La estrategia de la mentira

La saturación desinformativa de Estados Unidos, sus aliados y los grandes medios de comunicación

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Foto: NATO

La mentira siempre acompaña a Estados Unidos. La última ocasión ha sido en Siria, donde, a principios de febrero, el Pentágono dio cuenta de la eliminación del dirigente de Daesh Abu Ibrahim al-Hashimi. En una operación con helicópteros supervisada en directo por Biden, asesinaron a trece personas, entre ellas seis niños. El Pentágono extendió enseguida la mentira, afirmando que el islamista (sin duda, un feroz asesino) se había suicidado junto con toda su familia: ahora Washington quiere hacer creer que sus ejecuciones extrajudiciales son «suicidios».

La hegemonía estadounidense en la información le permite siempre poner el foco de atención sobre los asuntos que le interesan, y de la forma que le conviene, mientras impone su concepto de «libertad de información»: para Estados Unidos, la «prensa libre» es la que está en manos de la plutocracia que defiende el capitalismo, apoya sus guerras y su política exterior y difunde su propaganda y sus engaños. El procedimiento, aunque sencillo, es sumamente eficaz: se basa en una saturación informativa que llega a todos los rincones del mundo: lanzan la intoxicación, filtran falacias, preparan informes de sus servicios secretos que «confirman» sus mentiras y a ese alud se añaden los responsables del gobierno estadounidense, sus aliados, ministros de gobiernos europeos, prensa y televisión, y el coro ensordece al planeta. Además, Washington tiene una doble vara de medir. La última vez, en la cita en Ginebra de Putin y Biden: mientras los medios rusos fueron vetados en la rueda de prensa de Biden, Putin atendió y respondió en su comparecencia a todas las cadenas occidentales. Si no lo hubiera hecho, le habrían acusado de censura.

Porque Estados Unidos recurre sistemáticamente a la mentira. Así es ahora con la alarmante fábula de la «inminente invasión de Ucrania», una intoxicación de sus servicios secretos cuya montaña de falsedades han seguido todos los medios informativos occidentales, desde el Washington Post hasta el New York Times, pasando por la CNN y la Fox, y después reproducida por todos los medios conservadores internacionales. The New York Times repite las mentiras del Pentágono y del Departamento de Estado y la agencia Bloomberg inventa incluso la supuesta petición de Xi Jinping a Putin para que “no invada Ucrania durante los Juegos Olímpicos”, patraña desmentida de inmediato por Pekín.

Así, no extraña que el agresivo e inquietante Stoltenberg afirme que «la OTAN es una organización exclusivamente defensiva», como si el mundo no supiera nada sobre la invención de la «limpieza étnica» en Kosovo, sobre la falsedad para invadir Afganistán, ignorase las groseras mentiras sobre las armas de destrucción masiva en Iraq, los falsos ataques químicos en Siria (preparados por esos Cascos Blancos a sueldo), los inexistentes bombardeos de Gadafi a la población civil en Libia y la manipulación sobre el golpe de Estado del Maidán en Ucrania, en 2014, donde los misteriosos francotiradores eran en realidad mercenarios entrenados por Estados Unidos y Polonia.

Por no citar tantas matanzas del Pentágono y la OTAN: el bombardeo de la embajada china en Belgrado, la destrucción de la televisión yugoslava, la masacre de más de doscientos civiles en Korisa. Mientras, Washington protegía a asesinos, narcotraficantes y comerciantes de órganos humanos como Hashim Thaçi, a quien hicieron presidente de Kosovo donde Estados Unidos tiene la mayor base militar fuera de su territorio. Y la voladura del refugio de Al-Ameriya, en Bagdad, donde solo había mujeres y niños, bombardeado el 13 de febrero de 1991: asesinaron a 408 personas y en los techos quedaron incrustadas las manos carbonizadas de los niños asesinados. Siempre dispuesto a mentir, el Pentágono alegó después que allí se refugiaban militares iraquíes. El 26 de marzo de 2003 bombardearon un mercado en Bagdad, matando a quince personas: en el Pentágono, el general Stanley McChrystal tuvo el cinismo de afirmar que «no sabemos con certeza si ha sido Estados Unidos o las fuerzas iraquíes, no podemos asumir nada, seguiremos investigando». Tres días después reventaron otro mercado bagdadí, matando a sesenta personas, entre ellas veinte niños. Y la matanza de Kabul, en los días de su retirada de Afganistán en 2021.

Todas esas matanzas y otras innumerables integran la historia universal del horror, la mentira y la infamia, porque Estados Unidos pertenece a un universo atroz donde los gángsters son apacibles vecinos y los fríos asesinos siguen tejiendo mentiras en la noche del Pentágono.

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