Este estremecedor texto se podía leer en un cartel de propaganda de la República española, que fue difundido en el Reino Unido a través del Partido Laborista y del Partido Comunista de Gran Bretaña, con objeto de denunciar los ataques fascistas indiscriminados contra la población de Madrid durante la Guerra Civil, y animar a la población a unirse a las Brigadas Internacionales. Se trataba de frenar una amenaza que estaba utilizando territorio español como campo de pruebas para la posterior Segunda Guerra Mundial.
Con una nube de aviones bombarderos en formación como fondo sobre el cielo de Madrid, la imagen en primer plano de la niña María Santiago, asesinada durante los ataques sobre un centro infantil de la capital, nos interpela y nos traslada hoy, casi 90 años después, a un escenario similar en la Franja de Gaza.
El genocidio sionista alcanza en estos momentos los 20.000 palestinos asesinados, de los cuales 8.000 son menores, unido ello a cientos de miles de desplazados y a la destrucción de infraestructura civil. Cifras inaceptables que suponen crímenes contra la humanidad, ante las que el resto del mundo sigue sin dar la contundente respuesta que requiere. Seguimos contando cadáveres que, a falta de la dureza de imágenes como la del cartel republicano, no son más que cifras anónimas de un conteo macabro. Precisamente el veto a los medios de comunicación en la zona estaría permitiendo la total impunidad de las acciones criminales.
Hace ahora 25 años, en 1998, y en pleno apogeo de su carrera, la banda galesa de rock Manic Street Preachers incluía precisamente en su quinto álbum de estudio titulado This is my truth, tell me yours, un sencillo que alcanzó un gran reconocimiento de crítica y público, llegando a ser el más vendido en el Reino Unido. El título de la canción, If you tolerate this, your children will be next, basado en la historia del cartel, y ambientada en la Guerra Civil Española, adquiere hoy un nuevo significado. Un mismo genocidio en distintas épocas y latitudes, la misma pasividad internacional, y los mismos e inconfesables intereses geoestratégicos y económicos que rigen el mundo de manera miserable.

Una gran composición musical para la reflexión, por parte de una banda que, enmarcada en la corriente del rock independiente, fue capaz de conjugar el éxito con un claro posicionamiento a favor de las causas de la justicia y la solidaridad; entre otras cuestiones, los galeses nunca ocultaron sus simpatías hacia la revolución cubana, llegando a ser la primera banda de rock occidental en actuar en el Teatro Karl Marx de La Habana en 2001. A buen seguro volveremos a hablar sobre ellos, pero mientras tanto, escuchen y difundan esta maravillosa composición musical y su mensaje, en este grave momento histórico en el que también la música, por qué no, sirva como instrumento de presión para acabar con la masacre.
“La gravedad mantiene mi cabeza abajo / o es quizás la vergüenza/…/ si toleras esto/ entonces tus hijas serán las siguientes/…”








