Cuando se habla de asaltar, se genera en nosotros una imagen de saltar. Como un gesto de ataque que implica un momento de suspensión. La suspensión de cuando damos un salto muy alto. Ese momento pequeño, en el que no sabemos si se impondrá la gravedad, o empezaremos a flotar.
(A)saltar = (caer)/(flotar)
Al menos ese es el proceso que se genera en mí.
Casi siempre, gana la gravedad y caemos. La materia siempre se impone. Así que no nos queda otra que exigirnos a nosotros mismos llenar esa materia con algo que se escape de ella. Es decir, tenemos que exigirnos pensar en que vamos a flotar cuando saltemos, aunque sea poco probable.
Paradójicamente, alguna vez se habló de asaltar el cielo. De tomar el cielo por asalto. Como si tuviera sentido llegar hasta el cielo de un salto. Como si tuviera sentido llegar hasta el cielo.
Viridiana es una novicia que ha pedido la inocencia a manos de su tío, un rico terrateniente que vive en unas tierras rurales. El tío de Viridiana, termina por suicidarse, momento en el que la novicia, decide no volver al convento y quedarse en la finca de su tío, que se convierte en un lugar de hospedaje para indigentes y marginados. La película se sigue desarrollando hasta la secuencia final. En la que los amparados aprovechan la ausencia de Viridiana para tomar la finca y convertirla en un lugar para el ocio y la blasfemia general. Qué divertido.
Viridiana fue el retorno a España de Buñuel, que jugueteó con la censura para ponerla a su favor en su retrato crítico sobre la caridad cristiana y el caciquismo rural. Creo que no puedo gastar mucho más espacio resumiendo la película, porque es demasiado buena como para que pueda resumirse en palabras.
Tomo como punto de partida esta última secuencia, que culmina la idea central de la película, para seguir con la idea de asaltar el cielo.
Cuando los personajes toman la casa, se puede pensar que han ganado. Que han llegado a un lugar que les era prohibido (que se les prohíbe expresamente), y que por lo tanto, han conseguido el espacio que merecen.
El problema puede ser precisamente ese (o puede que no), pensar que hay un espacio que merecen. Trazar una diferencia señalando que existe un cielo que hay que asaltar. Cuando la realidad es que la misma idea de que existe un cielo, ya es un problema.
Si asaltas el cielo, siempre serás un intruso en ese paraíso hipotético. Por eso mismo la idea de asaltar, no sirve. No es útil a la hora de hablar de conquistar derechos. Sobre todo, porque habrá alguien que no esté en condiciones de hacer ese salto implícito. El cielo no hay que asaltarlo ni conquistarlo, hay que barrerlo hasta que desaparezca.
En Viridiana podemos verlo, no sirve de nada asaltar el espacio de privilegio. Hay que eliminar el espacio de privilegio, o dicho de otra forma, hay que convertir el mundo de los mortales, en un espacio de privilegio.
Buñuel, lo plantea de forma muy clara. La conquista de los privilegios, son una ilusión y una consecuencia de la pirámide social. La pirámide en sí, es una confrontación en la que estamos obligados pisar al estamento inferior. Hemos de tener la capacidad de construir (no de crear). Construir un mundo nuevo, que no sea una novedad sino un hecho colmado de verdadera convicción.
No nos dejemos llevar por querer usurpar el cielo, el cielo que se lo queden ellos. Nosotros acabaremos por atarlo al suelo.
Ni saltos ni asaltos.
(*) Afiliado de IU Euskadi. Estudiante de Bellas Artes







