El pasado 18 de julio nos dieron una de las noticias más tristes que hemos recibido en mucho tiempo: Facundo, nuestro compañero y camarada afincado en Bruselas, había fallecido la noche anterior.
Facundo Hernández García nació el 25 de abril de 1941 en Villamor de los Escuderos, un pequeño pueblo al sur de la provincia de Zamora. Toda su familia era oriunda de este municipio y poseían algunas tierras, pero ni mucho menos les daba para poder vivir de ellas y su sustento dependía de trabajar las de otros. Sufrió en sus carnes aquello de “la letra con sangre entra” de la educación franquista y, como muchos españoles de la época, acabó marchándose de su tierra en busca de un futuro mejor.
El 15 de diciembre de 1964 Facundo llegaba a Luxemburgo, donde le esperaban su hermano y su hermana que habían emigrado antes. Lo hizo en tren, llevando consigo apenas una maleta muy austera atada con una cuerda y algo de comida para el viaje en un trayecto que duró varios días y donde, una vez cruzada la frontera, no habló con nadie al no saber francés. Conociendo lo mucho que le gustaba conversar, no debió pasarlo nada, nada bien.
Facundo empezó a trabajar el 2 de enero de 1965. Lo hizo en la construcción, en una cuadrilla compuesta casi por completo por italianos. Vivir allí fue como llegar a un nuevo mundo: la forma de vestir era distinta, le fascinaba ver los tranvías por la ciudad y conoció los derechos de libertad de expresión y de reunión que eran nuevos para él. Además, allí entraría en contacto con emigrantes políticos españoles que habían llegado huyendo de la represión.
Poco después emigró a Bélgica, donde fijó su residencia para el resto de su vida, siguiendo otra vez el camino emprendido por su hermano. Entró en el país de forma clandestina un domingo y al día siguiente ya empezó a trabajar en una obra con una cuadrilla de belgas junto a la Place de la Chapelle, donde pronto aprendió a decir todo tipo de palabrotas en francés primero y los nombres de las herramientas de trabajo después.
Si de algo se ha quejado siempre de su experiencia como emigrante ha sido del trato recibido por las embajadas y consulados españoles: les atendían en la calle o les alargaban artificialmente los trámites. Cuando sus planitillas en Bruselas se manifestaban en 2022 por sus derechos, se les unió Facundo con su bandera de CCOO y sus 81 años.
La emigración española en Bruselas a principios de los 70 fue tan numerosa que en la ciudad llegaron a haber cerca de doscientas cafeterías, bares y restaurantes españoles. Allí celebraba sus fiestas y sus bailes, y fue ahí donde Facundo conoció a Margarita, quien con el tiempo se convirtió en su esposa y en la madre de su hija Susana.
Donde está un comunista está el partido
Facundo se convirtió en un militante comunista del exterior. La actividad política del PCE fuera de sus fronteras no respondía solo a las lógicas del exilio, sino fundamentalmente a la máxima de “donde está un comunista está el partido”, y donde está el partido emerge la conflictividad laboral: participa de los sindicatos locales, genera lazos de solidaridad, elabora y reparte propaganda… En definitiva, milita activamente por la transformación y la defensa de las y los trabajadores.
Durante años, militantes del PCE acudían a la estación de Gare du Midi a recoger a emigrantes que allí llegaban y les proporcionaban una cama y comida en el “Centro García Lorca”, ayudándoles además a buscar trabajo, a resolver cualquier tipo de papeleo burocrático en el consulado y a introducirles en la comunidad española de allí.
Lamentablemente, no todo fueron buenas experiencias políticas. Facundo también sufrió los reveses de las luchas intestinas dentro del Partido, y algunas preguntas incómodas planteadas a un miembro del secretariado acarrearon su expulsión. Poco tiempo después el Partido se extinguió en Bélgica y se malvendió el “Centro García Lorca”. Facundo nunca dejó la lucha, organizándose desde entonces en el Partido Comunista de Bélgica.
En abril de 2015 conseguimos reparar un poco el daño que supuso su injusta expulsión del Partido al reconstruir el núcleo del PCE en Bélgica. Se nos pone la piel de gallina al recordar a Facundo rellenar la ficha de afiliación y llorar a moco tendido por todo lo que significaba aquel momento para él. Solo por verle así nos pareció que ya había valido la pena.
Pocos años antes había sido especialmente implacable en las reuniones del 15M. Aquel fenómeno tuvo mucha fuerza entre la migración en Bélgica y a Facundo le generó sensaciones algo encontradas: por un lado, estaba encantado de ver a tanta gente juntarse a debatir y hablar de política; pero por otro, le daba mucha rabia que no dieran el paso de afiliarse a los partidos o sindicatos para que esa fuerza no se perdiera con el tiempo. Pero como tenía tanta altura de miras como calidad humana, Facundo acudió a todas las reuniones para escuchar, hablar y ayudar en lo que pudiera.
Muchas de aquellas personas que participaron en el 15M empezaron a encontrarse esporádicamente en los buzones de sus casas algunas páginas fotocopiadas de Mundo Obrero. Repartir esas hojas con las noticias y artículos que más le habían gustado (nunca faltaba el de Anguita) era su manera de intentar concienciar, transmitir sus ideales y comunicar las propuestas de su organización. Llevaba años haciendo este reparto y lo siguió haciendo muchos más, dejando estas fotocopias o ejemplares completos de Mundo Obrero allí donde se enteraba que se había mudado alguien que venía de España o cuando leía un apellido español en el buzón en sus paseos por el barrio.
Este 25 de julio, su familia, amistades y camaradas nos despedimos de Facundo en el cementerio de Saint Gilles en un funeral al que acudieron más de un centenar de personas para mostrar sus respetos. Quedará por siempre en nuestra memoria su ejemplo, su entrega militante, su inteligencia política y, sobre todo, su personalidad: el genuino placer con el que cocinaba sus chorizos a la sidra en la fiesta del primero de mayo, su forma de reírse del mundo agachando levemente la cabeza y mostrando una gran sonrisa, sus grandes y callosas manos de obrero, su optimismo a prueba de todo y su profunda humanidad. En noviembre nuestro núcleo organizará un acto homenaje en Bruselas.








