El próximo 14 de noviembre se celebrarán en Argentina elecciones legislativas. Aunque el mandato del actual presidente no finaliza hasta octubre de 2023, en estas elecciones de medio término se renovarán 127 de los 257 escaños de la Cámara de Diputados y 24 de los 72 del Senado.
En las primarias del 11 de septiembre la suma de los distintos candidatos y marcas electorales del principal partido de la oposición, Juntos por el Cambio, consiguió un 9% más que el partido del gobierno, el Frente de Todos. En muchos lugares la derecha macrista presentó varias listas cuyos candidatos compiten en internas, lo que impide hacer una correlación directa entre los votantes de cada uno de dichos candidatos y su voto en las elecciones legislativas. Si a esto le sumamos que hubo casi un 32% de abstención, el Frente de Todos está dispuesto a intentar dar la vuelta a estos resultados y revalidar la victoria que le permite gobernar desde diciembre de 2019, apenas tres meses antes del comienzo de la pandemia.
El gobierno presidido por Alberto Fernández lleva un buen ritmo de vacunación con un 52,5% de la población argentina completamente vacunada y casi un 67% con al menos una dosis. También hubo un aumento de la inversión en sanidad y en la reorganización del sistema sanitario, tratando de paliar la situación de abandono provocada (al igual que en el resto de servicios públicos) por el anterior gobierno presidido por Mauricio Macri que saqueó los recursos del país y generó una deuda impagable e ilegítima mientras espiaban y encarcelaban a la oposición y a dirigentes sociales.
El principal problema que enfrenta el actual gobierno es su incapacidad para revertir o siquiera mejorar alguno de los indicadores sociales y económicos del país con un 40,6% de la población por debajo del umbral de la pobreza, una inflación anual del 52,5% y una pérdida del poder adquisitivo de los salarios del 44% en los últimos 8 años. Las medidas que ha tomado hasta ahora el poder ejecutivo argentino se muestran más que insuficientes para cambiar esta, para la gran mayoría, cruel e inhumana situación. Estas medidas han tenido un carácter meramente redistributivo, sin pretender afectar ni al modelo productivo ni a la concentración del capital.
Como ha demostrado el sistema capitalista en todo el mundo, en Argentina la actual crisis ha servido también para aumentar la insultante diferencia entre los más ricos y los más pobres, agravando la situación de emergencia social en el país. Una nueva ocasión para comprobar fehacientemente que el capital no derrama nada hacia la clase trabajadora si no se le obliga decididamente y que necesita asegurarse la existencia de un numeroso ejército industrial de reserva.
Si bien es habitual la excusa de la herencia recibida, los cuatro años del gobierno de Mauricio Macri esquilmaron las reservas y recursos del país, se repartieron una ingente fortuna, destrozaron los servicios públicos, persiguieron a opositores, endeudaron de forma consciente y criminal a la Argentina mientras se llevaban el dinero fuera del país con la igualmente criminal complicidad del FMI y usaron los medios de comunicación afines y el sistema judicial de una forma totalmente mafiosa. Son la vieja derecha golpista que se sabía libre de actuar e impune una vez que la oligarquía dueña del país tenía todos los mecanismos e instituciones del Estado a su entera disposición. La derecha y los poderes concentrados que, aunque pierdan las elecciones, siguen controlando el poder mediático, el poder judicial y, al ser un pequeño grupo de propietarios tanto de la tierra como de los medios de producción, controlan también tanto la producción como la distribución y la venta de todo lo necesario.
El Frente de Todos que llevó a la presidencia a Alberto Fernández es una coalición electoral muy heterogénea de la que forma parte el Partido Comunista de la Argentina, manteniendo un discurso de clase, antiimperialista y anticapitalista. Una de sus principales reivindicaciones es la unidad de todas las fuerzas populares en contra del FMI y de las políticas neoliberales. Aunque minoritaria, ha conseguido mantener una voz propia y hacer que se escuchen las reivindicaciones de la clase trabajadora mientras intenta convertir al frente en un verdadero espacio político, no sólo electoral.







