Zelenski y Milei, fantoches del imperialismo

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Encuentro entre Zelenski y el presidente argentino recién electo Javier Milei durante la toma de posesión de este último
Encuentro entre Zelenski y el presidente argentino
recién electo Javier Milei durante la toma de posesión de este último

El pasado 10 de diciembre, tras su toma de posesión como presidente de Argentina, Javier Milei se fundió en un abrazo con su homólogo ucraniano, Volodimir Zelenski. Un poco más tarde, ya en el palacio presidencial de la Casa Rosada, el nuevo mandatario argentino obsequió a Zelenski con el tradicional candelabro judío de nueve brazos, aprovechando que la investidura se celebraba durante la festividad de Janucá, o fiesta de las luces. Ese mismo día, el país también cumplía cuarenta años de democracia ininterrumpida o, lo que es lo mismo, desde el final de la sangrienta dictadura impuesta por la Junta militar. Se desconoce de qué temas hablaron ambos mandatarios, pero el ucraniano escribió, sin sonrojarse: «Realmente valoramos la libertad, la defendemos y la fortaleceremos juntos».

Milei y Zelenski presentan un buen número de semejanzas entre sí. En primer lugar, ambos comparten un bochornoso comportamiento populista que aderezan con sus respectivos uniformes carnavalescos: Zelenski ha popularizado mundialmente la sudadera militar de su país y Milei la chupa motera de cuero sobre una chaqueta azul de chándal.

Zelenski arrasó en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales ucranianas de 2019 (73,2 %) después de que su partido obtuviese la mayoría absoluta parlamentaria. Cuatro años después, media Ucrania está arrasada, pese a haber prometido durante la campaña electoral que pondría fin a la guerra del Dombass. Zelenski, de origen judío, llegó al poder apoyado por la oligarquía nacionalista ucraniana y después de protagonizar una exitosa serie de televisión en la que interpretaba a un profesor de historia que alcanzaba la presidencia del país. Es más, utilizó el título de la serie como nombre para su partido: Servidor del Pueblo.

El economista ultraliberal Milei alcanzó la presidencia de su país con el mayor número de votos y el mayor porcentaje obtenidos por un presidente desde el retorno a la democracia, ganando en 20 de las 23 provincias argentinas. Su carrera ha sido meteórica, porque llegó al Parlamento por primera vez en 2021, el mismo año que creó la coalición que dirige, denominada La Libertad Avanza. Antes, se había convertido en una figura mediática a través de sus polémicas y múltiples apariciones en los platós de televisión, donde llamó la atención por su histrionismo y su violencia verbal. Ha prometido transformar el país a golpe de recortes de gasto público y privatizaciones, avanzando al pueblo argentino quele esperan dos años de duro sufrimiento económico.

Todo el planeta ha podido ver a Milei ondeando públicamente la bandera israelí durante la campaña electoral, coincidiendo en el tiempo con el genocidio israelí en Gaza. El loco de la motosierra está convirtiéndose actualmente al judaísmo, de manera que asiste a la sinagoga, estudia diariamente la Torá y tiene como “guía espiritual” a Shimon Axel Wahnish, rabino ortodoxo que se convertirá en el nuevo embajador del país austral en Israel. De hecho, Milei siempre ha asegurado que mudaría la embajada argentina de Tel Aviv a Jerusalén. Asimismo, quien calificó al papa argentino Jorge Mario Bergoglio de “representante del maligno en la tierra”, visitó en Estados Unidos la tumba del rabino Menájem Mendel Schneerson dos semanas antes de la ceremonia de investidura. Schneerson, líder del ultraortodoxo movimiento Lubavitch, nació en Ucrania y falleció en Nueva York en 1994. Incondicional del Estado de Israel, era el gran opositor a la cesión de los territorios ocupados por parte del Estado hebreo y sus fieles, de extrema derecha, se pusieron de luto contra los acuerdos de Oslo, en 1993.

Algunos integrantes del núcleo duro de Milei han comentado que también pretende organizar una «cumbre de paz» latinoamericana en Argentina para contribuir al fin de la guerra en Ucrania. Pero lo más coincidente entre Zelenski y Milei es su papel de fantoches del imperialismo y de su brazo financiero, el FMI. Son los típicos elementos que alcanzan gran popularidad mediática, cumplen a rajatabla las órdenes neoliberales que les trasladan y terminan con un sonoro batacazo político. Aunque los peores hostiazos siempre los lleva la clase trabajadora de sus respectivos países.

  • Y digo yo… ¿aquí no haría falta una Revolución?
  • Y luego, ¿por qué me lo preguntas?
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