Tiene la voz acelerada tras cantar algunos de sus principales temas en la feria de turismo que se celebra en Madrid, donde Cuba tiene un importante stand (Esta entrevista fue publicada en Mundo Obrero en febrero de 2022). Su reloj todavía marca las 7:30 de la mañana, hora cubana, aunque aquí ya sobrepasamos el medio día. Israel Rojas, vocalista y compositor del Dúo Buena Fe – que forma con Yoel Martínez-, atiende a Mundo Obrero con una energía que desafía el jet lag.

Con la ilusión de volver a pisar España y sus escenarios tras la cancelación de varios conciertos en mayo del pasado 2019, este guantanamero, líder de una de las bandas musicales más seguidas en Cuba, con 11 discos a sus espaldas, anuncia un nuevo proyecto musical que verá la luz en los próximos meses.

DANIEL JIMÉNEZ: ¿Cómo fueron vuestros inicios musicales?
ISRAEL ROJAS:
Hablamos de noviembre del año 1999, 23 años ¡cómo pasa el tiempo! Pero ahí están los 11 discos, los materiales que hemos grabado, las cosas que hemos hecho. No fue fácil, como todos los inicios. Al principio hay que ir, como decimos los cubanos, por la acera del sol, por la parte difícil por el camino empedrado. Entre el año 2000 y el 2001 se gestó el primer disco Déjame entrar, que nos abrió la puerta al gran público cubano e internacional, con algunas primeras giras, primero en América Latina y luego Europa. Lo más importante para nosotros es que el proyecto de Buena Fe se ha consolidado más allá de Yoel y yo. Somos un proyecto colectivo, como una cooperativa. Aquí no hay un artista encumbrado, tenemos claro cuál es nuestra raíz y nuestro tronco.

D.J.: Entre vuestras canciones hay temas con artistas como Silvio Rodríguez o Frank Delgado ¿Qué inspira ese movimiento que fue la Nueva Trova cubana a músicos como vosotros?
I.R.: La canción de la Nueva Trova era un tipo de canción que acompañaba al pueblo cubano en sus grandes empeños, sufrimientos y alegrías. Nosotros hemos intentado hacer eso mismo, la crítica social, canciones de amor y ritmos caribeños.

Buena Fe recoge ese compromiso con el arte, con la canción, con lo que nosotros creemos que es el pueblo cubano. Ese que sustenta la soberanía nacional, el sueño de un país mejor, del desarrollo económico con independencia. Ese pueblo que sufre el impacto de la geopolítica mundial y principalmente el bloqueo estadounidense contra nuestro país y que otros gobiernos secundan. También nuestros propios errores, de país en crecimiento que se equivoca, pese a que nuestro margen de error es más estrecho y está vigilado mediáticamente.

Cantamos a ese pueblo cubano que no se cansa, ni de labrar la tierra ni de investigar vacunas, del que no olvida su barrio ni a sus vecinos. Le conozco porque de ese pueblo venimos. Queremos ser útiles desde la canción.

D.J.: Buena Fe inició sus pasos vinculado a un público joven y principalmente universitario ¿Cómo es ahora el público de Buena Fe?
I.R.:
El público de Buena Fe tiene un espíritu universitario, no necesariamente estudiante. Uno puede ser un obrero, desempleado, incluso no ser cubano, pero si tiene apetito de conocer, ganas de seguir aprendiendo, de saber de este mundo y tiene ganas de escuchar una canción que, desde el humor, desde la catarsis, desde el amor o cualquier otra arista estética, le haga plantearte temas de la vida un poco más cuestionadores de su realidad, es potencialmente el público de Buena Fe.

Nosotros no segmentamos a un público únicamente universitario y ese es parte del éxito de nuestra banda. Hay gente que, por suerte, sigue conservando ese espíritu curioso y renovador. Gente que no se cansa de luchar ni de cambiar el mundo. Es cierto que hay gente que pasó por esa etapa pero ha perdido ese espíritu y, ahora, dolorosamente al cuestionar a Buena Fe, se cuestionan a sí mismos, a lo que fueron y ya no son. Quizá Buena Fe puede ser un espejo para algunos que ya no son quienes crecieron con estas letras.

Hay un público joven que se sube al barco de Buena Fe, porque las canciones le resultan interesantes dentro de esa estética de pensamiento que nosotros lanzamos. Buena Fesigue apostando por ese tipo de canción, para llegar a la gente con inquietudes existenciales.

No se puede negar tampoco que, mediáticamente, hoy Cuba es un planeta digital. Por desgracia el pueblo que antes nombraba no tiene la hegemonía. Hoy la hegemonía cultural, por desgracia, la tienen plataformas con mucho dinero, con financiación de agentes que tratan de subvertir la realidad de Cuba y convertirla en un país normal al estilo de cualquier país centroamericano. Por eso ahora lanzan la idea de que nosotros no tenemos ya público, que nos abandonó, y mira, acabamos de hacer varios conciertos en toda Cuba y la respuesta ha sido extraordinaria. Nuestras canciones, incluso las más recientes, que no son canciones de nostalgia, ni de alabanza hacia cargos ni dirigentes, sino de crítica y construcción de un futuro mejor, han sido canciones con un éxito rotundo. Canciones de alabanza, sí, al esfuerzo de nuestros científicos, por ejemplo. Científicos que han conseguido sacar adelante varias vacunas que incluso protegen a nuestros niños. Solo puede negar eso un apátrida y un ignorante.

D.J.: Adentrándonos en el ámbito musical en Cuba. El año pasado hacías una reflexión pública relacionada con que mucha de la creación cultural que se escucha en la Isla, se hace fuera. ¿Qué se puede hacer para mejorar la creación cultural en Cuba?
I.R.:
La creación artística en Cuba goza de una gran vitalidad. Hoy en Cuba, por ejemplo, en el jazz hay más pianistas que nunca con un talento desbordante. Existe un movimiento de música urbana hermoso y pujante. Hay cantautores en cada provincia con una obra muy interesante. Las bandas tienen un altísimo nivel, la música popular bailable con orquestas como Habana D’Primera, o Silvio Rodríguez, que sigue sacando nuevos álbumes. El gran problema que existe en Cuba es que las instituciones culturales cubanas no se prepararon suficiente para el impacto de las grandes tecnologías digitales y las grandes plataformas han conseguido imponer los gustos musicales en Cuba sin que las plataformas de exposición cubanas lideraran esto. Es la arquitectura digital y la ingeniería social que se hace desde fuera de Cuba y esencialmente desde Miami. No siempre con propósitos políticos, pero más temprano que tarde, esos propósitos políticos aparecen.

El resultado de esto es el secuestro de los consumos culturales nacionales y creo que no es justo, y en cierta parte es una pérdida de soberanía. Es responsabilidad de las instituciones culturales pensar en cómo rescatar esa creación artística que nace del esfuerzo del pueblo, formando a tanta gente valiosa para que el mercado de la música en Cuba no les permita tener la vitrina. En Miami trabajan en ese sentido y a nosotros nos hace falta ponerle más ganas.

Hoy en Cuba hay posibilidades de mejorar las plataformas cubanas de difusión cultural, que son picta o sandunga. Hoy existen estudios de grabación en cada provincia, no es necesario desplazarse a la capital y eso es algo maravilloso.

Claro que los consumos culturales no se cambian de hoy para mañana, pero hay que disputarlos y se lograría horizontalidad exponiendo a los creadores de tantos ritmos que tenemos en cada provincia de Cuba.

El parón de la pandemia fue un golpe tremendo. Nada comparado a las personas que han perdido a un familiar ni al trabajo de tantos médicos que se fueron de voluntarios a otros países. Pero sí, el golpe fue grande. En 2019 habíamos sacado uno de los mejores discos de nuestra carrera, Carnal, que tenía ya un tremendo recorrido internacional para empezar a caminar y que desgraciadamente se paró. Lo único que pudimos hacer es tomarnos tiempo para estudiar, recapitular, reiniciar y ordenar algunas ideas en el camino de Buena Fe tras la pandemia.

El parón nos ha dado la posibilidad de conocer a otras gentes que están haciendo cosas maravillosas. Debemos buscar la manera de unirnos desde lo productivo. Esta parada puede que haya sido beneficiosa para nosotros, las temáticas, ideas y sonoridades del próximo disco lo dirán.

D.J.: El disco Carnal en 2019 y algunas canciones como la Fuerza de un país, dedicada a los científicos cubanos que han desarrollado las vacunas, son vuestros últimos trabajos ¿Hay un nuevo álbum preparándose?
I.R.:
Ya estamos metidos en la creación de nuevos temas y prevemos entrar en el estudio de grabación alrededor de abril o mayo, pero con un trabajo de mesa muy adelantado. Estoy muy entusiasmado, creo que las temáticas abordadas en el nuevo proyecto pueden ser interesantes y puede ser bien recibido por el público.

D.J.: En 2019 se cancelaron los conciertos que teníais previstos en España ¿Qué se siente al poder volver?
I.R.:
Dicen que las mejores fiestas son las que menos se preparan y este fue el caso. Hemos llegado incluso con miembros de la banda sin poder acompañarnos al tener COVID. Este viaje ha surgido casi de improviso gracias a la invitación de FITUR. Dijimos que sí con unas ganas tremendas de regresar a España. Pero para nosotros, el concierto es un plus. Se buscó una sala rápidamente para hacer el concierto ya que aquí vive mucha gente que agradecerá esa presentación y que la estaba esperando desde hace mucho tiempo, que se quedó con las entradas compradas, que no podrá viajar en un tiempo a Cuba, cubanos que han emigrado y que pensaban que no nos verían en mucho tiempo, por ejemplo. Para todos ellos es este concierto. Hemos tenido que planificar todo rápidamente haciendo publicidad a través de redes sociales pero sin poder pagarla, ya que el bloqueo nos lo imposibilita, pero estamos felices. Tenemos ganas de cantar, mirar a la cara a nuestro público y pasarlo bien.

D.J.: En vuestros temas encontramos constantes referencias a vuestros orígenes ¿Cuánto queda en vuestras letras de aquella “zanja del barrio que os vio crecer” o de las casas llegaipones donde vivisteis al llegar de Guantánamo a La Habana?
I.R.:
Queda el compromiso con la gente que sigue viviendo en esos lugares tan humildes. Me da mucha alegría que existan planes de atención a esos barrios, en los cuales yo viví cuando llegué a La Habana. Trabajé muy duro para iniciar el viaje desde Guantánamo y me tocó vivir en lugares complicados. Conozco esas carencias porque las viví, sé de la calidad de la gente que vive allí, de las desatenciones, de los olvidos y la acumulación de diferentes desgracias. La gira de Silvio Rodríguez por los barrios era eso, una llamada a poner atención sobre las necesidades. Estoy contento, hoy Cuba está dando pasos en la revitalización de los barrios periféricos, además, en este momento de crisis tan dura para el país. Eso se llama; con los pobres de la tierra, echar la suerte – en referencia a los versos sencillos de José Martí -Queda eso, el compromiso de echar la suerte con toda esa gente. El compromiso de que todo lo que se gane o me aporte el trabajo, revierta en incitar en proyectos sociales que generen vasos comunicantes para no perder el contacto con la gente. En este trabajo puedes tener la suerte de que tus canciones funcionen, tengas conciertos y se genere una buena economía familiar. El instinto puede llevarnos a acomodar a nuestra familia. En el caso de Buena Fe no se trabaja para vivir acomodados. Uno trabaja duro para tener lo que necesita y lo que le permite seguir adelante. Mucho de lo que hacemos tiene que ver con el trabajo social y nuestras obras lo dicen. Ahí está el trabajo con el proyecto de la Comunidad Yambambó o el trabajo con los centros de niños sin amparo filial o el trabajo con Puentes de Amor desde los EEUU, o la producción musical de jóvenes creadores. El que muchas veces juzga de manera interesada, lo suele hacer en primer lugar por desconocimiento y, en segundo, por mala fe, midiéndote con su vara moral.

D.J.: En los últimos meses habéis sido objeto de multitud de ataques desde grupos de la derecha vinculados a Miami ¿Cómo lo habéis vivido?
I.R.:
Contra nosotros aparecen críticas aproximadamente cada 72 horas, es algo impresionante tildándonos de todo. Si hacemos un concierto dicen que no ha ido nadie, aunque se haya llenado; si se llena el concierto, somos culpables de propagar la epidemia; si haces una charla en directo a través de redes; critican que tengamos coche; incluso dicen que tengo negocios en el extranjero… Nosotros sabemos de lo que hablamos y de dónde venimos. Yo soy padre de tres hijos, tengo que ser buen padre y familiar, nada me descentra de mi eje. Sé de las críticas que me lanzan. No consumo esa información, me entero, claro, pero no pierdo el tiempo con tanto que hay por hacer y por leer en la vida. Hubo un tiempo que sí me afectaba, aprendí que eso también lo decidía mucho y recordé aquella frase que solía citar Nelson Mandela: “Yo soy el capitán de mi destino”. Sé cual es la información que leo y hay tanta gente maravillosa que todavía no conozco, cosas bellas que se pueden traducir en canciones útiles, tantos proyectos esperando que alguien les empuje para salir adelante… y puede que esa ayuda la podamos dar nosotros.

Hemos trabajado duro para llegar a donde estamos. Mi única propiedad es un apartamento, donde vivo con mi familia. El resultado del esfuerzo lo he invertido en mi familia, sin dejar los motivos para hacer canciones o causas que nos enamoran.

Este viaje era una locura, venir desde Cuba de un día para otro, en medio de la variante Ómicron, el cambio de hora, sin casi dormir. Estamos cansados, pero estamos aquí por Cuba, no por otra cosa. Ayudar a incentivar, por ejemplo, el turismo hacia la isla, beneficiará a mis vecinos y a toda la población de Cuba.

D.J.: Pese al odio de algunos, se abren paso iniciativas solidarias como la que lidera el profesor Carlos Lazo con el proyecto Puentes de Amor ¿Qué os parecen esas acciones?
I.R.:
Maravillosas. Creo además que muchos de los ataques que antes comentaba son, en parte, por colaborar con estas iniciativas. Hoy no es muy común que los artistas, que normalmente están atentos al hitparade del mercado se impliquen en algo así. Cuando lo haces te linchan, pero prefiero hacerlo y no perder mi esencia.

Por fortuna, no necesito tanto para vivir, nos hemos organizado bien en Buena Fe. No tengo que echarle gasolina a ningún yate, solo necesito un cuaderno, un lápiz o una computadora. Con eso, voy por la vida más ligero.

Por suerte, hay mucha gente buena haciendo esas iniciativas, gente que hace cosas buenas incluso tienen ideas equivocadas, pero hay que buscar puntos de coincidencia. Si una persona quiere ayudar a mejorar un campo de pelota cubana, adelante; si quieres meterte en otros temas en los que no estoy de acuerdo, no sigamos.

Hay muchísima gente buena haciendo proyectos. No voy a idolatrar cenizas, ni guardar rencores a nadie, y estoy abierto a todo el que venga con el corazón a buena fe, ayudando en lo concreto. De Carlos Lazo he aprendido que el odio es chillón y el amor es más tranquilo, pero es aplastante cuando pasa el tiempo.

D.J.: ¿Hay que tener buena fe en el futuro?
I.R.:
Sí, no hay otra. Soy alguien que me deprimo con facilidad, tengo tendencia a la tristeza y por eso no tengo otra que buscar la alegría. Buscando la esperanza. Hasta el último momento me voy a entregar al amor, a la bondad. Es en lo que creo. No soy perfecto claro, digo alguna estupidez y cometo errores. Estos tiempos pueden exigir ser pulcro, como si la vida no fuera conmigo, pero no puedo ser así. Cada día me alejo de una mayor exposición mediática, que ha sido más intensa en el pasado porque creía que así era más útil. Me he dado cuenta de que no: soy más útil si me enfoco en lo importante, en el trabajo y en las canciones que vengan a futuro.

(*) Estudiante de periodismo / Miilitante núcleo PCE de Tetuán (Madrid)

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