La izquierda, los movimientos y sectores alternativos en Colombia se preparan para la posibilidad, y la extrema necesidad, de derrotar en las elecciones parlamentarias de marzo de 2022 al uribismo y sus aliados, paso obligado para ir por todas en las presidenciales de mayo. Es absolutamente claro que sin una fuerza mayoritaria y decisiva en el congreso, toda posibilidad de transformación democrática, progresista, social o de decencia parlamentaria se estrellará contra unas mayorías clientelares, corruptas y mafiosas. Es lo que ha pasado toda la vida y con mucha fuerza pasa hoy día, cuando las mayorías en el congreso son delincuentes puros y duros.
El descrédito del congreso, la impopularidad del uribismo, las encuestas que favorecen la candidatura presidencial de Gustavo Petro, la fuerza y simpatía que despiertan otras candidaturas alternativas que participarían de una consulta en el marco del Pacto Histórico, plantean la perspectiva de un gran resultado electoral, y mucho más si se logra que buena parte del descontento que se expresó en el Paro Nacional se refleje en las urnas. El Pacto Histórico lo conforman un amplio espectro de partidos y movimientos de izquierda como Colombia Humana, Unión Patriótica, Polo Democrático Alternativo y se han venido adhiriendo reconocidas figuras de las organizaciones sociales y dirigentes políticos que se vienen desprendiendo de los partidos tradicionales.
Un intenso debate se ha dado en torno a si las listas al congreso deben ser abiertas o cerradas. Finalmente se ha definido que para el Senado la lista será cerrada y a la Cámara de representantes abiertas. La lista al Senado será cremallera y deberá garantizar la presencia de diversos sectores sociales, étnicos y regionales.
El Senado en Colombia tiene mayor peso político que la Cámara , al contrario de España, donde el Senado, teniendo su papel e importancia, no deja de ser un cementerio de elefantes o refugio para las baronías electorales regionales que van siendo reemplazadas. Los grandes cuadros políticos aspiran a ser parte del Senado, por su importancia y por ser de circunscripción nacional. No tiene cuotas regionales como el Senado en España, donde una parte la conforma un grueso número de senadoras y senadores que no se someten a las elecciones y que son designados por los parlamentos autonómicos.
Como es apenas normal hay un gran debate en torno a la decisión tomada de que la lista al Senado sea cerrada. Hay aplausos y hay enfados. Que la lista abierta es más democrática, que la cerrada sería por acuerdo burocrático de las cúpulas, que la competencia entre las diversas candidaturas de una lista abierta genera más votos, que se quiere una bancada al congreso que sea unificada y no elegir a congresistas que lleguen cada cual por su cuenta y riesgo, que los egos por aquí o por allá. Es muy difícil saber con precisión qué es más efectivo para elegir un mayor número de senadores, si la lista abierta o cerrada. Cada cual saca sus propios números. Es arriesgado decir por adelantado que la conformación de la lista será un proceso amañado por alguien o por algunos. Está tomada la decisión de la forma, no de los procedimientos.
Optar por el voto preferente favorecía la conformación de las candidaturas cuando participaban diversos partidos y movimientos en la misma. La experiencia conocida en elecciones de los años ochenta, cuando no existía la posibilidad de la lista abierta es que se abrían esperanzadores procesos unitarios, se definían los programas, todo muy unitario, hasta que llegaba el momento de elaborar la lista y ahí se rompía todo, no habían acuerdos y cada cual se iba con su propia lista. La reforma electoral que estableció la posibilidad de la lista abierta “resolvía” el problema. Cada quien dentro de la lista hacía su propia campaña, con sus propios recursos, sus propios mensajes, carteles etcétera. Y quien obtuviera más votos dentro era elegida o elegido, de acuerdo al número de curules que hubiera ganado la suma de todos los votos.
El problema es que por esta vía se puede, no elegir una bancada, sino un número de congresistas que son dueños y amos absolutos de su curul y sus prebendas. Que una cosa es unirse y otra arrejuntarse. En Colombia un congresista, además de ganarse un sueldo de 45 salarios mínimos, que es un escándalo, puede designar su propio equipo de asesoría – UTL- para lo que puede contar con un monto salarial mensual de 50 salarios mínimos. Sin ser parte del poder, un congresista, cualquiera, tiene ese, no tan pequeño poder, de su gran salario, más coche, escoltas, conductores, teléfonos, tiquetes aéreos y otras prebendas, y unos empelados fieles y complacidos. Esta individualización del poder y de la representación no ayuda a consolidar proyectos políticos colectivos, sino empresas electorales individuales. Es obligatorio reconocer que en la actual legislatura del congreso un sector de la bancada de la oposición, que ahora es el alma del Pacto Histórico, ha sabido mostrar coherencia y disciplina de equipo. Con algún oportunista que se fue a las toldas uribistas a las primeras de cambio.
La individualización de la política y la profesionalización de los políticos, los egos y el clientelismo le dan fuerza a la idea de la lista cerrada como posibilidad de recuperar el nosotros, lo colectivo, el proyecto. No es automático. Solo una posibilidad.
Sacar una gran bancada parlamentaria como paso previo a ganar la presidencia, no dependerá solamente de la sumatoria de esfuerzos aislados, sino de la construcción colectiva de una gran ilusión, de un inmenso sí se puede, que actúe como un tsunami electoral arrollador.
(*) Jaime Cedano Roldán es militante comunista, superviviente del genocidio contra la Unión Patriótica en Colombia. Escritor y conductor del programa radial«Suenan Timbres»








