Tras las elecciones a la presidencia de Colombia del 31 de mayo de 2026, el panorama social y político ha quedado entre congelado y ardiendo. Un limbo en el que la parte progresista de la sociedad no se cree los resultados y la otra parte no puede creérselos.
A los indicios de fallos electorales en las votaciones y en el recuento de los votos, se le pueden sumar algunos otros ´fallos` políticos que han dado como resultado el actual panorama que obliga a una segunda vuelta partiendo de una primera con resultados muy diferentes a los esperados.
Después de una campaña demasiado larga vivida en etapas, con elecciones primarias interpartidistas, con la votación a las cámaras del Congreso y con esas ´cositas` del quehacer político colombiano que no terminan de entenderse, los resultados de los sufragios a la presidencia de la República dejan al país sumido en la incertidumbre. Y no por los datos en sí, que hacen que los dos candidatos más votados pasan a segunda vuelta a celebrarse el domingo 21 de junio, sino por cuáles han sido y por cómo se han podido dar.
A lo largo de las últimas semanas, la candidatura del Pacto Histórico, con Iván Cepeda como candidato y Aída Quilcué como fórmula vicepresidencial, recorrió el país llenando las plazas y recibiendo el respaldo mayoritario de la población, las calles se vistieron con carteles con sus imágenes y mensajes prometedores de ilusiones y esperanzas, todas las encuestas les daban como ganadores, sin llegar a alcanzar en ninguna el cincuenta por ciento necesario para no ir a segunda vuelta.
Del otro lado, el candidato de Defensores de la Patria, un ultraderechista mezcla de Bukele, Milei y Trump, cuya patria ha sido hasta ahora la plata y la corrupción, fue despuntando y superando a la candidatura del Centro Democrático –las dos cosas solamente en el nombre— heredera de aquel nefasto presidente de la ´seguridad democrática` y los ´falsos positivos`. Pero, en ningún momento, llenó las calles con sus mensajes ni las plazas con sus discursos. Inundó, eso sí, las redes virtuales con sus soflamas de extrema derecha con la seguridad, el miedo y la mano dura por banderas.
Pero a la luz de lo depositado en las urnas, con el cien por cien de las mesas informadas, según la Registraduría el sujeto del saludo militar ha obtenido la suma de 10.361.499 papeletas (43,74 %) frente los 9.688.361 votos (40,90 %) logrados por Iván Cepeda. ¿Qué ha pasado? ¿Qué ha fallado? Las teorías son diversas y difíciles de contrastar o rebatir, y menos en el escaso tiempo hasta la segunda vuelta. Pero el escenario no está limpio, la sospecha de fraude electoral flota en el ambiente y la preocupación por la posible compra de votos o la manipulación de los mismos agita los ánimos. Ya hubo sospechas de falsedades en las firmas de respaldo a la candidatura del hoy ganador de la consulta. La incertidumbre rodea los resultados, en parte porque entre esas ´cositas` de la política colombiana el recuento de votos está en manos de una empresa privada y hay noticias en el aire de casos ´dudosos` frente a las urnas.
La Internacional Progresista se movilizó a Bogotá para hacer un seguimiento a las elecciones tras las denuncias de que habría organizaciones derechistas y reaccionarias actuando en el país para “socavar la voluntad popular del pueblo colombiano”. En sus pesquisas detectaron tres amenazas principales: la influencia territorial de grupos armados en algunos centros de votación, la operación en manos privadas del software tecnológico y la narrativa mediática corporativa influenciada por los medios estadounidenses.
También hay quienes, desde los sectores progresistas de la colombianidad, lamentan que el candidato del Pacto Histórico no aceptara los debates públicos y que no confrontara en vivo y en directo la fuerza de su dialéctica y de su programa con el resto de aspirantes.
Al final de esta primera etapa, con los números en la mano, la polarización es evidente. Falta saber qué postura tomarán las y los candidatos presidenciales que han quedado por fuera, a quién decidirán apoyar y qué le pedirán a sus seguidores para la consulta de segunda vuelta. Y se tendrá que luchar contra el voto en blanco (1,7 %, algo más de cuatrocientas mil papeletas) y contra la abstención de los más de 17 millones de potenciales votantes que no han acudido a las urnas (42,12 %).
En cualquier caso, habrá que ir a ese segundo enfrentamiento entre los dos candidatos ganadores con un escenario muy diferente al que se esperaba. Ahí se decidirá el futuro de Colombia para los próximos cuatro años. Esperemos que la apuesta por el diálogo, la paz, los derechos humanos y la justicia termine imponiéndose a los discursos patrioteros, la confrontación social y la explotación de la naturaleza y la clase trabajadora.
Registraduría: https://resultados.registraduria.gov.co/resumen/0/00/
Alerta roja: Pruebas de la intervención ilegal del senador Bernie Moreno en las elecciones de Colombia https://progressive.international/observatory/2026-05-29-red-alert-evidence-of-sen-bernie-morenos-illegal-intervention-in-colombias-elections/es/







