Despidamos este 2023, como ese pasado que solamente puede atraparse como una imagen que se enciende en el momento que puede ser reconocida (Benjamin). Un año violento —¿y cuál no?—, insolidario —¿se nos fueron las fuerzas colectivas de la pandemia?—, triste e incierto que no nos deja abierto un futuro muy halagüeño.
Pero quiero seguir creyendo: en la revolución, que son (somos) todas (os) y cada una (o) de ustedes, en la poesía, en los sueños, en las nubes y en que sí se puede. Estoy convencido de que la revolución para la paz y la justicia social llegará, porque no se puede detener el tiempo disparando contra el reloj y porque no hay un solo instante que no lleve consigo su oportunidad revolucionaria (Benjamin) y con ella la necesaria metamorfosis social, que lo que era impensable ayer es real y posible hoy (U. Beck).
Si miran al cielo para pedir un milagro, que sea el de alcanzar la utopía de la paz y la justicia social que se esconde entre las nubes. Así que, empecemos esa revolución entre nubes, persiguiendo los poemas que abren un camino de luz y rebeldía en el corazón y en el pensamiento (M. Ana) y alcanzando las utopías que esconden y que están esperando, aquellos y estas, ser encontradas, leídas y puestas en marcha.
Y sueñen que sí se puede, que es dichosa la persona que soñando muere e infeliz la que vive sin soñar (R. de Castro).
Por un 2024 más poético, más pacífico y solidario y menos indiferente para TODXS.








