El recién elegido presidente de la República Argentina, Javier Milei, del partido La Libertad Avanza (LLA), se ha convertido en otro de los referentes de la ultraderecha mundial y, especialmente, para el líder de la ultraderecha española Santiago Abascal. El año pasado compartieron, en el mes de octubre, acto electoral en Madrid donde Milei exhortó a dar «la batalla cultural» contra el socialismo, contra “el zurderío” «que nos contamina la vida, busca destruir nuestra sociedad y arruinar nuestras vidas convirtiéndonos en esclavos». Aprovechó para reiterar su posición contraria a “la ideología de género, a los “conflictos étnicos” “los pueblos originarios”, “al lenguaje inclusivo” y “la agenda ecologista” y defendió la idea que “la justicia social es una idea violenta injusta”.
Millei no está sólo. Le respaldan Trump, Salvini, Bolsonaro y el portugués Ventura. En España le aplauden Abascal y el PP con Ayuso a la cabeza. Acaban de ganar en Holanda
Al conocerse el resultado de su elección, los referentes de la ultraderecha no tardaron en felicitarlo. Donald Trump, Matteo Salvini, Jair Bolsonaro o el ultra portugués André Ventura. En España, además de las felicitaciones de Abascal, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, afirmó que era evidente que Argentina necesitaba un cambio, le deseaba a Milei todos los éxitos manifestándole que podía contar con Madrid “porque nosotros hemos trabajado desde el primer día en defensa de la libertad, de la prosperidad y haciéndonos cargo de tantos argentinos que huían despavoridos del peronismo a Madrid”.
Apenas tres días después de conocerse el resultado electoral argentino, en las elecciones generales de los Países Bajos, resultaba ganador el ultraderechista y antiislamista Geert Wilders, del Partido por la Libertad (PVV), obteniendo 37 de los 150 escaños de la Cámara de Representantes. A diferencia de Milei que obtuvo mayoría absoluta, Wilders tendrá que conseguir alianzas con liberales y conservadores. Consiga o no esa coalición, lo cierto y preocupante es que por primera vez desde 1945 en los Países Bajos ha ganado la ultraderecha, en un país que sufrió la ocupación nazi y la persecución contra la Resistencia y los judíos. En 1940, las fuerzas de ocupación publicaron un decreto por el que los funcionarios tenían que presentar un “certificado de ariedad” para desempeñar su cargo y comenzaba una limpieza étnica apoyada por el partido Movimiento Nacional-Socialista (NSB), colaborador de la fuerza ocupante, con oposición de los y las trabajadoras (en 1941 se organizó una huelga general) y la resistencia armada de partidos antifascistas como el Partido Comunista de los Países Bajos (más de 2.000 de sus militantes fueron asesinados por la Gestapo).
Ochenta y tres años después, ha ganado el mismo discurso de “limpieza étnica”, esta vez contra los musulmanes, contra el derecho de asilo y contra el derecho que europeos y europeas no nacionales de los Países Bajos puedan vivir y trabajar en ese país. Wilders propone prohibir el Corán y cerrar todas las mezquitas y escuelas islámicas del país.
Wilder se parece mucho a Milei en materia económica. Por ejemplo, rebajando masivamente o eliminando casi todos los impuestos, privatizando la mayor parte de las empresas públicas y aboliendo cualquier subsidio al arte, la cultura, el deporte y los medios de comunicación públicos. No propone eliminar ministerios, pero sí crear uno de “desislamización”.
El ultraliberalismo económico, la desregulación, las privatizaciones y la reducción del Estado y la democracia a su mínima expresión, como manifestación del capitalismo más salvaje y agresivo, junto al ideario homófobo, patriarcal, xenófobo y negacionista de la emergencia climática, es el denominador común de la ultraderecha del siglo XXI que arrastra a las fuerzas conservadoras y a la derecha tradicional (el ejemplo de Isabel Díaz Ayuso es paradigmático).
El continuo avance de la ultraderecha y los retrocesos de las fuerzas progresistas y de izquierdas pone en evidencia hasta dónde “la batalla cultural” propuesta por Milei contra el socialismo está generando una cierta hegemonía en América y Europa.
Y es en este punto donde la izquierda debería encarar la batalla cultural, de ideas, para recuperar ese terreno perdido. Y el terreno de esa batalla cultural no se debería circunscribir a los límites geográficos de cada Estado sino de coordinar propuestas alternativas y estratégicas a nivel internacional.
La regulación de los mercados, la democracia económica, la lucha contra la inflación como enemiga de la clase obrera (en Argentina, la más alta del mundo con el 122 %), la ampliación de derechos y de la democracia, la lucha contra el patriarcado y la emergencia climática, la protección del migrante, el respeto a todas las confesiones religiosas, la paz y la defensa de un nuevo Sistema de Seguridad Compartido y Desmilitarizado, deberían ser asuntos que concitaran posiciones coordinadas de la izquierda a nivel internacional en esa batalla de ideas frente a la expresión del capitalismo en su versión ultraderechista.
En cualquier caso, Milei no lo va a tener fácil en relación con su propuesta estrella de “dolarización de la economía” y eliminación del Banco Central. Son competencias del Congreso (artículo 6 y 11) donde no tiene mayoría. Se abre un periodo de incertidumbre para los y las argentinas y una onda preocupación entre las fuerzas progresistas de América Latina y Caribe.
El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, lo expresó así en rueda de prensa: «Es como si estuviésemos a favor de Franco o de Pinochet, o para ser más preciso, de Videla. Tiene ese pensamiento. Así lo ha expresado y somos respetuosos del pueblo, de la decisión que tomaron, pero pintamos nuestra raya con esa política».








