La Comisión Europea modula su discurso, ocultando las dramáticas consecuencias de alargar la guerra y las sanciones

Hacia un otoño que caliente el frío invierno

Es esencial respaldar las movilizaciones de otoño convocadas por los sindicatos frente a la carestía de la vida, por los salarios dignos y por la paz

«Sin ninguna duda, vamos a subir el salario mínimo y lo vamos a hacer más que nunca, porque estamos en una situación de absoluta excepcionalidad política». Yolanda Díaz

“Creo que asistimos a una gran convulsión, un cambio radical. En el fondo, lo que estamos viviendo es el fin de la abundancia, de la liquidez sin coste”
Emmanuel Macron

El esfuerzo para alargar la guerra en Ucrania y la política de sanciones contra Rusia impulsada por EEUU, la OTAN y la UE, así como la reciente respuesta del gobierno ruso declarando una movilización parcial, anuncian un nuevo incremento de la escalada militar, lo que ya está teniendo unas consecuencias terribles sobre la economía mundial, especialmente sobre los pueblos europeos.

Una situación de desastre económico a nivel europeo y occidental, agravada tras décadas de fanática globalización neoliberal que ha debilitado las bases económicas e industriales, ha carcomido lo público y reforzado plenamente al capital privado, en un ambiente propicio para la especulación desbocada de la banca y las grandes corporaciones que está teniendo graves repercusiones en los sectores populares.

Cada vez se hunde más el poder adquisitivo de las familias trabajadoras, más sectores y empresas detienen o ralentizan su producción (siderurgia, electrointensivas, automoción, etc.), tanto por la alta inflación (10,4% de subida del IPC en España y el 9,1% en la Eurozona), como por la falta de suministros, el alto coste de la energía y las materias primas, el encarecimiento de la financiación, etc. Una situación que ya está sumiendo al continente en la crisis, lo que puede desmoronar la demanda y acabar afectando al empleo de forma drástica.

¿La UE sacrifica a la ciudadanía europea por la guerra?

El papel que está jugando la UE en la guerra de Ucrania es deplorable. En vez de buscar un acuerdo de paz y seguridad colectiva en el continente, está alentando la escalada belicista de la OTAN e imponiendo sanciones contra Rusia por total subordinación a los EEUU, incluso en detrimento de sus propios intereses, lo que ya está teniendo un efecto devastador en las economías de sus países miembros, esencialmente para la locomotora alemana.

Las recientes declaraciones del presidente francés acerca del “fin de la abundancia”, o las diatribas incendiarias de Josep Borrell o Úrsula Von Der Leyen, suponen una temerosa apuesta de la UE tendente a la austeridad, para preservar las ganancias de las multinacionales y grandes fortunas europeas cargando el esfuerzo de la guerra y las sanciones en las espaldas de la clase obrera y los pueblos.

Su alternativa son las duchas frías, los hogares sin apenas calefacción en invierno, con la patronal bloqueando los convenios e incrementos salariales, con constantes aumentos de los tipos de interés (las mayores de la historia del BCE), insuficientes limitaciones y subvenciones de precios, o restringidas subidas de impuestos directos y bajadas de los indirectos, y acusaciones maniqueas de “colaborar con Putin” contra todas las expresiones de descontento social y a quien ose cuestionar sus medidas.

Los portavoces de la Comisión Europea tratan a la vez de modular sus discursos, ocultando las dramáticas consecuencias de alargar la guerra y por el efecto bumerán de las sanciones. Se les nota un creciente miedo, más bien pánico, a que explote la ira popular ante la brutal subida de precios, la creciente devaluación salarial y la caída de los ingresos de las familias trabajadoras. ¿Acaso quieren frenar la inflación a costa de los salarios y el empleo? ¿qué será lo próximo para mantener la guerra, recortar las pensiones?

Subir el SMI más allá del 60% del salario medio

En este complicado contexto, entre las exigencias militaristas de la OTAN, las restricciones que imponen la UE o la patronal y la aguda pauperización de las condiciones de vida de las familias trabajadoras, el gobierno español tiene que definirse dejando claras cuáles van a ser sus prioridades para el presente curso político, en este caso cuánto incrementará el SMI del 2023.

Este es el motivo por el que la ministra de Trabajo se anticipó anunciando a finales de agosto que «sin ninguna duda, vamos a subir el salario mínimo y lo vamos a hacer más que nunca, porque estamos en una situación de absoluta excepcionalidad política». Yolanda Díaz sabe que noviembre es el mes en que se conoce el IPC medio anual del 2022. Una razón de peso para condicionar la posición de todo el gobierno, situándose claramente al lado de la clase trabajadora y los sindicatos.

El compromiso del acuerdo del programa de gobierno sobre la subida del SMI para el año 2023 es que alcance el 60% del salario medio español. A día de hoy, el salario medio anual está en los 25.165 euros según el INE. En un principio, cumpliendo con los compromisos del gobierno, el SMI en 2023 tendría que incrementarse casi el 8% (un 7,85%) y situarse en 15.099 euros brutos al año, lo que significaría unos 1.078 euros brutos al mes por 14 pagas.

Aunque desde el Ministerio de Trabajo ya están situando un incremento «más allá del 60% del salario medio», por encima de los 1.078 euros brutos por 14 pagas, para compensar los efectos devastadores de la altísima inflación en los bolsillos de los sectores más desfavorecidos de la clase obrera. De esta forma la ministra de Trabajo vuelve a situarse en la misma línea en que se han manifestado Unai Sordo (CCOO) y Pepe Álvarez (UGT).

Son los beneficios y no los salarios la verdadera causa de la inflación

Yolanda Díaz no solo se posicionó sobre el SMI, fue más allá, levantando las iras de la patronal, la derecha y el social-liberalismo, al afirmar que «la patronal no está a la altura de su país y los sindicatos tienen razones para salir a la calle». Con estas palabras la vicepresidenta dio su apoyo explícito a las movilizaciones que los sindicatos ya están anunciando para otoño, y que culminarán en Madrid el próximo 3 de noviembre, frente al bloqueo de la patronal en los convenios, por el incremento de los salarios con el IPC, el aumento del poder adquisitivo y el establecimiento de cláusulas de revisión salarial.

La patronal se resiste a negociar, acusando a los sindicatos de irresponsables y se justifica afirmando que subir los salarios aumentará la inflación, cuando son los beneficios y la especulación lo que aumenta el coste de vida vertiginosamente. Los datos son contundentes. Tal y como demostró un estudio del Gabinete Económico de CCOO a mediados de julio, los beneficios empresariales son los responsables del 83,4% de la inflación mientras los salarios sólo representan el 13,7%. Lo más escandaloso son los datos de las empresas energéticas y la banca, que con el actual panorama inflacionista han disparado sus márgenes de beneficio un 60,4% y un 25,7% respectivamente.

Los empresarios también bloquean los convenios porque ya están notando con intensidad las consecuencias de la reforma laboral favorables a la clase obrera y los sindicatos. Siempre les ha interesado una negociación fragmentada e individualizada, empresa por empresa, lo que va en detrimento de la clase trabajadora. Son muy conscientes del reforzamiento de las posiciones sindicales en la negociación colectiva, debido a la prevalencia de los convenios de sector sobre los de empresa. No es lo mismo imponer por la fuerza a trabajadores aislados que enfrentarse a la potencia organizativa y afiliativa de los sindicatos.

Auge de las movilizaciones obreras

El anuncio de un “otoño caliente” por parte de los sindicatos ya viene precedido de un importante incremento de la conflictividad laboral en los últimos meses, donde las huelgas han aumentado un 20% en la primera mitad del 2022 respecto al año pasado. El máximo ejemplo fue la huelga indefinida del metal de Cantabria, que consiguió, tras 20 días con movilizaciones masivas, con la mediación del Ministerio de Trabajo incluido, que la patronal cediera a importantes aumentos salariales.

Los sindicatos son conscientes de que hay que pasar a la ofensiva para dar la batalla salarial frente a las consecuencias de una inflación desbocada y ante el bloqueo patronal. Unai Sordo lo expresaba en estos términos: “Sin una intensa movilización sindical, la CEOE no se va a mover”. El movimiento sindical tiene toda la razón, ya que la pérdida de poder adquisitivo es exponencial: mientras la inflación ya se sitúa en dos dígitos los sueldos crecen cuatro veces menos.

Esto no solo ocurre en España, la clase obrera y los sindicatos de Reino Unido han hecho una demostración de fuerza con una oleada de huelgas y solidaridad de clase, en lo que ya ha sido calificado como el “verano del descontento”. Tal y como anunciaba Pepe Álvarez, estas huelgas “son un preludio de lo que va a ocurrir en el conjunto del continente europeo y, desde luego, en España si la patronal no se sienta a negociar los convenios ni somos capaces de trasladar a los salarios el importante incremento del coste de la vida”.

Philippe Martínez, Secretario General de la poderosa Confédération Général du Travail (CGT), le recordó al mandatario francés contra sus palabras sobre “fin de la abundancia” que, “cuando se habla del fin de la abundancia, pienso en los millones de parados, en los millones de precarios. Para muchos franceses, los tiempos ya son difíciles, ya se han hecho sacrificios”. Es por lo que el sindicalismo francés ha convocado movilizaciones para el 29 de septiembre, contra los recortes del gobierno francés y frente la pérdida del poder adquisitivo de la clase obrera y los sectores populares.

La guerra es la miseria

Las palabras de Macron sobre el “fin de la abundancia” muestran cómo los representantes del capitalismo europeo obedecen las órdenes de Washington, asumiendo las terribles consecuencias que supone alargar la guerra y aumentar las sanciones, imponiendo severas restricciones a la mayoría trabajadora, y todo por mantener los sacrosantos beneficios empresariales.

Y no solo van a sufrir los pueblos de la Unión Europea, la clase obrera ucraniana ya lo padece en sus carnes, con la guerra y los recortes. El tan idolatrado Volodymyr Zelensky es un claro ejemplo del autoritarismo ultrarreaccionario y neoliberal que quiere imponer la OTAN en todo el continente. Aprovechando la histérica propaganda de guerra, rusófoba y anticomunista, mientras los medios occidentales lo pontifican, ocultan cómo refuerza sus lazos con los neonazis, ilegaliza a los partidos de la oposición y a toda la izquierda (incluido el Partido Socialista) y elimina los derechos de la clase obrera con una reforma laboral impuesta a principios de septiembre. A partir de ahora, las empresas de más de 250 trabajadores/as (el 70%) no se regularán por la ley o los convenios, lo harán por lo que ponga en su contrato individual, además, los empresarios también podrán despedir impunemente alegando motivos de fuerza mayor.

No es casual que la agresividad y el militarismo de la OTAN sea al caldo de cultivo del avance de las fuerzas de la ultraderecha. El peligro de deriva reaccionaria y fascista en todo el continente empieza a ser una realidad. El expansionismo de EEUU y la OTAN hacia el este de Europa y en Asia, está desestabilizando todas las fronteras y tensionando la integridad de Rusia y China (Ucrania, Armenia, Taiwán, etc). Hoy más que nunca, la paz es una reivindicación fundamental, por la supervivencia de la humanidad y la vida frente a la muerte, la miseria y el peligro de una conflagración nuclear.

Jorge Dimitrov y las tareas de la izquierda

La izquierda y el movimiento obrero europeos atraviesan un momento de fuerte debilidad ante la oleada reaccionaria. La asunción de la visión militarista de la OTAN por parte importante de la izquierda, acerca de cómo afrontar la guerra de Ucrania, llegando incluso a veces a justificar el envío de armas y la política de sanciones, y abandonando las posiciones del diálogo y la lucha por la paz, han dividido y colocado a la izquierda en una posición vulnerable y a la defensiva. También hay sectores que se refugian en el sectarismo y la endogamia, buscando la solución en la riña y la lógica del enemigo interno, que alejan de nuestra clase, nos dividen, enfrentan y nos sitúan en la marginalidad. 

Ante el peligro de deriva reaccionaria, la principal tarea de la militancia comunista del PCE es organizar y extender la movilización social de clase y popular para que sea masiva. Unir a la izquierda y al movimiento obrero en torno a una alternativa por la paz, la justicia social, la defensa de lo público y la democracia. Que haga frente al mundo unipolar dominado por Estados Unidos, contra la guerra y la OTAN, defiendo la paz en un mundo multipolar. En este sentido es esencial respaldar las movilizaciones de otoño convocadas por los sindicatos, especialmente para que el 3 de noviembre Madrid sea un clamor frente a la carestía de la vida, por los salarios dignos y por la paz.

Dejo un extracto del gran dirigente comunista Jorge Dimitrov (El frente único de la clase obrera contra el fascismo). Escrito hace más de 80 años tiene una extraordinaria vigencia y actualidad:

“Debemos conseguir que se establezca el frente único más amplio por medio de acciones conjuntas de las organizaciones obreras de las distintas tendencias para defender los intereses vitales de las masas trabajadoras.

Esto significa, en primer lugar, la lucha conjunta por descargar de un modo efectivo las consecuencias de la crisis sobre las espaldas de las clases dominantes, sobre las espaldas de los capitalistas, de los terratenientes, en una palabra, sobre las espaldas de los ricos.

Significa, en segundo lugar, la lucha conjunta contra todas las formas de la ofensiva fascista, por la defensa de las conquistas y derechos de los trabajadores, contra la liquidación de las libertades democrático-burguesas.Significa, en tercer lugar, la lucha conjunta contra el peligro cada vez más inminente de la guerra imperialista, lucha que dificultaría la preparación de esta guerra.»

(*) Área de Movimiento Obrero del PCE

ETIQUETAS:

Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.