Pablo Iglesias entrevistó al Secretario de Estado para la Agenda 2030, Enrique Santiago, el 11 de marzo, en un programa dedicado a analizar las posibilidades de que las conversaciones entre Rusia y Ucrania, acompañadas por mediadores internacionales, logren detener la guerra. El conductor de ‘La Base’ recordó que el objetivo 16 de la Agenda 2030 obliga a España a la promoción de sociedades pacíficas.
PABLO IGLESIAS: Enrique, tú tienes mucha experiencia en mediación internacional, participaste en las negociaciones entre las FARC y el Gobierno de Colombia, que concluyeron en un acuerdo de paz. En las conversaciones entre el Gobierno ucraniano y el ruso que comenzaron en Bielorrusia y continúan en Turquía, ¿te da la impresión de que la comunidad internacional está haciendo todo lo posible para favorecer un acuerdo que detenga la guerra?
ENRIQUE SANTIAGO: Mi impresión es que hay países que no son los del marco de la OTAN o de la UE que están siendo muy activos, afortunadamente, para obligar a las partes a sentarse y, una vez sentados, conseguir un acuerdo. También por la involucración directa en el conflicto que han tenido la UE y la OTAN, países vinculados a estas estructuras pueden contribuir a ayudar -está bien lo que está haciendo Francia y Alemania- pero tienen más limitada su capacidad. Es muy importante el papel que ya ha ofrecido oficialmente China. Y también llama la atención el papel de Israel, que probablemente no está muy a gusto con la proliferación con la proliferación de grupos nazis en Ucrania y entiende necesario concluir este conflicto de forma urgente.
PI: La historia enseña que casi todos los conflictos bélicos acaban terminando con la intervención de mediadores. ¿Qué es un mediador y qué características debe tener para ser eficaz?
ES: Hay mediaciones, facilitaciones o acompañamientos. Son distintas figuras que se han utilizado en diferentes conflictos para alcanzar acuerdos. Son personas, países, equipos, que, en primer lugar, garantizan que las partes se sientan a dialogar. También cumplen funciones muy básicas, por ejemplo, garantizar la seguridad de las partes en la negociación, en los acompañamientos. Ya hemos visto cómo ha habido miembros de las delegaciones de conversaciones que han sufrido represalias, incluso uno parece que ha sido asesinado, no ha quedado claro en qué términos. Es imprescindible que los mediadores también puedan garantizar la seguridad. Es una figura que, cuando encallan las conversaciones, permite buscar propuestas de síntesis que favorezcan a ambas partes, que reconozcan reivindicaciones de ambas partes para construir una posible solución al conflicto.
La mediación también funciona, no sólo mientras están las mesas de diálogo instaladas. Estamos asistiendo estos días a la celebración de mesas de conversaciones. Entre mesa y mesa, la mediación también funciona: intenta concretar lo que se ha hablado en la sesión anterior, se empuja para que se celebre cuanto antes la siguiente sesión, se sintetizan y ordenan las propuestas que han ido saliendo. Y una tarea fundamental: en los momentos en los que se agudiza el conflicto o se atasca la conversación, los mediadores tienen que actuar en ambas direcciones para conseguir desatascar los desencuentros y volver a juntar a las partes. Son múltiples tareas, imprescindibles, en muchos casos silenciosas. Mientras más discreta sea esa mediación y menos protagonismo se visibilice, será más eficaz y dará mejores resultados.
PI:¿Qué dirías a los que rechazan la intervención de mediadores en este conflicto?
ES: En este conflicto en concreto, y vista la disparidad de medios de los contendientes, es evidente que, si no hay mediación y un diálogo, muy probablemente la única salida sería el aplastamiento absoluto de la parte más débil por la más poderosa. Y eso no puede ser, porque no arreglaría ningún conflicto, lo mantendría en una nueva fase y volvería a surgir en breve. La única forma de que la parte más poderosa no acabe totalmente con la parte más débil es que haya una mediación urgente, conversaciones y se llegue a un acuerdo de entendimiento que pueda garantizar seguridades para todas las partes.
PI: Para detener una guerra hay diferentes tipos de acuerdos, y a veces los mediadores deben buscar soluciones imaginativas. ¿Puedes darnos algún ejemplo de esto?
ES: Claro, hay muchas fórmulas ya experimentadas. Por ejemplo, hay una solución que ya se ha ido consolidando en el derecho internacional para la resolución de conflictos armados, que es el armisticio. Los armisticios no son soluciones definitivas, no son acuerdos de paz, pero sí son una paralización de las hostilidades indefinida, que permite activar mecanismos de resolución política, con intervención de la comunidad internacional. Por ejemplo, la guerra de Korea se paró en los años 50 con un armisticio. No se ha firmado un acuerdo de paz, pero, de hecho, hay una paz. Luego están, por ejemplo, los ceses de hostilidades y el desescalamiento de medidas militares, las medidas de protección a la población civil. Y el acuerdo definitivo, el acuerdo de paz. Hay muchas posibilidades intermedias. Por ejemplo, en el proceso de paz de Colombia se consolidó lo que se llama el Derecho Pacificatorio, que consiste en utilizar un Derecho Internacional aceptado por toda la comunidad internacional, que es el Derecho Internacional Humanitario, las convenciones de Ginebra que están previstas para regular un conflicto armado con el menor daño posible a la población civil. Utilizar imaginativamente esas normas para pacificar, para construir una sociedad en paz después del conflicto. En un conflicto armado es fundamental que la tarea de mediación vaya acompañada de soluciones imaginativas, que aprovechen recursos aceptados por las partes para concluir las operaciones armadas.
PI: Ayer leíamos por el corresponsal en Rusia de La Vanguardia que había habido un acercamiento de posiciones. Parecería que los rusos estarían dispuestos a reconocer la soberanía ucraniana que inicialmente había negado Putin en ese discurso tan agresivo, y que los ucranianos estarían dispuestos a renunciar a su entrada en la OTAN e incluso a dialogar sobre Crimea y los territorios del Donbass. ¿Cuáles son a tu juicio las claves de la negociación que se está llevando a cabo?
ES: Yo creo que esto, en primer lugar, acredita la utilidad de las conversaciones. Vemos que ambas partes van cediendo en sus posiciones iniciales. Eso nos pone en la clave de que es posible llegar a un acuerdo, y ojalá que cuanto antes, mejor. Yo creo que la solución de este conflicto al final tiene que hacerse sobre la Carta de Helsinki de 1975 y sobre la Carta de París de 1990, es decir, garantizando un marco de seguridad compartida para todos los países europeos. Y no una solución que nos dure un año o cinco años, sino una solución que dé estabilidad a todo el continente europeo de aquí a ojalá, un siglo. Porque en estos conflictos al final siempre acaban interviniendo actores extraterritoriales, pero los países europeos siempre van a estar donde están, siempre van a tener fronteras, y tenemos que establecer un marco estable de convivencia. Empiezo a vislumbrar que se empieza a intensificar la tarea de mediación internacional, con la aparición de China, las visitas a distintas capitales del primer ministro israelí, y creo que empieza a abrirse una posibilidad de que cesen las operaciones militares, que es lo fundamental.







