China digital

El ambicioso proyecto de transformación digital, como línea estratégica del XIV Plan Quinquenal, sitúa a China a la vanguardia tecnológica ante la impotencia de EEUU que intenta aislarla
China semiconductores

La hegemonía china en la cuarta revolución industrial es evidente. Como EE.UU en la primera y segunda guerra mundial, hoy por hoy la potencia asiática es la clara vencedora por anticipado no ya de la guerra de Ucrania, sino que está llegando primero a la Meta o construcción de la sociedad digital. La ambición y velocidad de crucero del proceso de modernización la sitúan a la vanguardia tecnológica sin que la estrategia de aislamiento de Washington haya resultado efectiva, toda vez que el gigante asiático hace tiempo que construyó cadenas globales y estrategias de producción y diseño de semiconductores desde la cooperación con inversiones estratégicas. Así, por ejemplo, el montante anual en I+D crece en más de 4.000 millones de dólares mientras el imperio americano sigue con el relato de cañones y mantequilla, más Pentágono que desarrollismo, a juzgar por las últimas decisiones de la administración Biden. En claro declive, EE.UU. recurre como siempre a la solución militar y despliega la ciberguerra, o reedita viejas fórmulas al uso que han dejado de funcionar en este nuevo tiempo.

La prohibición del canal CGTN por el Reino Unido, el ariete de los intereses estadounidenses en la UE del Brexit, ha supuesto un veto a la BBC que desnuda al imperio en su histórica faceta autoritaria del peor neocolonialismo informativo, empezando por la campaña sobre Hong Kong. Pero todas estas medidas de presión no han logrado frenar el avance tecnológico y la hegemonía política y económica chinas. El ambicioso proyecto de transformación digital como línea estratégica del XIV Plan Quinquenal representa, en esta dirección, un salto cuántico en la proyección de la República Popular, que prevé para 2025 una interconectividad efectiva de todo el país y una transformación revolucionaria de la estructura económica con la mira puesta en que, para 2035, el país esté a la vanguardia de la innovación y el desarrollo de las nuevas tecnologías de la información. En este marco, la apuesta por el liderazgo en Inteligencia Artificial para 2030 es una prioridad nacional junto a la biotecnología. Y ya son numerosos y constatables sus avances en el comercio internacional, a nivel portuario, en la agricultura, la industria y, especialmente, el sector finanzas, además de la educación y servicios públicos. El yuan digital, y la diplomacia con los países del Sur global no solo da cuenta en este sentido del multilateralismo inteligente en la construcción de un nuevo orden internacional del gobierno de Xi Jinping, sino el evidente desplazamiento del dólar como moneda de cambio y, por ende, la mudanza por completo de la estructura económica internacional. Si añadimos a ello el crecimiento de Tenzent, Alibaba, ZTE, Huawei, WeCHAT y, sobre todo, Tik Tok, con un incremento de la inversión en Big Data en torno al 20%, comprenderá el lector que la afirmación con la que abríamos la columna es un anuncio hecho realidad, aunque no se enteren, por lo visto, los CEOs del imperio de Silicon Valley y menos aún la Administración Biden.

Desde la operación SHOTGIANT, en 2010, la NSA viene no obstante saboteando Huawei, incluso hackeando, de forma premeditada, sus sistemas. Pero el horizonte de progreso del gobierno chino anticipa la desamericanización de la industria de silicio. En esta dirección apunta Global Date Security Initiative y el sistema operativo propio Harmony OS. El país cuenta ya con empresas como Bairong, Dahua Technology o Hikvision en materia de ciberseguridad. Y continúan las alianzas con gigantes como Rusia y Brasil junto a la apuesta por nuevos escenarios de futuro como la cooperación con países africanos, un continente emergente, en el que viene construyendo formas de intercambio y reglamentación a partir de los servicios públicos de salud, transporte y educación. Mientras la Unión Europea se prepara para movilizar 300.000 millones de euros y competir con la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI, por sus siglas) siguiendo las instrucciones de Washington, como en Ucrania. Un suicidio anticipado, pese a que Bruselas haya calculado en 2025 un beneficio de más de 113.100 millones de euros al año en salud, transporte y energía, cuando a día de hoy es incapaz de pensar de forma autónoma en planes quinquenales y soberanía tecnológica embelesada como está con el discurso de las big tech americanas. Bien lo sabemos en Andalucía donde proyectos piloto de 5G para el turismo, la robótica y la agricultura incuban lo que no es sino el cierre de toda perspectiva de futuro convirtiendo nuestros sectores estratégicos en meros pacientes y consumidores de la infraestructura por la que fluye el capital, los datos y el conocimiento basado en información. Todo lo contrario al nacionalismo de plataformas que proyecta Pekín. No son conscientes en la Comisión que la ruta de la seda es la sedación de la moneda y la geopolítica de los flujos de capital centralizados por el complejo industrial-militar del Pentágono, una institución en crisis por la gobernanza monetaria y el pogromo neoliberal dictado, aún de momento, por el Dios dólar. Pero del SWIFT a CIPS, el futuro pinta de otra forma. La guerra de Ucrania va más allá de fronteras y tensiones geopolíticas, anuncia el fin de Visa y Mastercard, la ruina del muro de Wall Street, como gustaba decir a Tomás Borge, y la pérdida del control unilateral de un ecosistema informativo que será revolucionado con el 5G desde Shangai y no desde California. Por lo pronto, los despidos han empezado en el valle de silicio. Y Ellon Musk interpreta perfectamente el papel de Nerón. El resto ya lo conoce el lector por las enseñanzas del viejo topo de la historia.

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