Estamos asistiendo a un aumento progresivo y constante de los problemas de salud mental en los niños y las niñas, los adolescentes y los jóvenes. Según UNICEF, nueve millones de adolescentes europeos entre 10 y 19 años padecen una enfermedad mental. España es el país europeo con más niños y adolescentes con problemas de salud mental: el 20’8% de los jóvenes de entre 10 y 19 años. Los datos del INE indican que entre los 15 y los 29 años la primera causa de muerte no natural es el suicidio, siendo la primera vez que España alcanza 14 suicidios de menores de 15 años, duplicando los casos de 2019. Las cifras han aumentado en adolescentes un 30% en el primer año de pandemia.
Nuestra zona no es ajena a esa realidad. En los centros educativos se han disparado los protocolos de autolisis, así como los episodios de ansiedad, los casos de depresión y otros problemas de salud mental. Los intentos de suicidio de jóvenes se han multiplicado por cinco en la región.
El gobierno regional ha hecho caso omiso de las necesidades manifestadas por los centros educativos: los orientadores atienden ratios de hasta mil alumnos por centro, encontrándose desbordados, y no tienen ningún especialista u orientador adecuado. A la hora de derivar a los servicios de salud mental las listas de espera ¡llegan hasta los dos meses!, no permitiendo una asistencia psicológica de calidad.
Nos sumamos a las demandas de las y los docentes que exigen:
–Garantizar un orientador por cada 250 alumnos, tal y como recomienda la UNESCO.
–Crear la figura del psicólogo educativo en los centros para mejor prevenir e intervenir en los problemas de salud mental.
–Aumentar el número de profesionales de la psicología en la sanidad pública, garantizando una intervención eficaz y de calidad.






