El largo camino del PCE en la defensa de las personas LGTBIQA+

El empeño de habitarnos

Foto: Archivo Histórico PCE

“Me empeño en habitar algo/que aun no me pertenece. No hay sosiego/si miras desde el filo”.
Ángelo Néstore

No es banal hablar de defensas sostenidas en el tiempo y referirlas como históricas. Significa que están ancladas en un fuerte análisis de los principios y una férrea construcción temporal en torno a los diagnósticos y soluciones propuestas. Cuando referimos la lucha en defensa de los derechos y personas LGTBIQA+ del PCE e Izquierda Unida, lo hacemos además como parte de la construcción de un sujeto revolucionario feminista, antipatriarcal y anticapitalista.

La construcción de este sujeto pasa por un análisis de las condiciones materiales colectivas, pero también por un análisis del origen de la opresión a determinados colectivos en el sistema capitalista. Es importante para lograr esto, bajo mi punto de vista, no caer en el reduccionismo del materialismo mecánico, harto criticado por Marx, Engels o Lenin y a su vez realizar un acercamiento a todas aquellas teóricas que, también desde el feminismo marxista, actualmente debaten con nosotras la integración del género en la práctica marxista que no encontramos en textos anteriores.

Son interesantes las cuestiones que plantea, por ejemplo, Holly Lewis, desde el concepto sexo/género de Gayle Rubin. En La política de todes, Lewis dice “el sentido social de los atributos corporales, depende del contexto, dictado por las disposiciones sociales materiales”, la normatividad asociada al cuerpo depende de la organización social dada por las necesidades materiales del tiempo histórico concreto. Sí, la propia existencia de las personas trans supone una agresión para el capitalismo y los feminismos burgueses y de ahí la precarización de sus vidas expulsadas a los márgenes. Son las relaciones sociales y productivas quienes nos manifiestan dentro o fuera de “la norma”, también en lo referido a nuestra orientación sexual y nuestra identidad o expresión de género disidente del patriarcado.

Socializar la disidencia a la norma sigue estando socialmente penado y, precisamente porque el género es un conjunto de normas políticas, sociales, culturales, económicas y legislativas que atribuyen a los cuerpos una función social, nuestra identidad, también en lo que se refiere a este, consta de una autopercepción y de una vivencia personal y su traslado a la esfera social y pública, generando conflicto social en los casos de resistencia a la norma, como es el de las personas trans.

La tercera ola del feminismo recogió esta alianza, feministas y personas LGTBIQA+ desde la negación a la subordinación de la norma patriarcal y capitalista, desde la resistencia a la norma social y de producción en torno a nuestra orientación sexual y nuestra identidad o expresión de género, construimos una propuesta política, social e institucional que muy pronto puede materializarse.

Trabajamos de forma estrecha y coordinada con organizaciones trans, de personas LGTBIQA+ y feministas con una voluntad, mejorar las condiciones materiales de vida de un colectivo de personas para igualar nuestras condiciones como clase y continuar la batalla contra el sistema capitalista y patriarcal.

De la transfobia a la lucha por la igualdad

Es decir, no vemos las leyes como soluciones por sí mismas a la opresión y la discriminación sistémica, pero son imprescindibles si queremos la oportunidad de construir un sujeto político y social revolucionario. Los delitos de odio por razón de orientación sexual o identidad y expresión de género no han dejado de crecer desde 2013 que se analizan. Un estudio realizado por FELGTB en España, en 2019, a jóvenes trans de 16 a 24 años, señalaba que un 58% sufrieron transfobia durante la etapa escolar; el abandono escolar antes de finalizar el primer ciclo obligatorio de educación secundaria era un 17% mayor de la media, la tasa de desempleo de las personas trans triplica la media estatal. Un 17% de las personas menores LGTBIQA+ que han sufrido acoso escolar intentaron suicidarse. El 35% de las personas LGTBIQA+ sufren acoso y discriminación en su centro de trabajo. El 48% de las personas trans ha sufrido un trato discriminatorio en el sistema sanitario por causa de su identidad de género. Las personas mayores LGTBIQA+ con síntomas de depresión y/o ansiedad triplican los datos de la población general. Estos y otros datos son los que nos señalan como primera tarea la mejora de condiciones de vida de las personas trans y la población LGTBIQA+.

Estamos más cerca que nunca de que nuestra propuesta política sea ley. De que la apuesta por la defensa de las vidas en igualdad, que el PCE comenzó en la dictadura y luchó en transición y democracia, sea realidad. Recogimos una lucha colectiva de origen obrero, del despertar de mujeres obreras, trans y racializadas, que dio lugar a una lucha colectiva de disidencias sexuales y de género; defendimos las vidas, también, de quienes eran perseguidas por ser personas LGTBIQA+ durante la dictadura franquista; creamos el Movimiento Democrático de Homosexuales; defendimos que dejase de ser ilegal cualquier orientación no heterosexual y lo conseguimos; luchamos por la eliminación de los expedientes policiales y lo conseguimos; fuimos las primeras con Izquierda Unida en solicitar el derecho a sus propias decisiones de las personas trans.

Ahora, a punto estamos de lograr el siguiente objetivo que nos marcamos respecto a la igualdad de trato y sin discriminación por razón de orientación sexual e identidad o expresión de género en lo familiar, social, político, económico y jurídico. Dos proyectos de ley reconocen la construcción de una sociedad en diversidad, que despatologiza la vida de las personas trans, que desmedicaliza sus vidas, que reconoce el derecho a la identidad sin tutelas, que cumple con los estándares más elementales de derechos humanos y que reconocen uno de los derechos más elementales, el derecho a ser.

Y sentimos el orgullo de hacerlo, también, desde un feminismo marxista, de clase, que sigue penetrando por las brechas del capitalismo y el patriarcado. Si no estamos todas, no es feminismo.

Portavoz Federal de ALEAS, Red de Políticas LGTBIQA+ de Izquierda Unida

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