Una República para la Paz es el lema de la tercera marcha republicana celebrada el 13 de junio. Una marcha alegre y reivindicativa, que pone la consecución de la III República como objetivo democrático indispensable. Ya decía Julio Anguita que la República no es una cuestión de recuerdo melancólico sobre el pasado, sino un objetivo del presente sobre el que hay que trabajar en el día a día.
La Puerta del Sol —lugar de partida de la tercera marcha— es la plaza que un 14 de abril de 1931 vio cómo el pueblo de Madrid la llenaba a rebosar, hondeando con orgullo la tricolor entre vítores y alegría por la conquista democrática de la Segunda República, gracias a la fuerza de los votos en unas elecciones municipales. Caminando sobre la historia en toda su amplitud, desde Sol el río tricolor se detiene delante del Ministerio de Asuntos Exteriores para leer poemas por la Paz en Gaza, esa herida abierta por la que sangra el género humano. A continuación, recorre calles céntricas de Madrid, hace memoria de lucha y parada de respeto en Antón Martín delante del monumento El Abrazo de Juan Genovés, que rinde honores a los abogados laboralistas, luchadores por la democracia asesinados por un comando fascista en el número 55 de la calle Atocha un 24 de enero de 1977. El río republicano desciende, calle Atocha abajo, hasta desembocar en la Plaza de Juan Goytosolo, para clausurar un importante recorrido de memoria. La memoria de esta tierra en la que durante muchos años nadie cantó, “porque el fusil impuso su silencio”, lo expreso con un verso de Dimas Lidio Pitty, que abre País en Ruinas de Alfredo González Ruibal. Esa memoria dice que la monarquía no nos representa, es el legado infame de un dictador que masacró a sus conciudadanos y conciudadanas durante y después de la guerra, que hasta el último de sus alientos estuvo matando. Por eso para mí, para nosotras, la monarquía es la guerra, y nosotras exigimos una República para la Paz. Esta plaza de Juan Goytisolo es un símbolo, en ella la memoria canta. Porque es memoria para la Paz el cuadro de Picasso que alberga el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Cualquiera de los personajes del Gernika grita Paz en todas las lenguas del planeta. Y hoy, más que nunca, parafraseando a Blas de Otero nosotras “escribimos en defensa del reino de las personas y su justicia/ pedimos la Paz y la Palabra”. Sin Paz no ríe nadie, no cantan los pájaros, no baila la vida y sin Palabra no hay democracia digna de su nombre.
No hay lugar donde esconderse cuando caen las bombas. Ni cerebro que soporte la vergüenza de ver el genocidio en Gaza, y no poder pararlo; el asalto y sometimiento a Venezuela, y no poder pararlo; las guerras ilegales en Irán y en Líbano, y no poder pararlas; el asedio medieval de guerra por hambre y sed a Cuba —cuyo pueblo soporta décadas de bloqueo inhumano— y no poder pararlo; y tantas otras guerras en cualquier otro lugar del Planeta que planifica ese Cancerbero de dos cabezas salido del Averno nazifascista, que se llama Trump-Netanyahu, brazo armado del capitalismo devastador de los tecno–oligarcas del cultivo de los datos, que quieren esquilmar el Planeta para rentabilizar hasta la última brizna de vida. Y la Tierra se está quedando sin Paz y sin Palabras, enmudecida por las vociferantes voces de estos hombres absolutos, guerreros blancos, violadores de mujeres y mundos, hombres de rapiña que quieren matar hasta nuestra esperanza. Y como se lamenta Gloria Fuertes en un poema: “La tierra no está para muchos trotes/ está cansada/ cuando entierran en ella niños con metralla/ le dan arcadas”.
Pero aquí estamos, aquí seguimos, empeñadas en perseguir la Paz. Tenemos que seguir haciendo lo correcto. Luchar, luchar, luchar y luchar para parar la barbarie, luchar por lo que es justo. No hay causa más noble ni más necesaria en estos días en los que el poder del dinero cultiva belicismo, barbarie y odio como forma de vida en el presente.
Somos muchas. Y tenemos que ser más. Formamos parte de ese “Pueblo español que tiene un camino que conduce a una estrella”, somos ese río tricolor que fluye en nuestra patria una generación tras otra, somos hilo rojo, amarillo y morado, somos memoria viva y somos presente continuo.
En esta tercera marcha exigimos República para la Paz, una Paz tangible y humana, una Paz serena, una Paz en igualdad que se extienda como un manto de estrellas rojas por todas partes, como la estrella que corona la preciosa escultura de Alberto Sánchez Pérez que se alza orgullosa frente al Museo Centro Nacional de Arte Reina Sofía, que debería ser renombrado con un nombre colectivo como Museo Centro Nacional de Arte Las Sinsombrero, porque es en colectivo como hacemos avanzar la historia en derechos para las comunes. Ellas sí que merecen el reconocimiento eterno de un país que debe memoria a todas sus hijas e hijos, memoria de arte, memoria de cultura, memoria política y social, porque necesitamos memoria para construir nuestra identidad, la identidad sirve para saber que “nosotras somos quien somos”. Porque gana la vida en alguien que recuerda. Ahí gana la vida.
Y aquí estamos, aquí seguimos de pie ante la historia, una y mil generaciones si es preciso. Aquí estamos de nuevo reclamando igualdad, diciendo no a la guerra, no a la OTAN, no a las bases, queremos igualdad republicana, igualdad para la paz, queremos una República feminista, queremos una República para la Paz.
Nosotras somos esas que luchamos por las cosas de comer, y no nos cansamos, nos damos la mano en las calles, en las plazas, en los coles, en los centros de trabajo, en los mercados y en las bibliotecas, y salimos a pelearlo una generación tras otra. Porque luchar por las cosas de comer es luchar por la igualdad, y luchando por ellas, HACEMOS REPÚBLICA.
ES HACER REPÚBLICA Y TEJERLA luchar por todos los derechos de ciudadanía y de regularización de personas migrantes. Este es un mandato de humanidad, de derechos humanos, de ¡prioridad humana! Porque no es vida caminar sin rumbo y no encontrar asiento, no es vida.
ES HACER REPÚBLICA Y TEJERLA luchar por la igualdad de género y por los derechos de las personas IGTBIQ+. Porque la República es ese lugar inclusivo en el que todas las personas se pueden desarrollar en igualdad y sin violencias, con todos los colores del arco iris prendidos como una túnica de aliento: una túnica de derechos que protegen. Por ello reclamamos una República para la Paz, democrática, laica, inclusiva y feminista, ¡¡si no es feminista, no es mi república!!
ES HACER REPÚBLICA Y TEJERLA luchar por la sanidad pública gratuita, totalmente gratuita y sin ningún copago de mierda, para todas las personas que vivimos en este país, hayamos o no nacido aquí. Nos necesitamos todas en esa lucha, por la dignificación de los centros de salud de los barrios, de los hospitales de pueblos y ciudades. Con la salud no se comercia, luchar por la sanidad pública es un canto de igualdad. Cantemos todas juntas: ¡Sanidad Pública!
ES HACER REPÚBLICA Y TEJERLA luchar por la escuela pública, inclusiva, de calidad, laica y gratuita, la de todos y todas, hayamos o no nacido aquí. La escuela en la que todos los niños, las niñas y les niñes pueden comer macarrones con chorizo, lentejas o empanada gallega, hablar en su lengua materna y bailar una sardana, una muñeira o un reguetón a la vez que cuestionan a la maestra, porque la maestra les invita a pensar con cada poema comentado, con cada letra de una canción o con cada fórmula matemática, es en esa escuela en la que crece el país en igualdad.
ES HACER REPÚBLICA Y TEJERLA luchar por techos dignos para todos y todas, porque no puede ser que haya gente sin casa y casas sin gente, ¡no puede ser! ¿qué contrasentido es ese? ¿Cómo es posible que haya gente con miles de casas y personas sin ninguna? ¿Cómo es posible que se desahucie a mujeres jubiladas porque ha comprado su edifico un fondo buitre y no arda la ciudad? e insisto, tenemos derecho a la vivienda digna hayamos o no nacido aquí.
ES HACER REPÚBLICA Y TEJERLA luchar por los derechos de la Tierra y contra el cambio climático, nos va la vida en ello; luchar igualmente por los derechos sociales; por los derechos laborales y el trabajo decente; por los derechos de la dependencia; por los derechos de las personas con diversidad funcional; por las pensiones dignas; por el transporte público gratuito; por el tiempo libre; por la cultura para todes; por las vidas dignas de ser vividas.
En definitiva, ES HACER REPÚBLICA Y TEJERLA luchar los derechos de igualdad, por todos ellos, los que nos acercan unas a otras. El camino para ensanchar la democracia se hace ampliando derechos, ganando salario social, con un modelo económico al servicio de la mayoría. Por todo ello, es un contrasentido en nuestro país, que existan privilegios de cuna, ¿cómo es posible que una democracia siga permitiendo que la jefatura del Estado se herede? No hay nada más contradictorio y antidemocrático. La democracia solo puede sostenerse sobre la voluntad del pueblo. Ninguna institución debe quedar al margen del control ciudadano. Queremos una República de iguales, no una democracia castrada.
Termino este texto con unos versos de La Internacional, esa canción eterna que representa los sentires de la clase trabajadora en cualquier lugar del Planeta:
¡Ni en dioses, reyes, ni tribunos, está el supremo salvador/ Nosotras mismas realicemos, el esfuerzo redentor!
¡A por la Tercera! ¡Viva la República! ¡Viva la República de la Mujeres!







