Entender América Latina hoy

Seguir dando la batalla de las ideas

A veces la gente vota contra la gente. Milei llega al poder recortando 20.000 millones en el sector público y anunciando el empeoramiento de la situación en el país en el corto plazo

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Javier Milei, desde el balcón de la Casa Rosada, tras su toma de posesión de la presidencia argentina | twitter.com/CasaRosada
Javier Milei, desde el balcón de la Casa Rosada, tras su toma de posesión de la presidencia argentina | twitter.com/CasaRosada

Como señala el profesor Atilio Borón, la soberanía popular es esencial en cualquier democracia y ahora se ve cuestionada o enfrentándose a serios problemas en algunos países del continente, una cuestión que podría afectar a toda la región.

Hasta ahora el triunfo revolucionario en América Latina se había alcanzado mediante un resuelto combate librado en el terreno de las ideas, que era lo que había asentado y fortalecido todos los procesos emancipadores del continente latinoamericano porque como afirmaba José Martí: “de pensamiento es la guerra que se nos libra, ganémosla a fuerza de pensamiento.” A día de hoy esto pareciera tambalearse con victorias como las de Milei en Argentina porque, ¿cómo seguir librando la batalla de las ideas ante el triunfo de la catástrofe?

El neoliberalismo que ha fracasado económicamente, empobreciendo a los pueblos, haciendo las sociedades más desiguales y empoderando a los monopolios, sigue siendo predominante en muchas ocasiones fruto de una victoria ideológica conquistada tras largos años de trabajo de toda su industria cultural y su formidable maquinaria propagandística. Gracias al triunfo de los gobiernos progresistas en la región (Cuba, Venezuela, Brasil, Bolivia, el Ecuador de Correa…) se ha avanzado en una disminución de la pobreza y de la exclusión social sin precedentes; la educación pública ha ampliado sus alcances y millones de jóvenes latinoamericanos ingresaron a la universidad, siendo gran parte de ellos la primera generación de estudiantes de nivel superior en sus familias; en muchos casos el mercado de trabajo experimentó un significativo proceso de formalización, haciendo de la ampliación del empleo un efectivo mecanismo de inclusión y estabilidad; los derechos humanos ampliaron su horizonte, afirmándose en nuevos campos: la diversidad étnica, cultural y sexual, la plurinacionalidad, los bienes comunes, el desarrollo sostenible, el acceso a la información y el conocimiento, la salud reproductiva, la paz, el buen vivir y tantos otros pese al constante y continuo acoso del imperialismo a través de sanciones, bloqueos, lawfare o golpes de Estado como el de Honduras contra el presidente Zelaya o el de Bolivia contra el presidente Evo Morales.

A pesar de esto, resultados electorales como el de Ecuador el pasado agosto o más recientemente el de Argentina, dan cuenta que hay una parte de la sociedad que elige gobiernos que claramente se contraponen a los derechos que afirman su reconocimiento como sujetos ciudadanos; la gente, cuando vota, parece estar votando contra la gente. Es imprescindible que en la actual coyuntura, todo proyecto de defensa y afirmación de la democracia debe asumir el desafío de pensar qué ha ocurrido y qué factores podrán orientar la reproducción de regímenes cada vez más excluyentes y discriminadores, o la emergencia de procesos de resistencia y lucha popular que permitan revertir triunfos de la derecha o la extrema derecha en la región.

El pasado 10 de diciembre el ultraderechista Javier Milei tomó posesión como presidente en Argentina y en su primer discurso a la nación agitó el fantasma del pánico económico y advirtió que llevaría a cabo un recorte de 20.000 millones en el sector público, así como un empeoramiento de la situación en el país en el corto plazo. Por supuesto, Milei no ha dudado en responsabilizar de todos los males que asolan al país al anterior gobierno de Alberto Fernández, obviando, evidentemente, la situación económica que sufre Argentina fruto de las políticas neoliberales de Macri, a las que han debido hacer frente Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner. Esto podríamos catalogarlo como una crisis provocada, inducida, que ha servido para que las grandes corporaciones hagan negocios a costa de medianas y pequeñas empresas.

Estas crisis inducidas y provocadas llegan incluso a los que saca a países fuera de los mercados nacionales e internacionales, o a los que entre deudas, presiones y colusiones someten, suplantan o integran a sus propias compañías privadas. Las crisis inducidas se enfocan también contra los servicios públicos, que los grandes capitales quieren privatizar a toda prisa, o en incesantes acometidas, como ocurre con las universidades, los hospitales, las pensiones… y con la educación que buscan desmoronar para transformarla en negocio de unos cuantos.

Por ello es imprescindible entender el pasado y el presente de América Latina y el Caribe para saber hacia dónde caminar fortaleciendo las alternativas revolucionarias y progresistas que superen el modelo de exclusión que amplía y multiplica la injusticia social en la región más desigual del planeta. En definitiva, sí, es imprescindible seguir dando la batalla de las ideas y como dijo Fidel: “El camino siempre será difícil y requerirá del esfuerzo inteligente de todos. Desconfío de las sendas aparentemente fáciles de la apologética, o la autoflagelación como antítesis. Prepararse siempre  para la peor de las variantes. Ser tan prudentes en el éxito como firmes en la adversidad es un principio que no puede olvidarse. El adversario a derrotar es sumamente fuerte, pero lo hemos mantenido a raya durante medio siglo”. Y, pese a todo, lo seguiremos manteniendo a raya hasta la victoria, SIEMPRE.