La migración es algo que ha estado en mi familia siempre presente desde la guerra civil. Mi tío salió a Alemania en los 60. Después salió el hermano de mi tío, mi padre, en 1974. Yo me quedé con mi madre. En 1994 se fue mi primo a Alemania y con mi familia salimos en 2013. Emigró casi toda la familia en la década de los 60. Mi padre es descendiente de gallegos y por ahí comienza la cosa. Luego el mayor de los hermanos de mi padre se va a vivir a Holanda.
De Cuba a Alemania
Hace once años, Mateo González, un joven cubano de origen español de 32 años, decidió irse a vivir a Alemania con su familia por problemas económicos y actualmente forma parte de los miles de ilegales indocumentados que emigraron a materializar el sueño europeo.
“Salí de Cuba hacia Alemania con la finalidad de realizar estudios de doctorado, con una carta de invitación que me hizo mi hermana. La verdad, le digo, Alemania es muy bonita y tiene más desarrollo que Cuba pero los alemanes son muy fríos y el idioma bien difícil de aprender. Al final me decidí a venir a probar suerte. Siempre me gustó por el reto del idioma, el clima y los lazos históricos que tenemos ambos países: mi abuela y mi abuelo eran alemanes. Le tenía mucho miedo a no encontrar un empleo que está bien difícil. Si me fuera de Alemania, me iba a Estados Unidos. Ya sabe, todos los cubanos terminamos allí. Al principio no me quería quedar, ya que toda mi familia estaba en Cuba y, además, en Cuba te meten mucha ideología contra el sistema capitalista, que es malo, que hay pobreza, que hay drogas, en fin, que es un sistema injusto donde nadie puede vivir. Pero me fui dando cuenta de que depende con quien te relaciones y de los caminos que tomes aquí en Alemania. A pesar de mis miedos, me fui adaptando al sistema de vida alemán y me di cuenta de que debía buscar un futuro mejor para mi vida profesional. Además, aquí uno puede decidir sobre su vida libremente sin pedirle cuentas a nadie. En Cuba todo lo deciden por ti. Yo, la verdad, aunque mañana tenga que trabajar barriendo calles, que no es ninguna deshonra, aunque sea profesional, me siento con mucho mejor estatus social aquí, en Alemania, que en Cuba, aunque sea duro decirlo porque Cuba es mi país, en el que nací. Aquí en el capitalismo uno aprende que lo importantes es trabajar en donde sea. Ese primer año sin mi esposa fue fatal. Tuve que reinventarme. En Cuba yo ayudaba a mi esposa, pero, para serle sincero, aunque ella era profesional se ocupaba de las tareas de la casa. Al año y medio ya estaba aquí conmigo. Qué hubiera hecho sin ella. A mí no me gusta el machismo que todavía se vive en Cuba. En Alemania la cosa es diferente. Aquí, si una cocina el hombre lava los platos. Si una trabaja, cuando llega a casa el hombre debe tener la cena echa”.







