A pesar del interesado y burdo silencio mediático, el movimiento sindical encabezado por CCOO y UGT está movilizando a importantes sectores de la clase obrera, especialmente del sector del metal, que están mostrando músculo y una enorme combatividad, capacidad de organización y conciencia de clase, en estos tiempos difíciles de especulación desbocada y bloqueo patronal, de escasez y enorme alza de los precios, que están repercutiendo negativamente en los bolsillos de la población trabajadora.
Salario o conflicto: la ofensiva sindical en los convenios
Un recobrado vigor sindical que se va extendiendo a lo largo y ancho de nuestro país, se está expresando a través de la presión sindical en las negociaciones y la extensión de intensas huelgas obreras, que ya están quebrando el brazo de la patronal y conquistando importantes incrementos salariales (que oscilan entre aumentos del 12% al 15% en los próximos 3-4 años), la extensión de cláusulas de revisión salarial vinculadas al IPC, días de reducción de jornada, así como mejoras en otros derechos.
Desde la combativa huelga del metal en Cádiz, a la de Alicante, pasando por las recientes e históricas huelgas indefinidas de 20 días en Cantabria y de 16 jornadas en Ourense, ahora también que se recrudece la lucha en el metal de Guipúzcoa, que ya lleva varias jornadas de huelga. Mientras, en Navarra, Tarragona o Barcelona, se hace sentir la presión sindical para avanzar posiciones en la negociación colectiva y conseguir importantes acuerdos con mejoras salariales, así como también avances sociales y laborales, venciendo la resistencia de una patronal arrogante y poco acostumbrada a negociar y hacer concesiones.
Casi el 85% de la subida de precios se debe a los abultados incrementos de beneficios de las compañías privadas
No es casualidad. Gracias a la reforma laboral del PP, que estableció la prevalencia del convenio de empresa frente al convenio de sector, era más fácil para los patronos imponerse a trabajadores aislados de pequeñas y medianas empresas. Pero ahora, con la nueva reforma laboral, la prevalencia de los convenios de sector y la ultraactividad indefinida, se ven forzados a tener que confrontar con la fuerza colectiva de los sindicatos organizados en los distintos sectores económicos y productivos.
Las elecciones en la CEOE y el bloqueo patronal
El bloqueo de la patronal y su resistencia a incrementar los salarios tiene que ver con la lógica capitalista y su deriva especulativa: incrementar las ganancias empresariales subiendo los precios mientras se devalúan los salarios de la clase trabajadora. Este contexto es propicio para que muchos sectores empresariales, representados en la CEOE y resto de patronales, hayan mejorado sus márgenes de beneficio a costa de los salarios y trasladando a los precios de venta los altos costes de la energía, transporte, materias primas, etc. Esto ha sido así especialmente en el caso de las compañías relacionadas con las materias primas, las energéticas, transporte, comercio y hostelería, así como la banca.
Otro factor que incide son las diferencias políticas en el seno de la patronal. Y mucho tienen que ver con cuál debe ser la actitud de los patronos ante el gobierno progresista, donde hay ministros comunistas, en especial ante la ministra de trabajo, Yolanda Díaz Pérez. Los empresarios están muy molestos, ya no sienten como suya la actuación y las políticas del ministerio y la inspección de trabajo, que, acuerdo tras acuerdo y ley tras ley, va introduciendo políticas que restringen el poder empresarial y refuerzan a los sindicatos y a la clase obrera. El mayor exponente, y donde saltaron más virulentamente sus contradicciones, fue con el acuerdo de la CEOE de la reforma laboral, que desató una fuerte oposición interna, lo que ha tensionado, y mucho, los equilibrios internos dentro de la patronal.
El próximo 23 de noviembre hay elecciones a la presidencia de la patronal española. El jefe de los patronos, Antonio Garamendi, ya ha presentado su candidatura a la reelección. Aunque todavía no está claro si va a haber candidatos alternativos, ya suenan algunos nombres, como Gerardo Pérez, presidente de Faconauto. En plena campaña interna, la patronal se niega a negociar el Acuerdo por el Empleo y la Negociación colectiva (AENC), subidas del SMI u otras medidas del gobierno. El propio Garamendi ha endurecido sus posturas contra los sindicatos y el ejecutivo, centradas en estigmatizar las subidas salariales como causantes de la inflación, en criticar la subida de impuestos y su progresividad o el incremento de cotizaciones sociales a los salarios más altos.
Solo uno de cada cuatro trabajadores está protegido de la inflación en sus convenios a través de las cláusulas de revisión salarial que actualizan los sueldos con el IPC.
Los sectores de la patronal más ligados a la derecha y a la ultraderecha buscan presionar políticamente a Garamendi, e incluso tratan de tomar las riendas de la organización empresarial, para que la CEOE haga oposición frontal al Gobierno progresista. Utilizan el bloqueo de los salarios en los convenios, principalmente para aumentar sus márgenes de beneficios, pero también para provocar una situación de inestabilidad social que sirva para desgastar al gobierno, de cara a situar en mejores condiciones a las derechas para los próximos comicios electorales. No es que el actual presidente de la patronal tenga simpatías por el gobierno ni sus políticas progresistas, sino que busca el acuerdo favorable a los intereses de la patronal de forma más pragmática, ya que es consciente que quién está gestionando los fondos europeos (PERTE) y los presupuestos Generales del Estado.
La devaluación salarial lleva a la recesión económica
Es una burda mentira de la patronal y la derecha que sean los salarios los que causen la subida inflacionaria. De hecho, la enorme inflación está hundiendo las nóminas de la clase trabajadora a mínimos que no se veían desde la crisis del petróleo de los años 70 del siglo pasado. Los salarios reales están sufriendo la mayor caída en 40 años, mientras las empresas privadas ya superan los beneficios previos a la pandemia: casi el 85% de la subida de precios es debido a los abultados incrementos de beneficios de las compañías privadas. Hasta el Banco de España, poco sospechoso de ser de izquierda, confirma que “el negocio y la rentabilidad de las empresas crecen a una tasa muy alta”.
La alta inflación está haciendo que los sueldos pierdan valor, en un proceso de empobrecimiento silencioso, diario y generalizado. Es preciso recordar que solo uno de cada cuatro trabajadores está protegido de la inflación en sus convenios, a través de las cláusulas de revisión salarial que actualizan los sueldos con el IPC. Esta fuerte devaluación salarial provocada por la inflación hace que hoy podamos comprar muchas menos cosas que hace un año. Y si las familias todavía compran, es porque perdura la demanda que se contuvo y por el ahorro acumulado en la pandemia. Pero, a medida que se dilata este periodo inflacionario, el colchón de ahorro de las familias se va agotando. Y hay que tener en cuenta que todavía no ha llegado el frío invernal, que puede disparar aún más el coste energético.
A la brutal subida de los precios, que siendo todavía muy alta se moderó del 10,4% de agosto al 8,9% de septiembre, se suma el aumento de los tipos de interés impulsados por el Banco Central Europeo (BCE) y, por lo tanto, del coste de la financiación y el crédito, de las hipotecas y de la vivienda. Estas fuertes subidas están recortando el poder adquisitivo de los sueldos y también reduciendo el consumo. Además, es bueno recordar que los tipos de interés no están incluidos en cálculo del IPC, pero añade más angustia en los hogares de las familias trabajadoras.
En las altas instancias de la UE y el BCE, son dominantes las posturas que defienden combatir la inflación incrementando el precio del dinero para enfriar la actividad económica, lo que tendería a reducir la demanda y nos pondría en riesgo de recesión económica. ¿Acaso nos quieren colocar en el dilema de sostener el empleo frente a los salarios, mientras las empresas agrandan sus beneficios escandalosamente?
Las medidas del Gobierno para paliar los efectos de la inflación
El Gobierno ha venido desplegando varios paquetes de medidas de choque para paliar la difícil situación de las familias trabajadoras, centradas en limitar la factura de la luz y en subvencionar los precios de los carburantes. También para aligerar la situación de los hogares más vulnerables, limitando los precios de los alquileres o subvencionando el transporte público, entre otras cosas, para reducir el consumo de gasolina o diésel.
No valen argucias de sostener el empleo a costa de los salarios mientras las empresas agrandan sus beneficios escandalosamente
Es importante resaltar que, gracias a la reforma laboral y a las medidas de protección del empleo (principalmente los ERTE), por vez primera en más de cuatro décadas, una dura crisis no está significando una destrucción masiva de empleo. Los resultados de un estudio de UGT en julio muestran que en los cuatro primeros meses del 2022 los expedientes de regulación de empleo (ERE) se redujeron un 61,7%.
También se va a garantizar el poder adquisitivo de las pensiones (confirmando que se cumplirá la ley, con la revalorización del IPC de noviembre) y se ha negociado con los sindicatos una subida salarial del 9,5% en tres años para los funcionarios y empleados públicos. Aún queda pendiente el objetivo de volver a incrementar el Salario Mínimo Interprofesional (SMI) hasta el 60% del salario medio, aunque tanto los sindicatos como PCE, IU y UP, con la ministra de trabajo al frente, ya se han definido a favor de incrementarlo más, para revalorizarlo teniendo en cuenta los altos niveles de IPC.
Otras importantes medidas para poder sostener el escudo social para paliar los efectos de la alta inflación, que ha costado mucho implementar debido a las enormes resistencias por parte de los sectores más socio-liberales del PSOE, ha sido el anuncio de un aumento temporal de impuestos para las rentas altas, los grandes patrimonios y empresas. A la vez, se reducirá la carga impositiva para los trabajadores con ingresos anuales de hasta 21.000 euros.
La cólera popular se extiende por todo el continente
Las manifestaciones de descontento social empiezan a desencadenarse a través de diferentes movilizaciones que se extienden a escala continental. Desde Rumanía, Moldavia o la República Checa, pasando por Holanda, Bélgica, Alemania, y, sobre todo, Francia. Es en el país galo, debido a su larga tradición de luchas obreras, y también producto del descontento hacia el actual gobierno de la derecha liderado por Emanuel Macron, donde el sindicalismo ha planteado la batalla frontal.
Gracias a la reforma laboral y a las medidas de protección del empleo, como los ERTE, por vez primera la crisis no está significando una destrucción masiva de empleo
Durante el mes de septiembre y octubre, la CGT ha mantenido varias movilizaciones y huelgas en diferentes sectores, aunque la lucha más contundente ha sido en las refinerías. Una huelga que se ha alargado durante dos semanas por incrementos salariales dignos para sus trabajadores y trabajadoras, que culminó en una huelga intersectorial el pasado 17 de octubre. La tensión social ya se está traduciendo en tensión política, al concordar las huelgas obreras en Francia con una gran movilización de la izquierda francesa en París, que reunió a varias decenas de miles de personas que reivindicaron la lucha y la necesidad de rearmar una alternativa unitaria de izquierdas, frente la guerra, la crisis, la ultraderecha, la derecha liberal y el social-liberalismo.
¿Se deshacen las costuras de la Alianza Atlántica?
Las crecientes movilizaciones sociales contra la carestía de la vida y el alza de los precios expresan una situación cada vez más explosiva. La presión social deviene en política, la situación se acelera forzando a varios gobiernos europeos a mostrar públicamente sus diferencias y disputas por el control de la energía, y más tímidamente sus reservas a la estrategia de prolongar la guerra, impuesta por Estados Unidos y asumida por una cada día más resquebrajada Unión Europea. El alarmante incremento de los precios de la energía, la escasez y las restricciones empiezan a afectar dramáticamente a la capacidad de compra general, especialmente de la clase obrera y a los sectores más vulnerables de la sociedad.
En este contexto no son casuales las afirmaciones de Robert Habeck (ministro de Economía alemán) acerca de que «algunos países, incluso amigos (EEUU sic), están consiguiendo precios astronómicos en algunos casos», o las más contundentes de Bruno Le Maire (ministro de economía francés) declarando que “la guerra en Ucrania no debe dar como resultado una dominación económica de EEUU y un debilitamiento de la Unión Europea». Incluso el propio presidente francés Emanuel Macron afirmó sin paliativos: «Cuando tienes precios de energía estadounidenses que son mucho más bajos que los nuestros y su productor de hidrocarburos (refiriéndose a Estados Unidos) los vende 3 o 4 veces más caro de lo que lo vende a sus industriales, existe un doble rasero implícito, lo que es un verdadero problema de acercamiento y sinceridad en el comercio transatlántico».
Ante lo desolador del panorama, se añaden algunas grandes trasnacionales que plantean llevarse producciones a EEUU, China e incluso a países de la periferia europea por los enormes costes energéticos. Con una Alemania en recesión que puede hundir a las economías de la UE y una Francia en decadencia, empieza a ganar fuerza un nuevo enfoque entre las élites europeas, con un reparto “solidario” de los costes y el transporte de la energía, para repartir la carga de la crisis energética entre los países “aliados”. Las dudas son más que razonables teniendo en cuenta los draconianos antecedentes de la UE en anteriores crisis. ¿Sería un reparto entre iguales o seguiría bajo la lógica centro-periferia? Además, las anteriores declaraciones de dirigentes europeos sobre los abusos de EEUU pueden tener tintes épicos al parecer una denuncia, pero también se pueden percibir como una súplica para que Washington afloje la soga y acepte bajar los costes energéticos a la UE, algo que es muy difícil que ocurra.
Aumentarán los impuestos para las rentas altas, los grandes patrimonios y empresas, y se reducirán para los trabajadores con ingresos de menos de 21.000 euros
La principal causa que está precipitando la alta inflación tiene que ver con el declive del imperialismo estadounidense y de las potencias europeo-occidentales, en un mundo que tiende hacia el multilateralismo cada día con más fuerza. La tendencia hacia el proteccionismo y fraccionamiento de los mercados, la ruptura y escasez en las cadenas de suministro a escala global, ya venía anunciándose desde antes de la pandemia. Tras el Covid-19, y más con la guerra y las sanciones económicas de EEUU, la UE y la OTAN contra Rusia, sumado a los perversos efectos tras décadas de neoliberalismo, se está propiciando un terreno favorable a que se desaten la especulación y las fuerzas más reaccionarias a escala global. Es por lo que EEUU continuará su estrategia de sacrificar “hasta el último ucraniano” y “hasta el último europeo”. Necesitan acumular fuerzas y recursos para hacer frente a su principal rival geopolítico e ideológico: la República Popular de China.
Frente al bloqueo patronal, la guerra y la reacción: movilización y huelga
En España el descontento social y la movilización se desencadena de otra manera, entre otras razones, gracias a la presencia de las comunistas y la izquierda en el gobierno, a las políticas que se están impulsando, con todas las limitaciones que se quiera, ya que son producto de la actual correlación de fuerzas en la sociedad y en las instituciones. La presencia de la izquierda en el Gobierno y en el bloque de investidura, y las políticas que se tratan de implementar en beneficio de la mayoría social, son permanentemente atacadas por los representantes de la oligarquía y la patronal, por la derecha, la ultraderecha, los medios, los sectores reaccionarios integrados en los aparatos del Estado.
Para torcer el brazo a la patronal, revertir la situación de bloqueo y devaluación salarial, los sindicatos de clase han planteado una estrategia de presión y negociación, esencialmente a través de los convenios sectoriales, centrando la acción sindical en aquellos sectores donde hay más fuerza sindical y tradición de lucha, mayor capacidad de movilización y presión, para conseguir victorias tangibles, y para situar en la sociedad la causa del mantenimiento del poder adquisitivo de la clase trabajadora. No es casual la tremenda movilización de la clase obrera industrial y del metal, sectores especialmente golpeados por la precariedad, pero donde todavía se nota la fuerza sindical y persiste una importante capacidad de conflicto para plantar cara a los patronos.
Se garantiza el poder adquisitivo de las pensiones y una subida salarial del 9,5% en tres años para los funcionarios y empleados públicos
CCOO y UGT han convocado gran movilización el 3 de noviembre en Madrid para que todas las luchas confluyan en una misma manifestación. Es trascendental que el descontento social que provoca la depauperación de nuestras condiciones de vida no sea canalizado por el populismo reaccionario de la extrema derecha y sí sea dirigido hacia los verdaderos responsables de la crisis: la gran patronal y sus representantes políticos.
Es por ello que el Partido Comunista de España hace un llamamiento a toda su militancia, a la clase obrera y la izquierda, a organizarse y participar de forma activa, en todas las movilizaciones sindicales, convocadas a lo largo de nuestro país desde el mes de octubre, y para que el 3 de noviembre Madrid sea un clamor masivo contra la carestía de la vida, por la subida de los salarios y por la paz.
Sin lucha reivindicativa no hay revolución
La lucha por la mejora de las condiciones de vida es la escuela donde la clase obrera aprende a organizarse, toma conciencia de su fuerza transformadora y de la necesidad histórica de derrocar al capitalismo. Las reivindicaciones inmediatas, la lucha por objetivos concretos, organiza y estimula la toma de consciencia. Las victorias salariales en los convenios dan valor a la organización y a la necesidad de la lucha, desautorizan el poder de la patronal y resquebrajan su autoridad, poniendo en cuestión el dominio del capital y su hegemonía. ¿Acaso lograr un aumento salarial del 15% en tres años como en el metal de Ourense es una derrota por ser reformista y porque no significa la instauración inmediata del socialismo? Imaginad el impacto que tiene en los trabajadores que ven incrementado su sueldo por actuar colectivamente con los sindicatos frente a unos patronos que lo tienen que aceptar, aunque no lo quieran. Para eso sirven las luchas reivindicativas por las reformas, victorias concretas que sirven al pueblo y a la clase para organizarse, tomar conciencia y acumular fuerzas. En estos momentos no hay nada más revolucionario que el estruendo ensordecedor de las fábricas paradas, la acción de los piquetes y la clase obrera empoderada tomando las calles en defensa de sus salarios y condiciones de vida. No hay nada más revolucionario que los trabajadores pongan en valor la organización sindical y la movilización conquistando mejoras salariales por medio de la huelga y la acción sindical, en un proceso necesario para la construcción de clase en sí y para sí. Ante esta situación los comunistas debemos dar un paso al frente.







