Todas las crisis son fuente de oportunidad para aquellos que quieren lucrarse, especialmente para las redes de trata de seres humanos. La guerra de Ucrania ha hecho sonar las alarmas y empezamos a leer en nuestras redes sociales noticias sobre posibles casos de trata de seres humanos y nuevos protocolos como el de la Comunidad Valenciana para la detección en personas refugiadas, personas que ya están llegando a nuestro país y a otros muchos países de Europa.
El volumen es ingente, 4,3 millones de personas refugiadas han huido de Ucrania desde que comenzó la invasión y un 90% son mujeres, niños y niñas. En España las solicitudes de protección internacional de personas que llegan por este conflicto ya rozan las 40.000.
De verdad, ¿alguien piensa que vamos a ser capaces de detectar ni siguiera un mínimo porcentaje de personas víctimas de trata en esta vorágine de acogida? En el Estudio piloto llevado a cabo en la Comunidad de Madrid, realizado por el Instituto Universitario de Estudios sobre Migraciones (IUEM) y Unicef España, publicado este año, nos indicaban que el 74% de las víctimas de trata en España no estarían siendo identificadas. Si ahora le sumamos una llegada masiva de mujeres y niñas en situación de máxima vulnerabilidad, un sistema de protección internacional que ya se encontraba colapsado, una crisis económica y social provocada por la guerra y que esta crisis humanitaria nos ha vuelto a pillar en mantillas sin una ley integral contra la trata de seres humanos, tenemos razones más que suficientes para preocuparnos al intuir cómo las organizaciones criminales se están frotando las manos.
Lo peor vendrá dentro de unos meses
La captación de mujeres y niñas es posible que no se produzca de forma inmediata. Después de la tempestad viene la calma y dentro de unos meses, cuando las personas refugiadas empiecen a salir de los recursos de acogida, cuando hayan recibido las 300 horas de español de los cursos, cuando se enfrenten a situaciones de desempleo y sea difícil mantener el nivel de protección que se les está brindando inicialmente; entonces llegará el momento de mayor vulnerabilidad. Y no tengo la menor duda, que ante la necesidad siempre habrá alguien que les brinde la posibilidad de la explotación, tanto sexual como laboral. Una explotación camuflada, como siempre llegan los momentos de captación. Porque los delincuentes prometen realidades que nunca se cumplen. Prometen trabajos de camareras, empleos como internas, trabajos en el campo bien remunerados. Ofrecen ofertas que nadie en su sano juicio podría rechazar, menos partiendo de una situación de necesidad y de desconocimiento del funcionamiento de nuestra España.
El momento de la captación será dulce, porque como un buen sedante, anestesia la percepción del riesgo. Alimenta la esperanza, alimenta la autoestima del que la escucha y nos proporciona la fortaleza para dar ese paso y confiar, porque lo que espera tras esa oferta es algo mejor.
Habrá también un traslado. Hemos de ser conscientes de que las fronteras ya se han cruzado. Las mujeres y niñas que sean tratadas no necesitarán realizar un cruce ilegal de fronteras, no necesitarán un avión o una patera. Han llegado ya a nuestro país y se les ha documentado, tienen un permiso de trabajo y residencia temporal, no están en situación administrativa irregular. Pero también serán trasladadas. Unas de Barcelona a un pueblo de Soria para ir al mundo rural a cuidar una abuela; otras de Madrid a Alcobendas; otras y otra y otras.
La captación será tan sutil como engañosa
Unas viajarán en blablacar, otras cogerán un tren… paguen o no su billete, porque si no tienen dinero suficiente para desplazarse se lo facilitarán a golpe de Bizum. Así de sencillo. Todo muy normal. ¿Quién puede sospechar de algo así?
Otras casualmente viajarán en el coche de un amigo de la persona que les ha ofrecido el trabajo, y lo harán con la música puesta y una conversación agradable, a lo mejor hasta en el trayecto recogen a otra mujer. Los malos no parecen tan malos.
Y como bien nos explica la definición de trata del Protocolo de Palermo habrá alguien que les estará esperando, alguien que las acoja. La mercancía nunca se pierde de vista.
Llegarán a un hostal donde pasarán la primera y segunda noche; o a una casa de campo de Murcia cerca de la explotación agraria; tal vez lleguen al piso de la señora que ha conseguido la oferta de la abuela. Las que tengan peor suerte serán llevadas directamente a un piso de prostitución y se darán de bruces con la realidad.
Explotación sexual, explotación laboral, explotación para cometer delitos, explotación tras explotación y mil formas de rentabilizar al ser humano. Lucro a costa de los derechos humanos.
Algunas se iniciarán en la explotación sexual de un modo sutil, porque los mecanismos de la industria del sexo son crueles, pero no siempre agresivos. Puede que alguna mujer empiece a trabajar limpiando un piso de prostitución. Normalizando situaciones. Cobrará por su trabajo, no mucho, pero lo suficiente. Y estará rodeada de personas que son amables con ellas. En un ambiente que poco a poco irá interiorizando (nuestro cerebro siempre es adaptativo). Deseará lo que ve y no puede tener, relajará el riesgo. Y un día le ofrecerán hacerse unas fotos. Todo voluntariamente. Que sutil puede ser la captación. Todo pensado desde un inicio. Le prestarán dinero para que empiece, acordarán el coste de la plaza, acordarán el porcentaje de cada pase, todo sin dolor. Dejará atrás una guerra para empezar otra.
Otra mujer iniciará una relación con un hombre liberal, con dificultades económicas. Empezarán con él los periodos de cadencia. No habrá dinero para pagar la luz ni el alquiler, no habrá para tabaco, no habrá… Bajo el pretexto del amor y del cuidado de la familia se le brindará la opción, siempre de forma temporal, de ir a un club. Sólo hasta que encuentren trabajo, porque la explotación sexual siempre es temporal.
Necesitamos una ley integral para la trata
Y no lo veremos. No las reconoceremos. No las identificaremos. Lo más cruel es que ellas tampoco se reconocerán como víctimas.
Uno de los aspectos más difíciles del día a día de Fundación Cruz Blanca y de otras entidades que trabajamos en la recuperación de las víctimas de trata es el auto reconocimiento. Entender que no hay culpa, que no es su culpa. Que el consentimiento no tiene validez porque el proceso hasta llegar a la explotación es un proceso ideado, posiblemente hoy se esté ya ideando, ya se acecha sobre las mujeres que dentro de unos meses o semanas serán explotadas.
Necesitamos identificar a las no identificadas, necesitamos prevenir que sean captadas y necesitamos recursos para atender a las supervivientes. En definitiva, necesitamos una ley integral para la trata, para todas las víctimas.







