La cosecha que nos dejó el capitalismo globalizado, la desposesión, la inflación y acumulación del descontento

Buena parte de la población se ha empobrecido, ha perdido capacidad adquisitiva, generándole una sensación de insatisfacción, retroceso y miedo ante lo ajeno
Manifestación islamofóba de 2016 en Varsovia, organizada por el partido ultracatólico y ultranacionalista polaco Movimiento Nacional junto a su organización juvenil Juventud de Toda Polonia. En el cartel del fondo se lee: «Contra la islamización de Europa».
Manifestación islamofóba de 2016 en Varsovia, organizada por el partido ultracatólico y ultranacionalista polaco Movimiento Nacional junto a su organización juvenil Juventud de Toda Polonia. En el cartel del fondo se lee: «Contra la islamización de Europa» | Foto: Adrian Grycuk / CC BY-SA 3.0 pl

Este auge es el producto de una larga acumulación de descontento con distintos rasgos. Lo que ocurre hoy es la consecuencia de decisiones económicas tomadas en los países occidentales desde los ochenta, de políticas neoliberales, de desregulación y deslocalización industrial. No se comprendió que esas decisiones desestabilizarían el producto del estado del bienestar, una clase trabajadora que había visto mejorado su nivel adquisitivo (la llamada “clase media”) integrada económicamente, y por tanto cultural y políticamente.

Buena parte de esa población ha visto que se empobrecía, perdía capacidad adquisitiva, generándole una sensación de insatisfacción, retroceso y miedo ante lo ajeno. Siente una profunda desafección hacia el “establishment político” y ve en las propuestas de la extrema derecha una posible solución a sus problemas.

Los rasgos comunes de estas formaciones se declinan de distinta manera en cada país. Hay especificidades nacionales, tanto en el tipo de partidos como en las causas. Primero los trabajadores, luego los agricultores, luego los más precarizados. Es una desestabilización que ha derivado en desposesión. Desposesión de los lugares que crean empleo y riqueza, como las grandes urbes. Lo que ha provocado que se generase un choque social, cultural y político. Así, son las periferias del sistema las que votan por la ultraderecha, no la gran urbe.

En esa terrible dinámica, amplios sectores de la sociedad son sensibles a una llamada nostálgica, recuerdo de otro tiempo que no era necesariamente más próspero ni más estable, aunque muchos sienten que por supuesto lo era, y que coincidía con un mayor crecimiento económico, y una mayor prosperidad.

Nacionalismo identitario, xenofobia, nostalgia y un patriotismo folclórico son los elementos que cultiva la extrema derecha para crecer

Dentro de ese marco desempeña un papel importante el factor identitario. El nacionalismo se asienta en elementos culturales, religiosos, tradicionales y étnicos. Esa mezcla entre identidad y nostalgia conforma un conjunto de elementos que ejerce una atracción transversal en muchos países, a veces con especial intensidad en los sectores más humildes y con situaciones periféricas.

Otro fenómeno vinculado a ese descontento es el abstencionismo, con tasas récord en Francia o Italia. Otras viejas instituciones generan crecientes niveles de desconfianza, como los medios de comunicación tradicionales en muchos países.

Deslocalizaciones industriales y pérdida de empleo

Así, vemos como el capitalismo globalizado ha creado las condiciones que han propiciado el auge reaccionario de la extrema derecha. Si durante años únicamente se percibió la facilidad del acceso de nuevos bienes de consumo, las grandes pérdidas de empleo que se produjeron con las deslocalizaciones industriales han sido algo muy evidente.

Ahora, la inflación derivada de la guerra amenaza con aumentar el combustible de la reacción, erosionando el poder adquisitivo de forma especialmente dolorosa para la clase trabajadora y los sectores populares que contemplan con el sistema desde la lejanía.

No debemos dejar en manos de la extrema derecha las protestas frente a las consecuencias económicas y sociales de la guerra

Los y las comunistas sabemos que cuando se produce una guerra, somos la clase trabajadora y la mayoría social quienes sufrimos las consecuencias. Por eso la importancia de la organización popular y la movilización para que los gobiernos de los países europeos tomen medidas de carácter social, se recuperen los grandes beneficios que las energéticas han obtenido aprovechándose de la especulación de precios, y se refuercen los servicios públicos.

Estamos en el claroscuro que nos decía Gramsci. Una ola reaccionaria acecha con seguir avanzando y echando raíces. En este sentido, un aprendizaje que aportamos los y las comunistas es que no debemos dejar en manos de la extrema derecha las protestas frente a las consecuencias económicas y sociales de la guerra, para evitar la secuencia posterior que podría suceder. El siglo XX es testigo de varios ejemplos.

 La movilización popular sumada a las más amplias alianzas con las organizaciones de la izquierda, progresistas, los movimientos sociales y el mundo sindical deben ser el muro de contención que frene a la extrema derecha, en sus diferentes caras y facetas. Únicamente así, con la más amplia unidad popular, devolveremos a los monstruos al basurero de la historia, el lugar del que nunca debieron de salir.

(*) Responsable del grupo de Europa del Área de Internacional del PCE

Imagen: Manifestación islamofóba de 2016 en Varsovia, organizada por el partido ultracatólico y ultranacionalista polaco Movimiento Nacional junto a su organización juvenil Juventud de Toda Polonia. En el cartel del fondo se lee: «Contra la islamización de Europa» | Foto: Adrian Grycuk / CC BY-SA 3.0 pl

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