Antes de entrar a valorar, desde una perspectiva sindical y de clase, la actual situación de la llamada crisis energética, debiéramos partir del convencimiento de que el conflicto en Ucrania y el escenario geopolítico han agudizado aún más las debilidades ya existentes de la industria en España. Fue en junio del 2021 cuando comenzamos a sufrir los fuertes incrementos de los costes energéticos.
Comenzábamos hace algo más de un año la etapa de vacunación masiva contra el Covid 19. Una reactivación cada vez más normalizada de la economía que, ya por entonces, afrontaba incrementos de costes energéticos derivados del sistema marginalista de fijación de precios, de un encarecimiento de las materias primas y de una crisis en el abastecimiento de suministros. Todo indicaba que poco o nada habíamos aprendido de los errores del pasado.
A esta realidad hay que añadir la aceleración, tanto de la transición digital como de la ecológica, a consecuencia de la pandemia. La decisión política de electrificar la economía irrumpió precipitadamente, sin prever cuáles serían sus efectos directos y qué medidas de acompañamiento habría que acometer. Lamentablemente, ya está teniendo consecuencias, tanto en el empleo como en los sectores industriales.
En definitiva, ¿Estamos ante una crisis energética o ante la falta de una política industrial planificada y participada con los agentes sociales? ¿Nos puede estar arrastrando a una situación de emergencia industrial, cuya piedra angular sea la crisis energética?
Actualmente, tenemos que estar preparadas para atravesar dos caminos. Por un lado, aplicar medidas para paliar las consecuencias de un conflicto en Ucrania y de un escenario geopolítico que lleva ya demasiado tiempo teniendo efecto directo, tanto en la ciudadanía como en el desarrollo de la actividad industrial y, en consecuencia, también en el empleo.
Pacto de Estado por la Industria
Y, por otro, desde la organización sindical, apostar y empujar para alcanzar un Pacto de Estado por la Industria que acompañe a la clase trabajadora y a los sectores en una reconversión industrial que ya no tiene vuelta atrás. Solo a través de la concertación social, se traducirá en una transición justa.
Sobre la situación de conflicto actual, los y las trabajadoras son quienes están viviendo en primera persona las consecuencias de la crisis energética, del encarecimiento de las materias primas (su precio varía prácticamente en horas) y de la falta de suministros. Durante los últimos dos meses, se ha agravado la situación y, de nuevo, llegan al sindicato oleadas de ERTEs, de ajustes de producción y de EREs. Se acusan más en sectores como la siderurgia y en las plantas de cogeneración; cerámica; azulejo; auto y componentes del auto, entre otras.
Voluntad política
La receta para superar esta situación es la voluntad política. Estamos en un momento donde las empresas eléctricas están aumentando sus beneficios con cifras históricas, mientras la ciudadanía soporta incrementos de precios derivados de una inflación que supera el 10%. Es necesario limitar el precio de la energía o gravar con impuestos estos beneficios, para que la recaudación se dirija a reducir el impacto del coste energético.
Todo esto sin perder de vista el riesgo de deslocalizar parte del sector industrial a países donde no existe normativa medioambiental. Es necesario dar cobertura a los sectores superelectrointensivos, electrointensivos, gasintensivos, y al resto de las grandes consumidoras de energía, que tuvieron que adaptar su proceso productivo para reducir emisiones contaminantes.
Desde CCOO de Industria lo tenemos claro. Ninguna industria puede hacer frente a los retos de futuro, ni a ningún tipo de adversidad, si las decisiones políticas que se toman son de reacción y no de estrategia como país. Por eso, exigimos al conjunto de los grupos parlamentarios un Pacto de Estado por la Industria con un compromiso interministerial y una apuesta política firme y estable, gobierne quien gobierne en cada momento. Hablar de industria es hablar de más de dos millones de personas trabajadoras en sectores que han demostrado, crisis tras crisis, una gran capacidad de resiliencia y de superación.
La descarbonización de la economía no debe suponer su desindustrialización. Solo al cambiar el modelo productivo y apostar por la industria como tractora del conjunto de la economía, nos situaremos en la posición necesaria para superar las adversidades y, por supuesto, garantizar un futuro estable y de calidad para las personas jóvenes. Esa es la senda que nos hemos marcado desde CCOO de Industria. El pasado 21 de junio nos movilizamos, ocupando las calles de Madrid, con miles de trabajadoras y trabajadores, para exigir un Pacto de Estado por la Industria que garantice la voz de la clase trabajadora en el debate, en la toma de decisiones y en la construcción de la industria del mañana. Y esa es la senda que seguiremos.







