7 de octubre, Jornada Mundial por el Trabajo Decente

El trabajo decente en la era digital

Marx ya alertó que las innovaciones tecnológicas son un arma crucial utilizada por el capital en la lucha de clases. Hay que gobernar esa transformación tecnológica

“Por más que cambien los mecanismos de producción, la política no puede renunciar al objetivo de lograr que la organización de una sociedad asegure a cada persona alguna manera de aportar sus capacidades y su esfuerzo. Porque no existe peor pobreza que aquella que priva del trabajo y de la dignidad del trabajo. En una…

El 7 de octubre se celebra la Jornada Mundial por el Trabajo Decente, promovida por la Confederación Sindical Internacional (CSI), con el objetivo de universalizar las políticas dirigidas al pleno empleo y un trabajo con derechos. Esto es: un trabajo que permita acceder a las personas a unos ingresos justos y a protección social en igualdad de oportunidades y trato para hombres y mujeres, al mismo tiempo que ofrezca seguridad laboral, desarrollo profesional y permita a los trabajadores y las trabajadoras organizarse y participar de aquello que les afecta.

La distancia de cada país del mundo respecto al horizonte del trabajo decente es muy dispar y, por tanto, las prioridades de cada organización sindical que constituyen la CSI difieren según la realidad concreta en la que desarrollan su actividad. En este sentido, la Confederación Europea de Sindicatos (CES), espacio organizado que reúne al movimiento sindical europeo, y que forma parte de la CSI, ha decidido centrar su reivindicación en la esfera de las conocidas como plataformas digitales, exigiendo a estos nuevos modelos de negocio que respeten las reglas y reclamando un trabajo decente para sus trabajadores y trabajadoras.

El uso de la innovación tecnológica no es neutro

Esta campaña impulsada por la CES ilustra de forma muy precisa la creciente preocupación y ocupación del movimiento sindical por el impacto de la transformación tecnológica digital sobre el mundo del trabajo y las relaciones laborales. La mejora en la conectividad durante las últimas décadas, junto al incremento exponencial de las capacidades de procesamiento de las computadoras y en la recogida y acumulación de datos, la materia prima que alimenta esta nueva disrupción tecnológica, están teniendo ya consecuencias en las formas de producir bienes y servicios, las formas de trabajar y la calidad del trabajo, así como en la manera de ejercer el poder empresarial. De esta forma se nos abre un desafío mayúsculo en el presente, pero también a futuro.

Hay quienes mantienen un determinismo tecnológico interesado y nos prescriben que nada se puede hacer. Que simplemente nos queda adaptarnos a lo que las tecnologías digitales nos imponen. Es la nueva voluntad de los dioses. Frente a esta posición el movimiento sindical es consciente de que ninguna innovación tecnológica en este sistema es neutra; ni es un fenómeno objetivo. En efecto, un destacado industrial francés del siglo XIX señaló abiertamente que los objetivos que buscaba con la incorporación de las nuevas tecnologías de aquel entonces al proceso productivo eran incrementar la precisión en los procesos de trabajo, aumentar la productividad y quitar poder y disciplinar a los trabajadores. Como acertadamente argumentó Marx, las innovaciones tecnológicas son un arma crucial utilizada por el capital en la lucha de clases.

Ni las novedosas tecnologías digitales, ni ninguna otra, imponen una única forma de aplicarlas. La relación entre la tecnología y el mundo del trabajo y las relaciones laborales no es lineal, sino que es una relación compleja condicionada por estructuras sociales e institucionales; es una relación mediada por el poder. No está escrito en las estrellas, ni tampoco es voluntad de estos nuevos dioses, que en nuestros países desaparezcan un porcentaje abrumador de empleos como consecuencia de las capacidades de automatización que promueven estas nuevas tecnologías, como señalan algunos estudios de conocidas consultoras; ni que la precariedad y la desigualdad se extiendan como una mancha de aceite; ni que al Derecho del Trabajo, nuestros derechos individuales y colectivos, le quede un asalto porque pasaremos todos a ser emprendedores. La partida se disputa en la cancha grande de la sociedad, la cual acepta, resiste, regula o adapta las innovaciones tecnológicas.

Gobernar la transformación tecnológica digital

Es en esta cancha grande donde tiene cabida la capacidad de agencia de los trabajadores organizados, donde tiene cabida el seguir luchando por un trabajo decente y exigiendo políticas públicas encaminadas a alcanzar este fin. Esta convicción orienta al movimiento sindical en España para afrontar este desafío desde nuestra actividad cotidiana en la negociación y la movilización. Como resultado tenemos la aprobación de nuevas leyes que regulan la desconexión digital, el teletrabajo, el trabajo que realizan los conocidos como riders, las trabajadoras y los trabajadores de las plataformas digitales de reparto, o las nuevas formas de ejercer el poder empresarial a través de algoritmos y/o sistemas de inteligencia artificial. Pero también la negociación colectiva está dando resultados en este campo, como puede comprobarse en diferentes convenios colectivos, por ejemplo el capítulo de derechos digitales recogido en el convenio de banca.

Tenemos un gran reto por delante: gobernar la transformación tecnológica digital para que nadie se quede atrás y que los beneficios asociados se distribuyan de tal manera que sea la mayoría social, y no únicamente una minoría, la beneficiada de este proceso. En este sentido, el trabajo decente, reivindicación de este 7 de octubre, debe seguir siendo una brújula que nos guíe en nuestra acción sindical, porque como señala el Papa Francisco “es posible anhelar un planeta que asegure tierra, techo y trabajo para todos”, por muy digital que sea nuestra época. En ello estamos.

Secretario de Juventud y Nuevas Realidades del Trabajo de CCOO

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