Jimena Quirós Fernández y Tello: primera oceanógrafa española y gran olvidada de la ciencia

La política y el feminismo fueron, junto al mar, sus otras grandes pasiones. Presidió el comité organizador de la XII Conferencia Internacional de la Federación Internacional de Mujeres Universitarias y a partir de 1930 comenzó a militar
Jimena Quirós, segunda por la izquierda, junto a sus compañeras en una reunión del Comité de Juventud Universitaria Femenina | Foto: Alfonso / Revista Esfera. 1928 / Dominio Público
Jimena Quirós, segunda por la izquierda, junto a sus compañeras en una reunión del Comité de Juventud Universitaria Femenina | Foto: Alfonso / Revista Esfera. 1928 / Dominio Público

“Mar, metade da minha alma é feita de maresia”. Así dicen unos preciosos versos de Sophia de Mello que, sin saber si conocía o no nuestra protagonista, le vienen como anillo al dedo.

Nuestra pionera nació en Almería el 5 de diciembre de 1899 en una familia con fuerte interés por la cultura y la ciencia. También Jimena manifestó un entusiasta interés en las ciencias desde bien pequeña y llegó a ser la única alumna que obtuvo en su curso el título de bachiller en el viejo Instituto de Almería. Quizá esto, junto a la situación familiar (un padre que se desentendió de la familia después de la separación con su esposa y una madre que sacó adelante a la familia dirigiendo un colegio que impulsó ella misma) explique mucho de su otra gran pasión: la política y, especialmente, los derechos de la mujer.

Antes de cumplir la mayoría de edad ya estaba en Madrid, estudiando Ciencias en la Universidad Central. Allí se alojó en la Residencia de Señoritas relacionándose con mujeres que, a cualquiera de nosotras, nos daría mucha envidia: Maruja Mallo, María Zambrano, Clara Campoamor,… lo más granado, junto a ella, de la cultura española de principios de siglo.

Su interés científico la llevó a ser nombrada “alumna interna” del Instituto Español de Oceanografía (IEO), donde asumió distintas tareas, y al Laboratorio de Santander del IEO a preparar la campaña oceanográfica en la que, al año siguiente participaría. Licenciada en Ciencias con premio extraordinario en la sección de Naturales, especializada en Química del mar y Oceanografía, se embarcó en el buque Giralda convirtiéndose en la primera mujer española en participar en una expedición oceanográfica. Pero eso no era nada para lo que estaba por venir…

A su regreso se convirtió en la primera mujer contratada por el Instituto y, de ahí, a Málaga a estudiar moluscos comestibles. Fruto del estudio, publicó su primer artículo científico que se convirtió, a su vez, en el primer artículo científico pesquero firmado por una mujer en nuestro país. ¿Y saben qué? En 1923 ya alertaba del agotamiento en las costas malagueñas de los caladeros de vieiras y ostiones: “hubiesen sido (estos caladeros), de estar regularizada su pesca y respetado el tiempo de veda, una fuente de ingresos considerable”.

Volvió a Madrid y a la Residencia de Señoritas como profesora de distintas disciplinas dentro de las ciencias naturales. Pero su alma estaba hecha de maresía y volvió a buscar (científicamente) el mar en Francia, primero, y en la Universidad de Columbia a continuación (¡qué importantes las becas de estudio, ayer y hoy!) a profundizar en Geografía Física de la Atmósfera y de los Océanos. Su especialización en la física le permitió aplicar sus conocimientos y mejorar lo que se sabía hasta entonces sobre las características de las masas de agua: temperatura, salinidad, corrientes, etc. También fue muy crítica con la metodológica empleada en su departamento para los muestreos y señaló no solo los errores en las instrucciones dadas sino que los datos recogidos hasta el momento no eran “válidos ni aprovechables”. Y que una mujer, en esos tiempos (¿siempre?) sacara los colores a los señores de la academia no sentó nada bien. Entre 1933 y 1934, Jimena fue apartada del Instituto fruto de un expediente, hasta que un juez demostró la mala fe en la apertura del mismo, fue absuelta y readmitida. ¡La lucha por sus derechos también fue una tónica presente en ella!

Decíamos al principio que la política y el feminismo fueron, junto al mar, sus otras grandes pasiones. Vayamos con ello…

Jimena fue vicepresidenta de la Asociación Juventud Universitaria Femenina, presidió el comité organizador de la XII Conferencia Internacional de la Federación Internacional de Mujeres Universitarias y a partir de 1930 comenzó a militar en el Partido Republicano Radical Socialista, haciéndose cargo de la sección femenina del partido. Las bases del partido incluso la eligieron para ser candidata por Almería pero, para sorpresa de nadie, finalmente el partido se decantó por un hombre: el hijo de Nicolás Salmerón.

En 1933 funda, junto a otros desencantados del partido por su acercamiento a Lerroux, el Partido Republicano Radical Socialista Independiente. Después del triunfo de las derechas en esas elecciones, Jimena decide apartarse de la política.

Mal momento. Llegó la guerra y, mientras Jimena es reclamada por el Gobierno de la República para distintas responsabilidades, su hermano fue fusilado por los sublevados.

El fin de la guerra significa, también, el fin de su carrera científica: el gobierno franquista ordena su cese por considerarla “de ideas izquierdistas, por haber pertenecido al Partido Radical-Socialista desde su fundación, haber tomado parte en las deliberaciones y debates del Congreso del Partido y, al producirse el Alzamiento, continuar haciendo manifestaciones de la misma ideología y, en relación con los dirigentes del Frente Popular, haber recibido diferentes cargos, predominantemente culturales”.

Genio y figura, Jimena no se rindió: peleó su reingreso en el IEO, que consiguió (ya en calidad de jubilada) en 1969. Y siguió, porque las causas justas no dejan de pelearse jamás, hasta conseguir en reconocimiento sus trienios, incluidos los de los años que estuvo cesada.

Desde 1982 descansa en el Cementerio Civil de Madrid, todavía en un injusto olvido.

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