tarde, después de obtener el apoyo de los parlamentarios democratacristianos en la votación del Congreso, se convirtió en Presidente de la República. El sociólogo Manuel Castells, quien trabajó en Chile durante el periodo de la UP, remarcó que aquel hito no se hubiera producido “de no haber mediado una línea sustentada por un aparato con gran capacidad política y ese aparato y esa línea fueron, sin lugar a dudas, los del Partido Comunista” [8]. Una mención especial merece la entusiasta movilización de decenas de miles de militantes de la , las Juventudes Comunistas. El lema de su VI Congreso (1967), “Transformar la rebeldía juvenil en conciencia revolucionaria”, estimuló la inmensa labor de la mayor organización juvenil política del país, cuya Secretaria General de entonces, Gladys Marín, encabezó el PC chileno desde 1993 hasta su fallecimiento en marzo de 2005.
En el primer gabinete del presidente Salvador Allende hubo tres ministros comunistas, todos ellos obreros: Américo Zorrilla en Hacienda, José Oyarce en Trabajo y Pascual Barraza en Obras Públicas. Desde entonces y hasta el 11 de septiembre de 1973, el Partido Comunista hizo realidad el informe político que Luis Corvalán rindió al pleno del Comité Central el 27 de noviembre de 1970: “Nada hay más revolucionario que luchar por el éxito del Gobierno Popular” [9].
En aquel discurso, solo 23 días después del inicio del mandato presidencial de Allende, el secretario general del PCCh destacó las primeras medidas del Gobierno Popular, como el restablecimiento de las relaciones diplomáticas con Cuba (Fidel Castro visitaría Chile doce meses después), la disolución del Grupo Móvil de Carabineros (responsable de las masacres de obreros en la década anterior) y las iniciativas tempranas en defensa de los salarios y del poder adquisitivo de la clase obrera y resaltó el apoyo de la CUT a la política económica del Ejecutivo. “El gobierno que preside el compañero Salvador Allende es ante todo una conquista de la clase obrera. Por su composición social y su programa ofrece la posibilidad real de marchar al socialismo que pondrá fin a la explotación del hombre por el hombre. Vale pues la pena que la clase obrera, en alianza con los campesinos y demás capas de la población trabajadora, se juegue entera por el éxito de este gobierno”.
Luis Corvalán fue uno de los grandes dirigentes comunistas del siglo XX y encabezó el PCCh hasta 1989. Nació el 14 de septiembre de 1916 en Pelluco, en la provincia austral de Chiloé, aunque su infancia transcurrió en la localidad textil de Tomé. Ingresó en las filas de Recabarren en 1932 y a fines de 1937 fue llamado a Santiago para trabajar junto con Carlos Contreras Labarca, Secretario General del partido, y en el seno del Comité Central de la Federación Juvenil Comunista. Escribió en el diario Frente Popular y en los años 40 se convirtió en director de El Siglo. En 1958 fue elegido Secretario General del PCCh y desde 1961 era senador.
Después del golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973 [10], fue detenido por la dictadura y enviado a la austral isla Dawson, junto con otros connotados dirigentes de la Unidad Popular. Pasó por otros campos de concentración, como Ritoque o Tres Álamos, hasta su canje en diciembre de 1976 en Ginebra por un disidente soviético. Antes, en las cárceles de Pinochet, tuvo que conocer la muerte de su hijo Luis Alberto, en el exilio en Bulgaria en octubre de 1975, producto de las atroces torturas que sufrió en septiembre de 1973 en el Estadio Nacional.
En agosto de 1977, en el primer pleno del Comité Central del Partido Comunista de Chile tras el golpe de Estado, en el momento más difícil de la historia de esta organización, que había sido masacrada en 1975 y 1976 por los cuerpos represivos de la dictadura fascista, Corvalán expuso un lúcido informe sobre los grandes méritos de la revolución chilena pero también sobre los errores de la izquierda y en concreto del PCCh. Singularmente, habló del “vacío histórico” del partido en su relación con las Fuerzas Armadas y la concepción del poder.
NOTAS:
1. Amorós, Mario: Pinochet. Biografía militar y política. Ediciones B. Barcelona, 2019, pp. 100-102.
2. Casanueva Valencia, Fernando y Fernández Canque, Manuel: El Partido Socialista y la lucha de clases en Chile. Quimantú. Santiago de Chile, 1973. pp. 213-217.
3. Desde la fundación del FRAP, en el seno de esta coalición –y después en la Unidad Popular- coincidieron dos estrategias políticas distintas. Por una parte, el Partido Socialista planteaba la conformación de un frente clasista con un programa de construcción inmediata del socialismo (la línea del Frente de Trabajadores). Por otra, el Partido Comunista postulaba la línea del Frente de Liberación Nacional, que propugnaba una alianza de la izquierda marxista con los sectores progresistas de las clases medias para avanzar de manera gradual hacia la transformación socialista de la sociedad.
4. Corvalán, Luis: Camino de victoria. Horizonte. Santiago de Chile, 1971. p. 92.
5. Arrate, Jorge y Rojas, Eduardo: Memoria de la izquierda chilena. Tomo 1 (1850-1970). Javier Vergara Editor. Santiago de Chile, 2003. pp. 445-446.
6. La Unidad Popular fue fundada por los partidos Comunista, Socialista, Radical y Socialdemócrata, el Movimiento de Acción Popular Unitaria (una escisión del Partido Demócrata Cristiano) y la Acción Popular Independiente (integrada por los residuos de la fracción progresista del movimiento que apoyó a Ibáñez en 1952).
7. Corvalán, Luis: De lo vivido y lo peleado. Memorias. LOM Ediciones. Santiago de Chile, 1997. p. 118.
8. Castells, Manuel: La lucha de clases en Chile. Siglo XXI. Buenos Aires, 1974. pp. 372-373.
9. Corvalán (1970), pp. 385-402.
10. En mi último trabajo (Entre la araña y la flecha. La trama civil contra la Unidad Popular. Ediciones B-Chile, 2020) examino la declaración pública aprobada por la Comisión Política del Partido Comunista de Chile el 10 de septiembre de 1973, publicada al día siguiente en su periódico, El Siglo.
(*) Publicado en el nº 10 de la revista Nuestra Historia (FIM).







