El sainete trágico de la reforma laboral

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En su libro La distancia del presente, D.B. inauguraba un nuevo subgénero literario, el sainete trágico, para definir la política del Partido Popular en los años del gobierno de Mariano Rajoy y sobre todo como una forma de entender el funcionamiento del capitalismo español.

El sainete trágico como género literario pareció caer en el olvido una vez Mariano Rajoy fue descabalgado del gobierno, moción de censura mediante. Se inauguró una nueva época, nuevas formas, nuevos liderazgos en la derecha, un ascenso de la ultraderecha inédito en España y por fin, y también inédito, un gobierno de coalición que auguraba días apasionantes y una vuelta al debate político, distinto pero igual de intenso que en la época del ascenso de Podemos y su intento de tomar el cielo por asalto.

Nuevas formas decíamos pero también nuevos géneros literarios. El drama, el thriller político e incluso la tragedia griega se percibían como las nuevas tendencias que iban a ser prominentes en una legislatura de coalición electoral atrapada en sus contradicciones, con una derecha incapaz de encontrar su sitio político, atrapada entre su intento de ser oposición moderada y a la vez disputar el trono del histrionismo, el bulo y la falacia a la extrema derecha que marcaba la agenda política del espectro a la derecha del PSOE.

El jueves, sin embargo, en un día que se antojaba como histórico, todos los géneros y subgéneros mencionados convergieron en la jornada que debía haber quedado grabada en el imaginario colectivo de la izquierda como el día en que por primera vez se recuperaban derechos laborales.

El sainete trágico y, por qué no decirlo, la justicia poética, se dieron en la aprobación de la reforma por el error de un diputado oscuro y casi anónimo del PP, protagonista de memes y escarnio público, que equivocó su voto y permitió no sólo que se convalidara la reforma laboral sino que desactivó el intento de tamayazo de los miembros de UPN que habían garantizado su voto a favor de la reforma y que tras una supuesta reunión con miembros de VOX y del PP cambiaron el sentido de su voto con excusas sonrojantes y poco o nada creíbles.

Pero la tragedia, no hay que olvidarlo, estuvo a punto de darse y pudo irse al traste una reforma laboral que no es la mejor pero que recupera derechos y, mucho más importante, cambia una tendencia en el marco de las relaciones laborales. La responsabilidad de haber llegado a esta situación tiene nombres propios y son los del BNG, EH Bildu y ERC.

No nos engañemos, la negativa a la reforma por parte de estos tres partidos no hay que buscarla en la supuesta tibieza de la reforma, ni en su búsqueda de mayores derechos laborales, no era, como escribía Joan Tardá en Público, “el no del republicanismo al trágala de la reforma laboral”. La realidad es que el no era una postura política premeditada y amparada en un cálculo electoral que tenía un objetivo claro. Debilitar a Yolanda Díaz, debilitar su persona y que el futuro proyecto electoral que presumiblemente echará a andar y que suscita todos los consensos de la izquierda transformadora no nacionalista naciera cojo y tocado.

Las izquierdas nacionalistas hace tiempo que creyeron ver amortizado y en decadencia el espacio político de Unidas Podemos, máxime después de sus grandes resultados en las elecciones gallegas, vascas y catalanas y el naufragio de las candidaturas de UP. El nacimiento, en cambio, de un proyecto comandado por la política mejor valorada, que es la responsable de un ministerio de tanta sensibilidad para la izquierda como es el de trabajo y que ha cosechado éxito tras éxito en su desempeño, tenía que ser boicoteado y qué mejor forma que hacer naufragar la medida estrella de la legislatura, situarse ellos como los garantes de la clase trabajadora y colocar a UP como traidores por aprobar una reforma con los votos de la derecha. El propio Gabriel Rufián lo admitió, definiendo el proyecto de reforma como “un proyecto personal” de Yolanda Díaz y no como lo que es, un nuevo marco de relaciones laborales. Rufián dejaba clara la posición de ERC: no votar algo que les dejaba en posición subordinada ante Yolanda Díaz y en un éxito que ERC, y también BNG y EH Bildu, no podrían capitalizar. Que se mejoraran las condiciones laborales era secundario ante la posibilidad de reforzar un espacio electoral que el nacionalismo periférico considera como propio y que hay que conquistar y defender de organizaciones políticas que no sean ellas mismas. A ERC, EH Bildu y BNG siempre les ha molestado la existencia de IU en su momento y de UP ahora. Y aunque su esperanza era que la reforma se aprobara sin sus votos para poder justificar su postura contraria, la tragedia y el sainete trágico que estuvo a punto de culminar ayer tiene a estas organizaciones como únicos responsables.

(*) Responsable de Comunicación de Esquerda Unida y militante del PCG

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