Madres paralelas

El Almodóvar más valiente rompe su silencio político para mostrar al mundo la realidad del franquismo

En 1989, al ser preguntado sobre el contenido político (o más bien la ausencia en su cine), Pedro Almodóvar manifestó que no quería permitir al recuerdo del franquismo ni siquiera existir a través de sus películas. Este año, sin embargo, ha sacado adelante este proyecto que venía ideando durante dos décadas. La razón no puede ser más contundente: el auge de VOX y de la derecha reescribiendo la historia sin escrúpulos ni vergüenza.

Según sus propias palabras en una reciente entrevista: “Me pareció que era más necesario que nunca recordar de dónde venimos y contrarrestar el revisionismo de la extrema derecha”. No es que no haya tocado temas políticos en alguna película como Carne Trémula (1997), donde se inicia la acción con la voz de Fraga anunciando el estado de excepción. Almodóvar no ha sido nunca ajeno a cierto compromiso político pero nunca hasta ahora había sido el tema central de su cine. Como hecho poco conocido cabe destacar que el cineasta estuvo a punto de adaptar las memorias de Marcos Ana al cine por su admiración hacia el poeta.

Dos líneas argumentales cruzadas

Tal vez porque la acción vital de las protagonistas se desarrolla paralela a un tema tan serio como la memoria histórica, Almodóvar ha dejado su lado más estridente y frívolo en favor de una narrativa más austera y conectada con la cotidianidad. Es evidente el cambio en el tratamiento del guion, eso sí, conservando señas de la casa como la estética colorida o guiños a su inestimable reivindicación LGTBIQ, aunque esta vez de manera mucho más anecdótica.

Las protagonistas son dos mujeres de diferentes generaciones y con ascendencia familiar políticamente opuesta. Ana, interpretada por Milena Smit, pertenece a una familia acomodada presumiblemente de derechas mientras que el personaje de Janis es una mujer independiente que intenta durante años exhumar los restos de familiares represaliados por el franquismo.

La acción se sitúa en el mandato del PP en el que Rajoy se enorgullecía de “no destinar un duro a la Ley de Memoria Histórica”.

Penélope Cruz hace uno de los mejores papeles de su carrera, reconocida con la Copa Volpi en la Muestra de Venecia.

El azar hace que estas dos mujeres se encuentren en el hospital a punto de dar a luz, siendo ambas madres solteras.

Una de las mejores películas de Almodóvar

El resultado es un canto a la sororidad, una mirada al mundo de la mujer, no ya como heroína o con la excentricidad de su habitual discurso, sino a la mujer cotidiana, al empoderamiento de quien decide llevar una existencia no normativa y encuentra en otras mujeres sus mayores aliadas. Esa madurez cinematográfica se refleja en unos diálogos muy intimistas, no exentos también de ironía política con frases como “todos los actores son de izquierdas” o “yo soy apolítica porque tengo que gustar a todo el mundo”.

El mayor valor de Madres Paralelas reside en conectar varias generaciones de nuestra historia. En una escena muy simbólica, se ve a la niña aún muy pequeña de Janis observando los restos de la fosa común donde yace su bisabuelo.

Al margen de la historia de sus dos protagonistas, Almodóvar trata de manera muy obvia (incluso muy explicativa) los fusilamientos, la realidad del franquismo y de una transición que no ha compensado a las víctimas. Puede resultar innecesario para el espectador español pero hay que tener en cuenta que Pedro Almodóvar es nuestro director más internacional y hace un esfuerzo didáctico para que sea comprendida por el público de cualquier país. Y parece que así ha sido, ya que en Estados Unidos se está considerando su mejor película y ha sido recibida con gran afluencia en las salas y ovaciones en Francia.

No así en España donde es, de momento, la segunda película menos vista del director detrás de Julieta (2016). Este relativo fracaso comercial no ha extrañado al cineasta que afirma que se imaginaba que no tendría buena acogida por parte de esa media España que castiga a los artistas y su obra. Esa España que decidió que los actores eran su enemigo por su No a la guerra en la Gala de los Goya de 2003. La misma que arrebató una calle a Alberti o Pilar Bardem en cuanto pudieron, exhibiendo un carácter vengativo y ciego, incapaz de reconocer la valía del legado artístico y cultural al margen de las diferencias políticas.

Los del otro lado, los que aún seguimos buscando por las cunetas, solo podemos dar las gracias a todos ellos y a Pedro Almodóvar con sus Madres Paralelas por tener la valentía de mostrarse en el lado correcto de la historia.

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